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Impuestos creativos
Columna La letra con sangre
Sandro Cohen (Fotos: unasletras)
http://www.unasletras.com/v2/../data/392.fot.JPG

Tanto el Estado como el empresariado necesitan meditar creativamente en cómo pueden hacer que México avance no sólo económica y políticamente, sino también intelectual y espiritualmente. Las bellas artes —lejos de ser un simple adorno para que las clases acomodadas se solacen y se sueñen parisinas, neoyorquinas o londinenses—, sirven para despertar y estimular la esencia de cada individuo, porque no hay nada como el arte para llegar a tocar la conciencia de los seres humanos.

Quienes han aprendido a relacionarse con obras de arte poseen conciencia de quiénes son en relación con el mundo, con su cultura, con otras culturas y otras épocas. El arte es fundamental para el desarrollo del ser en todos los sentidos, no importa si uno será obrero, matemático, médico o contador público.

Viendo las aportaciones presupuestales del gobierno a los rubros de educación y promoción cultural en todos sus aspectos, es evidente que no bastan: las deficiencias no sólo saltan a la vista sino que también son ancestrales. A pesar de los grandes avances del siglo XX, seguimos en un grave atraso porque no estamos formando a ciudadanos creativos, analíticos y críticos sino a mano de obra, en el mejor de los casos. Pero el ser humano rebasa su calidad de engrane en la maquinaria económica.

En México no existe una gran tradición filantrópica, pero se puede cultivar desde ahora. Casi todas las grandes empresas dedican cantidades millonarias a promoción en radio, televisión, espectaculares, etcétera. Pero no es la única manera. En otros países es más o menos fácil apoyar cualquier cantidad de programas o instituciones educativos y artísticos de modo que estos recursos sean deducibles de impuestos, y que el donante sea reconocido públicamente. Así, puede que en términos absolutos se disminuya un poco la recaudación, pero es posible que aumente sensiblemente la cantidad de dinero invertido en educación, por un lado, y divulgación y promoción artísticas, por otro. Y éstos siempre son los primeros rubros en sufrir cuando hay recortes.

Claro que en México esto ya existe, por lo menos en teoría, pero Hacienda —para evitar millonarios fraudes al fisco— ha encontrado la manera de que resulte casi imposible que los donativos de esta especie sean deducibles de impuestos. Por esto, hay que repensar el tema a fondo para el dinero pueda fluir hacia las artes y la educación sin que esto implique fraude.

Hay dos modelos que podremos explorar 1: que cualquier individuo o empresa pueda informar a Hacienda que desea destinar, de manera especial, hasta el cinco por ciento de sus impuestos a la educación pública (SEP) o al rubro de las artes (CONACULTA y FONCA), más allá de los porcentajes prescritos por el Congreso, especificando su destino según una lista aprobada y publicada. 2: Que puedan realizarse donativos, de manera fácil y transparente —deducibles de impuestos—, a estos mismos rubros. En ambos casos, los donantes deben poder anunciarlo y que el público lo sepa. La próxima semana veremos cómo podrían implementarse estas modalidades.