 Peto, Yucatán, 9 de agosto de 2007. Hoy es “Día internacional de los pueblos indígenas”, ocasión para reflexionar con Bernardo Caamla Itzá sobre la importancia de los adelantos tecnológicos para predecir el clima, y cómo en su momento nuestros abuelos se apoyaron en los elementos propios de su entorno natural para hacer lo mismo. Su texto es uno de tantos comunicados que envía regularmente al mundo acerca del pueblo maya.
El sábado pasado se registró un clima muy calmado hasta antes de las 2 de la tarde; a esa hora se nubló y hubo fuertes relámpagos provenientes del sur del municipio. Luego, un poco después de las 4 de la tarde, llegaron fuertes rachas de vientos con chubascos, y de esta forma transcurrió toda la tarde hasta llegar la noche…
Ahora con los adelantos tecnológicos que nos ofrece Internet es fácil monitorear el clima en lugar de esperar a que las televisoras o los medios impresos nos den información. Esto era totalmente diferentes hace 20 años, pues aunque viéramos los noticieros y escucháramos en la radio el acontecer climático, sabíamos de antemano que no era creíble. Hasta nos carcajeábamos de ello porque mientras el encargado de noticias nos señalaba: “Se espera que durante la mañana se tengan fuertes chubascos en el sur de Yucatán…” o "la llegada por la noche de los efectos del ciclón”, no sucedía tal cosa, y en verdad tampoco se tenían tales registros climáticos.
Avanzó el tiempo, y en los últimos años de la década de los 90’s, tuve la oportunidad de estar en un país europeo, y al leer uno de los medios impresos franceses que anunciaba la llegada de fuertes rachas de viento, al transcurrir las primeras horas de la noche, lo pronosticado sucedió de manera puntual.
Al contar con este tipo de tecnologías que permiten predecir el clima, la humanidad evoluciona. En Yucatán este sistema nos apoya en la toma de decisiones para enfrentar la llegada de los ciclones, los cuales han azotado estas regiones en las últimas 2 décadas.
¿Y qué pasó con el conocimiento tradicional con respecto al clima? Pues las comunidades mayas de alguna manera lo continúan reproduciendo por medio de la tradición oral.
Los mayas diariamente observan el comportamiento climático utilizando elementos propios de la naturaleza de su medio, por ejemplo, el “fuerte olor a cedro” horas antes de que impacte un fuerte aguacero, o “el halo de la luna” —que se observa debido a la fuerte humedad que existe en la atmósfera—.
Quienes viven cerca de los cenotes dicen que en estos días se “queda muy limpia el agua”. De esta forma, el Mayab (las tierras peninsulares) es un laboratorio viviente para sus moradores, ya que de él obtiene pronósticos del comportamiento climático a corto, mediano y largo plazo; por ejemplo, en las cabañuelas –Xooc K’iin– se advierte lo que sucederá en un plano general en todo un año, mientras que durante ese tiempo, sus particularidades: hormigas, aves y árboles, terminarán por afinar de manera puntual las variaciones que tendrá el clima.
De esta manera, el clima, es monitoreado por el campesino en sus andazas por su milpa y el monte, mientras su mujer lo verá desde el espacio en que se encuentra: su casa y solar.
Las observaciones de largo plazo en cuanto al clima están íntimamente ligadas al tema de la salud y el bienestar. En el caso de la salud, se analizan los efectos del clima en cuanto a vómitos, diarreas y dolores del estómago, los que en ocasiones se manifiestan como el Ch’otnaak (dolores intestinales debido a los efectos probables de las amibas y de las lombrices). Según los mayas, estos malestares los ocasiona el movimiento del Tzab –pléyades-, y de la Canícula, y la forma de contrarrestarlo, es desparasitando a todos los miembros de la familia un mes antes de que presente el temporal lluvioso.
En un plano más amplio, el clima es una referencia en el diseño de la vivienda, aparte de que se toma en cuenta para aprovechar el temporal en el cultivo de la milpa.
La pregunta es, entonces, ¿cómo podemos articular este tipo de conocimientos que se generaron hace cientos de años en el Mayab con los grandes adelantos tecnológicos que hoy tenemos?¿Qué debemos hacer como sociedad para que nuestros niños no desprecien “este tipo de conocimientos”?
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