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Míster Quijote
La letra con sangre
Sandro Cohen

Acabo de leer el fragmento del primer capítulo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, traducido al espánglish por Ilán Stavans, que apareció en Milenio Diario el martes pasado en la página 35. Lejos de parecerme una aberración o un sacrilegio, me provocó una seria reflexión (Dios mío…, todavía ni termina la primera semana de enero) sobre la naturaleza de lo escrito y lo oral en relación con la literatura. Pero antes que diga usted Qué flojera, póngase a pensar: ¿Para qué lee usted literatura, y qué espera encontrar cuando la busca?

L
a palabra escrita versus la palabra en voz alta… No son lo mismo. La literatura empezó como expresión oral, y aún hoy los poemas siguen siendo algo que preferimos decir en voz alta para exprimirles todo su jugo. Pero desde la edad clásica hasta la fecha, la literatura se ha diversificado enormemente, y ahora la prosa es lo que más abunda. A pesar de que una buena novela pueda ser leída en voz alta sin menoscabo de su contenido, no mejora necesariamente, como sí sucede con la poesía bien dicha. Y cuando leemos una transcripción literal de una conversación, las más de las veces resulta incoherente, difícil de comprender. Vaya: se trata de poner por escrito, palabra por palabra, lo que es oral, y no funciona expresivamente, por más expresivos que hayan sido los conversadores.


¿Qué sucede, pues, con el espánglish? ¿Es un idioma, un dialecto? Se trata de una
polémica añeja que no puede resolverse aquí, pero me late que no es ninguno de los dos porque no ha tenido, ni tendrá, tiempo suficiente para convertirse en idioma propio o dialecto de cualquiera de sus dos progenitores. La razón es sencilla: los descendientes de los espánglish-parlantes tienden a hablar cada vez más y mejor inglés. El espánglish lo hablan mayoritariamente los menos favorecidos económica y socialmente; tiene estigmas. El proceso se repite con las nuevas generaciones de inmigrantes recientes, pero la tendencia es la misma. El espánglish, que sí es lenguaje, no ha podido cuajar como idioma —con reglas propias organizadas en una gramática propia—, y a juzgar por la traducción de Stavans, más que dialecto, es mezcla del inglés y el español actuales.


Para decirlo pronto, el espánglish es aún un lenguaje oral, y tal vez lo siga siendo mientras existan las tendencias migratorias actuales. Creo que este Quijote es un ejercicio divertido, leído en voz alta. Por escrito, me cuesta más trabajo que el que merece. Pero, mejor, que digan su opinión los chicanos.