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Estado y cultura: ¿hasta dónde?
Columna La letra con sangre
Sandro Cohen (Fotos: unasletras)
http://www.unasletras.com/v2/../data/376.fotu.JPG

El papel de la cultura —entiéndase aquí las bellas artes— en la agenda pública siempre ha sido un tema polémico. Estamos hablando de qué tanto el Estado debe apoyar y divulgar las diversas expresiones artísticas de los creadores mexicanos, y de los extranjeros de excelencia que vienen a México a presentarse. Sería fácil exigir presupuestos cada vez mayores porque sí, o porque “la cultura es importante”. Esto puede ser discutido a fondo y de mil maneras, pero creo que la mayoría de las personas pensantes comprenden la relevancia que tienen el arte y la creatividad en general para la formación de la identidad tanto propia como nacional. Son las artes las que exploran y reflejan nuestro ser más profundo: revelan a nosotros mismos como quienes somos realmente.

Pero antes de exigir presupuestos cada vez mayores —que podrían ser bien o mal administrados—, debemos entender que los presupuestos públicos funcionan como un juego de “suman cero”: lo que se agrega a un rubro, se quita de otro. La alternativa es pedir prestado, y —francamente— no veo al Estado mexicano pidiendo prestado para montar una ópera o dar becas a pintores jóvenes, por ejemplo. Ni creo que sea buena política.

México ocupa un lugar singular entre los países de habla española de América, porque a diferencia de lo que sucede al sur de Chiapas, aquí el Estado sí desempeña un papel preponderante en el fomento y divulgación de la cultura mediante becas, proyectos de coinversión, un sistema de teatros, escuelas, etcétera. Creadores de otros países ven con envidia nuestro Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y nuestro Fondo para la Cultura y las Artes (FONCA). Hay gente, claro, que argumenta que no es bueno que el Estado apoye tanto a los artistas, porque así se vuelven blandos, poco creativos o criaturas del Estado. Pero esto pertenece a otra discusión.

Aceptando que el papel del Estado como fomentador y divulgador sí es positivo, la cuestión presupuestal se vuelve crítica: ¿a quiénes apoyar, cómo y con cuánto dinero? Ya existen estructuras —criticadas por algunos, elogiadas por otros— para resolver la cuestión del cómo de la distribución. Más allá de esto, el problema está en las cantidades, que las presiones económicas del país tienden a reducir cada vez más, entre inflación y recortes.

Como existe una gran diferencia entre México y América del Sur, también existe una gran diferencia entre México y el resto del mundo occidental, entendido éste como Estados Unidos y Europa. Salvo España, que ofrece muchísimos apoyos a la cultura desde los municipios o regiones, en casi todos los demás países la iniciativa privada ocupa un espacio importantísimo en el apoyo a los artistas y la divulgación de la cultura. Y es así porque existen estructuras fiscales que lo favorecen; también hay una tradición de patrocinio a las artes. Las dos cosas van de la mano.

La próxima semana veremos diversas maneras en que la iniciativa privada puede aumentar su participación en el fomento del arte y la creatividad de todos los mexicanos.


sandrocohen@prodigy.net.mx