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Come, dispara y quién sabe qué…
Columna La letra con sangre
Sandro Cohen
http://www.unasletras.com/v2/../data/265.EatsShootsLeaves.jpg

Hacía tiempo que no me divertía tanto con un libro. No se trata de un volumen de chistes —aunque incluye bastantes— ni es una novela cómica sino un libro sobre… el uso correcto de la puntuación, incluyendo el apóstrofo. Se titula Eats, Shoots & Leaves. The Zero Tolerance Approach to Punctuation, de la británica Lynn Truss. La segunda parte del título es fácil de traducir, “Cero tolerancia para la mala puntuación”, pero la primera es un juego de palabras que depende de la coma mal puesta después de “Eats”. Vale la pena aclararlo, aun para los que entienden muy poco del inglés.

E
l sentido recto de la oración que da lugar al título es “Come ramitas y hojas”. Se refiere a un panda, también llamado “oso panda”. (Estos animales distan mucho de ser osos, pero eso ya es otra historia). El problema surgió cuando algún redactor inexperto metió una coma entre “Eats” y “Shoots”, lo cual cambió completamente el sentido de las palabras “Shoots” y “Leaves”. Con la coma después de “Eats”, el sentido de la oración es “Come, dispara y se va”. De ahí la imagen de la portada: un panda subido en una escalera, tratando de borrar, con pintura, la coma después de “Eats”. Veamos:

S
in la coma, “Shoots” es un complemento directo, las ramas que el panda engulle en abundancia. También come hojas: el panda come objeto a (ramitas) y objeto b (hojas). Es una serie de dos complementos directos tras un solo verbo. Con la coma, sin embargo, se trata de una serie de tres verbos: “Come, dispara y se va”. Esto, para un estudioso de la gramática y la puntuación, es absolutamente hilarante.

Lynn Truss no se dedica a la gramática. Es una escritora preocupada por la claridad del idioma escrito y se siente completamente abrumada por la casi absoluta ignorancia de la mayoría de las personas cuando se trata de puntuar lo que escriben. Insiste ella en algo sólo calificable como sensato: no hay que aprender a puntuar bien porque es importante sufrir mientras se memorizan reglas sino porque la puntuación es una cortesía que le permite al lector comprender, sin dificultades, el sentido recto de un escrito. Y lo hace con un humor sensacional.

El libro se refiere, por supuesto, al mundo de habla inglesa, pero el 80 por ciento se aplica al español. (El capítulo sobre el apóstrofo, ciertamente, casi no nos afecta, y las marcas menores difieren también). Lo apasionante es ver con qué pasión esta señora acomete un problema que la vasta mayoría de los seres humanos no sólo no ve como problema sino que simplemente no ve. Y más: pone todo en contexto. La puntuación no nació ayer, pero tampoco nació con el idioma escrito. Truss explica cuándo, por qué y dónde surgieron estas pequeñas marcas que, al principio, indicaban pausas, pero que poco a poco fueron convirtiéndose en señas gramaticales y sintácticas. Y más valioso aún: explica de qué manera ha evolucionado la puntuación y por qué dos personas perfectamente razonables pueden llegar casi a los golpes por disentir acerca del uso —o no uso— de una coma. El libro es precioso y renueva mi fe en la humanidad, o por lo menos en esa parte de la humanidad que se preocupa por el lenguaje escrito.