 Los hombres se quejan de las mujeres y las mujeres se quejan de los hombres. Y entre lamentación y refunfuño, intentan convivir y hasta, en ocasiones, amarse. De ahí, la evolución de la humanidad, hasta la fecha. La periodista neoyorquina Norah Vincent —columnista del Los Angeles Times—, intrigada por la posibilidad de descubrir qué se siente ser hombre entre hombres, emprendió un viaje trasgénero que le abrió los ojos y que, en muchos sentidos, le calló la boca.
Además de periodista, Norah Vincent es lesbiana. Resulta necesario aclarar, sin embargo, que para iniciar este proyecto nunca la motivó el deseo de ser hombre. Siempre había estado a gusto con su ser femenino, y un año y medio después de embarcarse como hombre, volvió a su feminidad, no sin tropiezos, pero feliz de ser mujer.
Su motivación para hacerse pasar como hombre a fin de escribir un largo reportaje en forma de libro, Self-Made Man (Viking, 2006), fue un capricho que satisfizo una noche cuando se vistió de hombre y se dio una vuelta por Greenwich Village. Este barrio de Nueva York no es el lugar más normal, y podría argumentarse que allí pueden verse tantas rarezas, que nadie repararía en una mujer disfrazada de hombre. Pero lo más importante para Vincent no fue el hecho de que no la descubrieran sino el que no la vieran. Como mujer —escribe— había pasado por los mismos lugares miles de veces, y siempre sintió la mirada de los hombres: pesada, penetrante, en ocasiones agresiva. Ésta se había vuelto una presencia que llegó a aceptar como normal, hasta que dejó de percibirla… cuando salió vestida y arreglada como hombre. Sintió alivio, liberación, y empezó a fraguar el proyecto que siete años después se convertiría en libro. Self-Made Man es la bitácora de este viaje de la feminidad a la masculinidad, y de regreso.
En el libro se tocan los temas fundamentales: amistad, sexo, amor, la vida cotidiana, el trabajo y el yo. Para hacerlo, la autora se preparó con cuidado, venció sus temores lo suficiente para lanzarse —aunque nunca los venció del todo— y dio el salto a la vida masculina. El primer territorio que decidió explorar fue el de la amistad, y para esto se hizo miembro de un equipo de boliche, con el cual convivió durante muchos meses. En este lapso comenzaron a caer los lugares comunes de la masculinidad porque empezó a verlos por dentro y de otra manera. En busca del santo grial de la hombría, se dedicó a asistir a antros de table dance, no para agasajarse sino para entender qué hay detrás de los parroquianos y de las mujeres que trabajan allí. Es probablemente el capítulo más débil del libro porque en realidad no descubre nada. Encontró lo que buscaba, pues las estructuras del negocio así lo dictan. Lo que más la inquietó fue una bailarina que afirmó estar a gusto en su trabajo. Nunca descubrió si lo decía de dientes para fuera, o si realmente se había convencido de ser feliz. A las demás las encontró sin vida, sin esperanza, tristes, cumpliendo con la farsa de un erotismo teatral y barato. Mucho más revelador fueron los capítulos sobre el amor, la vida y el trabajo.
Una de las razones por las cuales resulta difícil que un hombre comprenda realmente a una mujer y viceversa, tiene que ver con el hecho comprobado de que los géneros poseen diferentes estrategias sexuales. No se trata de una toma de posición intelectual o política. La mayoría de las veces ni siquiera reflexionamos en el porqué de nuestro comportamiento. Es algo que ha ido evolucionando desde hace millones de años y que, más bien que mal, funciona. Por eso persiste, aunque también persiste la mutua incomprensión.
El valor del libro Self-Made Man de Norah Vincent radica en que su autora dejó de lado la teorización y los fáciles juicios morales del feminismo tradicional, para intentar comprender las motivaciones y acciones masculinas desde la perspectiva masculina: siendo hombre. Integrada a un equipo de boliche, pudo convivir durante meses con sus compinches. Nunca se dieron cuenta de que era mujer; ella, al final, se lo comunicó al que se había convertido en su mejor amigo. Al principio, no se lo creía.
Descubrió que la mayor parte de la agresividad verbal masculina es pura pose, un mecanismo de defensa que protege una interioridad vulnerable y que los hombres difícilmente comprenden y que mucho menos pueden expresar. También constató que los hombres suelen hablar directamente, con la verdad y sin los complejos subterfugios e hipocresías que emplea la mayoría de las mujeres en sus relaciones interpersonales, aunque el género femenino sí suele estar más sintonizado con sus propias emociones. Detectó muchas sutilezas en los gestos, ademanes y demás elementos del lenguaje corporal masculino que revelaron a seres infinitamente más ricos emocionalmente de lo que las mujeres suponen.
Hay dos capítulos que destacan sobremanera en Self-Made Man. Uno está dedicado a las “citas” (dates con mujeres), y el otro a las tres semanas que vivió, como huésped (masculino) dentro de un monasterio. Como mujer, siempre había odiado la manera en que los hombres se le acercaban para entablar una conversación. Como hombre, se dio cuenta de lo dolorosamente penoso que esto suele ser para los hombres. ¡Con qué desdén y con qué arrogancia la trataron! Tuvo que ir afinando estrategias que no chocaran, pero tuvo la ventaja de poseer información privilegiada… Funcionó. Su tarea de salir con mujeres rindió valiosos frutos periodísticos, psicológicos y humanos. Al final, se reveló a tres de ellas, las que llegaron a importarle, y con dos terminó acostándose, ahora sí como mujer. Esto habla elocuentemente de lo frágil que resulta una supuesta orientación sexual rígida, especialmente en las mujeres.
El capítulo dedicado al monasterio no tiene desperdicio. Allí se dio cuenta de lo que sucede cuando se resta la sexualidad, por lo menos abierta, de la ecuación cotidiana. Fue allí donde pudo hallar una masculinidad destilada, a veces torturada y en ocasiones resuelta, con innegables brillos y oscuridades trágicas.
Self-Made Man es un libro que posee el don de la honestidad y que da un paso hacia algo sumamente difícil: comprender los deseos, motivaciones y acciones de quienes pertenecen al otro sexo
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