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Conclusión: un nuevo choque creador
Columna La letra con sangre
Sandro Cohen (Foto 1: Omar Said Charruf, Foto 2: unasletras)
http://www.unasletras.com/v2/../data/397.foto.JPG

Durante varias semanas he discutido en esta columna la importancia de la educación artística —sobre todo de la lectura como principal vía de acceso a cualquier conocimiento— y de la divulgación del arte y la cultura en general. Sugerí que las autoridades hacendarias hallaran la manera de que fuera mucho menos complicado que los individuos y las empresas pudieran hacer donativos, deducibles de impuestos, en favor de estos renglones tan golpeados pero fundamentales para el desarrollo sano de la nación. Así podrían captarse más fondos para estos rubros sin que se disminuyera lo recabado para las demás áreas, que también son importantes. Asimismo, podríamos fomentar de esta manera una cultura de patrocinio que reflejaría a los donantes en una luz sumamente positiva. En vista de la insuficiencia de los apoyos actuales, la participación del sector privado como benefactores de la educación artística de la infancia mexicana —y de la promoción y divulgación de las artes— establecería una relación virtuosa en todos los sentidos.

Sea que las personas y empresas pudieran donar directamente a organizaciones públicas y privadas, oficialmente reconocidas como empresas o instituciones culturales; o sea que uno, a la hora de pagar sus impuestos, pueda indicar que desea donar el cinco por ciento de lo que desembolsa para uno u otro de los rubros mencionados, no es nada descabellado llevar a cabo una medida en este sentido, habiendo buena voluntad de parte de Hacienda, por supuesto.

La belleza de esto radica en que uno podría elegir qué proyectos o programas apoyar. Tal vez cierta sociedad anónima desee apuntalar la Compañía Nacional de Danza. Podría hacer una contribución directa, deducible de impuestos, o instruir a Hacienda que parte de sus impuestos se canalice hacia esa institución. O quizá piense que es aún más urgente apoyar a la educación artística en el nivel básico o medio, o para programas diseñados para enseñar a los maestros cómo deben enseñar a leer a sus alumnos, como una actividad creativa, gozosa, fértil…

Los donativos no tendrían por qué destinarse exclusivamente a la SEP, al FONCA o a CONACULTA. Uno también tendría la prerrogativa de apoyar una empresa cultural independiente cuyo objetivo fuera la educación, o la promoción y divulgación del arte. Esto conduciría a una menor concentración de fondos en las áreas cupulares de la cultura en México, al mismo tiempo que podría abrir nuevas avenidas de contacto entre los creadores, los promotores, los estudiantes y público en general.

Algunos podrían objetar que ciertas áreas se verían más favorecidas que otras, pero lo que ahora recibe apoyo oficial, no dejaría de recibirlo, y —por otro lado— existe la posibilidad de que los apoyos crezcan con las medidas que aquí se sugieren. También instaría a que las instituciones mismas dejen su torre de marfil, que salgan a “la realidad” a buscar apoyos y que cabildeen en favor de su propia causa. Este choque entre el arte y el universo duro de las finanzas podría, en sí mismo, ser tierra fértil para la creación.