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Demagogos populistas y mesiánicos
Columna La letra con sangre
Sandro Cohen
http://www.unasletras.com/v2/../data/248.mitin.JPG

Las palabras pueden ser resbaladizas o pegajosas: depende de cómo las utilicemos. Tres vocablos que recientemente se han aventado de un lado al otro del escenario político son demagógico, populista y mesiánico, casi siempre desde el lado del PRI y del PAN, hacia el del PRD. Es decir, son adjetivos que priístas y panistas quieren volver pegajosos y que se le adhieran a Andrés Manuel López Obrador. Como estrategia política puede ser acertada porque la humanidad ha padecido a muchos demagogos, el populista se especializa en dar atole con el dedo a quien tiene hambre, y el mesianismo —en general— es una plaga.

La demagogia tiene que ver con la mentira. Se entiende que el demagogo hace declaraciones sólo para ganar el favor del pueblo; no cree, en realidad, en lo que afirma; sabe que no es cierto. El demagogo es cínico por definición. Halaga a la ciudadanía para que ésta le conceda su favor.

El vocablo mesianismo proviene de la voz mesías, del hebreo mashíaj: ungido. A los reyes se los ungía, originalmente como señal del favor divino que recibían. Así hizo el profeta Samuel, por ejemplo, primero con Saúl y después con David. Jesús, entre sus seguidores, recibió el trato de Mesías, ungido por Dios. Se suponía que el hijo de María era el rey que los judíos esperaban, la figura que los liberaría de todos sus males políticos, económicos y sociales. Quienes se harían llamar cristianos así lo asumieron, mientras que los judíos siguieron —y siguen— creyendo que el Mesías está por venir. Hacerse pasar por Mesías, siendo un falso mesías, se considera grave, y desde la aparición de Jesús, a nadie se le ha concedido ese rango más que de manera efímera.

Curiosamente, estos dos vocablos se contradicen entre sí. El verdadero mesiánico es firme creyente en su designación divina, mientras que el demagogo sabe que miente. Para decirlo de otro modo: se entiende que el demagogo es un falso mesías. ¿El Peje se cree el Mesías? Lo dudo. ¿No cree en su programa de gobierno? ¿Sólo busca halagar al pueblo para que vote por él? ¿O será que sus convicciones son tan fuertes, que parece poseído por una verdad sublime, aunque no lo sea? Buena pregunta…

Hasta cierto punto, esto es lo que hacen todos los políticos: dicen lo que piensan que tendrá buena acogida entre los electores. El quid del asunto, entonces, estriba en la posible mentira. Nadie acusó a Salinas ni a Fox, en su momento, de demagogos ni populistas ni mesiánicos, pero hicieron muchos asertos que resultaron, a todas luces, falsos. Por alguna razón, pocos chistan cuando se miente para favorecer a los ricos y poderosos. Pero cuando un político afirma que no es su deseo favorecer automáticamente a los ricos y poderosos sino estimular el crecimiento de la economía desde abajo, con la colaboración de inversionistas e industriales honestos, eso  resulta populista y enciende todos los focos rojos de quienes dan por sentado que ellos son los ungidos, los mesías putativos del pueblo mexicano. Sienten pasos en la azotea y reviran la palabreja, con la esperanza de que al Peje se le pegue.