 Las ciudades, todas, tienen una escala que no necesariamente corresponde a la extensión de las mismas, sino al volumen (altura y ancho) que en promedio alcanzan la suma de sus edificios. Así, sencillamente, se puede decir que una ciudad pequeña como Umán, hoy en conurbación con Mérida, tiene la escala de un piso o un nivel.
Así mismo, en una ciudad grande y cuantiosa, como Mérida o la Ciudad de México, es posible reconocer diversas subescalas. Por ejemplo, la escala de los fraccionamientos de clase media baja aquí en Mérida es de un nivel comparado con los tres o cuatro que presenta a menudo sus símiles en el D.F.
En el campo comercial, la escala de la avenida Prolongación Montejo es pequeña comparada con la avenida Insurgentes, en el D.F., pero a su vez es mayor a la de la avenida Juárez de Oaxaca. Pero, por otro lado, la escala del complejo residencial La Ceiba es semejante a varios que hay en la Ciudad de México.
Pero ante estas odiosas comparaciones, cabría preguntarse cuál es pues la escala de Mérida. Antes de dar la respuesta es necesario aclarar una cosa, la escala de una ciudad es dada por la cantidad de dinero en ella invertido. Por tanto, la ciudad de Mérida tiene la escala típica de una ciudad de provincia: achaparrada. A cambio, tenemos un paisaje urbano salpicado de jardines y árboles aún en el centro histórico.
A nivel mundial, Los Ángeles y Nueva York representan los dos ideales más buscados de la escala urbana contemporánea, siempre y cuando haya dinero para alcanzarlo. Los Ángeles es el ideal de ciudad verde y extendida gracias al uso del automóvil, con un distrito de negocios claramente diferenciado en donde se hallan las mayores alturas.
En cambio, Nueva York es la ciudad con carga histórica que se reconoce con limitaciones territoriales y que ha descubierto en los edificios altos la manera no sólo de aprovechar al máximo el suelo sino también en la forma más idónea para expresar la grandeza y riqueza de la ciudad y sus ciudadanos.
Como se puede ver, la escala de las ciudades es la mejor herramienta para entenderlas. De hecho, puede el territorio de una ciudad acabarse y verse rodeado por montañas o ríos, pero la escala puede seguir creciendo a pesar de ello. Como ejemplo, además de Nueva York, ahí tenemos Honk Kong y Singapur. En síntesis, la geografía no determina la escala de una ciudad sino el dinero en ella producido o invertido.
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