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| Andanzas eusebianas |
| Columna semanal |
| Eusebio Ruvalcaba |
 No más rata. El honorable bicho ya podrido que visitaba todas las mañanas, no está más. Finalmente alguien barrió allí. Aunque en mi imaginación aún veo primero las moscas volando en torno del roedor, después los gusanos entrando y saliendo de su vientre. E insisto en compararme con él. Cuando menos tenía más sentido común que yo. Seguramente no le gustaba andarse metiendo en líos, menos enamorarse, no hacerse estúpidas ilusiones respecto de nada. Carecería de amor propio, y desde luego de expectativas, con lo cual se ahorró malentendidos y sinsabores. Menos tendría que quedar bien con nadie. Esa rata habrá vivido para ella y sólo para ella, en una jungla en la que no es posible bajar la guardia; porque entonces se muere. ¿Cuántas cosas no habrán visto sus ojillos, escuchado sus oídos, olido su caprichosa nariz? Y de todo ese mundo que entró por sus sentidos, sólo se quedó con lo que verdaderamente le resultaba útil para sobrevivir. Lo demás es basura.
Ismael Guardado es uno de los nombres fundamentales en la plástica contemporánea de Zacatecas. Y conste que hablar de Zacatecas en este sentido es hablar de un volcán activo. Tengo muy presente la exposición intitulada Lo sereno y lo insólito de este maestro que tuve la fortuna de ver en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez (en la foto). Mientras que Teresa del Conde opina de él que “(...) es uno de los artistas maduros que a tiempo que respeta y venera la tradición, no prescinde ni de la búsqueda ni de la experimentación”, y Jorge Alberto Manrique dice que “[Guardado] tiene una vocación particular de ensayo, como una mística del experimento, tanto así que su búsqueda constituye la obra misma. Esta es precisamente su esencia”, Carlos Monsiváis señala: “Soy otro más de los espectadores de estos paisajes ensombrecidos y reconstituidos que Ismael Guardado despliega para recordarse a sí mismo, y recordarnos que en el principio del placer también interviene, y con vigor supremo, la evocación”. En efecto, cuando abandoné la expo quedé convencido que Guardado representa la voz autónoma de un artista incomplaciente, consagrado a lo suyo, que no se da por vencido y al que le costó esfuerzo y trabajo autocrítico adquirir su propia voz. Nacido en Ojocaliente, Zacatecas, Ismael Guardado es un pintor que abre caminos. Dice: “La pintura es la acción activa de un meditar, es un oficio que encadena mágicamente a otras expresiones artísticas, sólo que la pintura me permite llegar con serenidad a lo insólito”.
Inicio la factura a puño y letra de un poema sin fin: El poema de la esperanza. Se trata de algo muy simple: al momento de mi muerte habré de heredárselo a otro autor, que lo continuará hasta que muera, y que a su vez se lo dará a otro y a otro y así sucesivamente. La única condición, al momento de aceptar proseguirlo, es que jamás se publique.
Es terriblemente desleal la convivencia (no competencia) del violín y el piano. Me refiero a su estudio cuando se parte de cero. De alguna manera en el piano, desde que el alumno pone las manos sobre el teclado, bien podría decirse que ya lleva camino andado. Todo es natural, todo es lógico: la posición de las manos, la intensidad que se aplica en el touché, la fuerza de los brazos al caer o desplazarse hacia los lados. En cambio en el violín todo es antinatural: la posición de la mano izquierda, la postura del violín, la afinación; todo lo cual, sumado, resulta cansado y monótono; al punto de que si el pianista “siente” que está haciendo música desde las primeras jornadas, en cambio en el caso de un violinista habrá de esperar y esperar, pues apenas a la vuelta de seis meses advertirá fluir de su instrumento la música.
Releo una antología de literatura oaxaqueña, que alguna vez y gentilmente me hizo llegar el poeta César Rito Salinas. Su título es Letranautas. Escenarios de la literatura en Oaxaca. Está publicada por Cobao y la Fundación Cobao A. C. (¿qué diablos querrán decir esas siglas?, en ninguna parte del libro se especifica) y su editor es Ulises Torrentera, mezcalier. En fin, se trata de una antología representativa, que comprende lo mismo poesía que narrativa, y que registra en sus páginas tanto voces reconocidas como insólitas. Sujeta a ciertas limitaciones —como todas las antologías— sin embargo es bastante fidedigna. La abro al azar —¿de verdad existe el azar?— y leo “Advertencia”, poema de Jorge Fuentes Chávez (El Espinal, Oax. 1964-): “Cuidado estúpido romántico,/ lo que sostienes en tus manos/ es el cadáver de una rosa”.
eusebius1951@cablevision.net.mx
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