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Andanzas eusebianas
Columna semanal
Eusebio Ruvalcaba

Reinicio la lectura de un libro fuera de serie: Invitación a la filosofía (Paidós) de  André Comte-Sponville, magnífico por su hondura y sencillez. El índice es éste: “La moral”, “La política”, “El amor”, “La muerte”, “El conocimiento”, “La libertad”, “Dios”, “El ateísmo”, “El arte”, “El tiempo”, “El hombre” y “La sabiduría”. Casi parece un libro verbal; me refiero a que está escrito con tal naturalidad y gozo, que de pronto escuchamos la voz del filósofo atrás de las frases; como si nos llevara de la mano, como si él mismo se encargara de facilitar la lectura. Y eso para no hablar de su portentosa frescura —algo imposible de conseguir; se nace con eso—, que torna nuestro lo insondable. El primer capítulo lo leo una vez tras otra; me da la impresión de estar escuchando un viejo sabio. Dice: “Obrar moralmente es tomar en consideración los intereses del otro, ciertamente, pero (...) sin recompensa ni castigo posibles y sin necesitar para ello más mirada que la propia.” “Tú eres, aquí y ahora, lo que tú haces. Es inútil, moralmente, soñar ser otro. Se puede esperar la riqueza, la salud, la belleza, la felicidad... es absurdo esperar la virtud. Ser un canalla o un hombre de bien, eres tú quien ha de elegirlo, sólo tú: tú vales exactamente lo que tú quieres.” “¿Qué es la moral? Es el conjunto formado por lo que un individuo se impone o se prohíbe a sí mismo, pero no fundamentalmente para aumentar su felicidad o su bienestar, lo que no sería más que egoísmo, sino para tomar en consideración los intereses o los derechos del otro, para no ser un canalla, para permanecer fiel a determinada idea de la humanidad, y de uno mismo.” “«¿Qué debo hacer?», y no: «¿Qué deben hacer los demás?». Esto es lo que distingue a la moral del moralismo.” “La moral sólo es legítima en primera persona. Decir a alguien: «Debes ser generoso» no es hacer gala de generosidad. Decirle: «Debes ser valiente» no es hacer gala de valor. La moral sólo vale para uno mismo; los deberes sólo valen para uno mismo. Para los demás, la misericordia y el derecho bastan.” “Moralmente, sólo podemos ser juzgados por Dios, si existe, o por nosotros mismos, y eso basta. ¿Has sido egoísta? ¿Has sido ruin? ¿Te has aprovechado de la debilidad de otro, de su indefensión, de su ingenuidad? ¿Has mentido, robado, violado? Lo sabes perfectamente, y este tu saber de ti mismo es lo que llamamos conciencia”. Hasta aquí los entrecomillados. Sin duda, creo que un libro como éste habría de ser de cabecera, cuando menos de médicos, sacerdotes, guerrilleros y funcionarios.

Aún llevo en los oídos el violín de Erasmo Capilla. Lo escuché la semana pasada, pero deliberadamente quise dejar pasar unos días para que la impresión se asentara. El programa fue el siguiente: Sonata en sol menor de Claude Debussy, Sonata No. 1 en fa, op. 80 de Sergei Prokofiev y Sonata en la de César Franck. Un programa de gran altura. A la vuelta de los días, cada vez más la sonata de Debussy se define, para mí, como lo mejor de aquella noche. A mi modo de ver, en lo que compete al trabajo de conjunto e interpretación —por su impulso dramático, por la meticulosidad de los detalles violinísticos, por su elocuente fraseo—, prevaleció el espíritu de la música debussyniana por encima de cualquier otro ingrediente. Coincido con el laudero Ernesto Ramírez cuando afirma que Erasmo Capilla está en su mejor momento. Pese a tocar con un pésimo arco, Capilla —actualmente radicado en Europa, de familia de músicos; sus hermanos son violinistas y fue su padre quien le enseñó el violín— supo extraer de su instrumento —un Andrea Guarnerius de 1653— una suerte de fascinación musical. Sin duda se trata de un espléndido ejecutante, que no solamente comprende en su más amplio y rico sentido el alma y estructura de la música que interpreta, sino que se hace uno con el arte del sonido. Las notas parecen emanar desde la punta de sus pies hasta el violín mismo. Un gran virtuoso —veracruzano, por cierto— que somete todo su ser a las exigencias de la música.

eusebius1951@cablevision.net.mx