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Andanzas eusebianas
Columna semanal
Eusebio Ruvalcaba
Leo en una pared del barrio el grafitti que yo mismo pinté anoche, como al filo de las once: “El 5 de mayo no se olvida”. Se ve increíble. Me convenzo a mí mismo de mi sorpresa. Y hago todo el teatro en consecuencia. Llego a casa y les digo a mis hijos que me acompañen a ver lo que amaneció escrito. Que es extraordinario. Caminamos un par de cuadras. Leen conmigo aquella sentencia. Qué bueno que aún hay patriotas, les digo. Les hablo de que en realidad la frase fue acuñada a propósito del 68, pero aprovecho para contarles —una vez más, la han oído mil veces—, la historia de Zaragoza, de la batalla de Puebla, de los zacapoaxtlas, tal como me la contó mi abuelo. Tal vez su corazón se exalte por este país. Por la noche, mi hija me dice: “¿Tú escribiste eso en la calle, verdad? Reconocí tu letra”.

El poeta Sergio Vicario me hace llegar su más reciente poemario, inédito aún, de nombre Crepúsculo inmediato. Dice en uno de sus poemas: “Sobre la cubierta de un portaaviones,/ se distingue a un hombre que fuma./ Fuma, y el humo del cigarrillo escapa de su cuerpo entumecido/ por ese viento frío que entristece al pensamiento y al mar./ Fuma, y el corolario de sus recuerdos es la nostalgia/ que resiente mientras ve partir en vuelo un F15 de combate,/ y anhela y se pregunta: ¿Qué intensa pasión provoca/ el exterminio de otros allá, por esa lejana tierra?/ ¿Cuánta gloria les espera a los héroes de guerra?/ Desearía entonces no ser un simple asistente de cubierta;/ un ser apenas visible en lo inmenso del navío,/ o un engrane común de una maquinaria que no piensa y,/ se comprende,/ sólo le ofrece un sentido vago a su existencia,/ a su sueño de nobleza”. Y en otro poema precisa: “Ayer fueron los bárbaros y los negros,/ también los amarillos, los indios, los ingleses/ y aquellos rojos comunistas del diablo./ Otro día fueron los isleños, luego los latinos y el Vietcong./ Sin duda los nazis y los nipones y los bellacos/ tercermundistas, los globalifóbicos,/ y los adictos a la flor. Más tarde los marcianos/ invasores de la imaginación./ Luego aparecieron en Somalia, Camboya,/ Afganistán, Irak e Irán,/ también en Nicaragua y Panamá./ Mañana serán otros y estarán aquí”. Éste es, pues, el tono del libro. Desde luego poemas surgidos a raíz de la guerra emprendida por esa mezcla extraña de John Wayne y Doris Day que se llama Bush. Juicios aparte, de suyo es doblemente difícil emprender la confección de poemas relacionados con temas sociales tan acuciantes y que a todos nos competen. Corren el riesgo de convertirse en expresiones previsibles y evidentes. Sergio Vicario, hombre siempre comprometido con su realidad y su entorno, le aplica una manita de puerco a su poesía para extraerle unas cuantas gotas de verdad indiscutible.