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Monsiváis y el fundamentalismo
Columna La letra con sangre
Sandro Cohen

Carlos Monsiváis nunca ha tenido pelos en la lengua, y debemos agradecérselo. La separación de Estado e Iglesia es un tema importante en el México actual, sobre todo porque hay intereses poderosos que buscan minar el muro que los separa. Si Monsiváis decidió abordar el tema en su discurso de aceptación durante la entrega de los Premios Nacionales de Ciencias y Artes, lo hizo porque lo consideraba urgente. Carlos Abascal fue uno de sus blancos —un blanco fácil, tal vez; hay otros…—, y éste —quien será todo menos tonto— le reviró con la ahora inmortal frase con la cual dijo respetar a “los fundamentalistas que me acusan de fundamentalista”.


Como humorada me pareció dudosa, pero como aserto resulta completamente equivocado. Juan Villoro, uno de nuestros escritores y pensadores más lúcidos, lo dijo claramente y estoy de acuerdo: “Digamos que Carlos Abascal le ladra al árbol equivocado […]” (Milenio Diario, 2 de febrero de 2006, pp.42-43). Monsiváis no es fundamentalista ni nada que se le parezca. Por eso me sorprendió la declaración de Pablo Soler Frost, quien admite que Monsiváis sí puede ser tildado de fundamentalista, “Pero sin la mala prensa que acompaña al término, porque cualquier persona que se abroga [sic, pero no sé si debo referir el sic a los autores de la nota, o a Pablo] el derecho de hablar por la Patria [sic, ahora sí de los autores de la nota] en peligro, necesita volver a cuestiones fundamentales”. Y luego Soler Frost continúa asombrándome: “Un fundamentalista es aquel que busca liberarse de lo superfluo y llegar a lo que para él o ella es esencial” (loc. cit.).

Como habría dicho el filósofo de Guaymas, aquí hay un malentendido que no tendría importancia si no fuera grave. Y lo es porque al confundirse los términos también se confunden las ideas, y si tenemos las ideas confusas, no podemos pensar ni expresarnos claramente. Fundamentalismo nada tiene que ver con lo fundamental o esencial. El fundamentalismo implica una interpretación literal de la Biblia, el Corán o cualquier otro texto sagrado normativo. El problema con el fundamentalismo está en su visión absolutista y unívoca, basada en textos que en realidad están abiertos a múltiples interpretaciones. Además, los fundamentalistas suelen enfocarse en sólo algunos aspectos de los textos sagrados, porque les convienen, y brincarse otros que los contradicen. No sólo eso: buscan imponer sus ideas, a veces por la fuerza. Monsiváis no es fundamentalista. Quienes desean convertir nuestras escuelas públicas en sucursales de la Iglesia católica, en cambio, sí lo son. No confundamos.

Foto: www.sergioramirez.org.ni