 Mérida,
15 de enero de 2009. Joan Duran sale poco de su casa y sólo apaga la
televisión a la hora de dormir. Cuando llego a entrevistarlo, está
frente a la pantalla. Está viendo –por enésima vez, me dice–
Barry Lyndon, una película de Stanley Kubrick. No puede creer que yo no
la haya visto. Me señala los ángulos de las tomas, la cámara casi
siempre fija. Después de unos minutos, le baja al volumen y comenzamos.
Pero Kubrick, como artista, y Barry Lyndon, como su obra, permanecen en
el ambiente. De vez en cuando nos interrumpimos y admiramos un paisaje,
una idea...
Las tomas fijas obligan al artista a pensar muy bien el ángulo, su visión, dice Joan. Los videos presentados recientemente en landings tienen esta característica. Y es que el proyecto pretende: provocar
para que la gente, sobre todo los artistas, piensen críticamente sobre
el sistema imperante en el mundo del arte. Cuando uno critica y no hace
las cosas bien, no tiene credibilidad. Por eso yo insisto en hacer las
cosas perfectamente. landings 9,
la penúltima edición del proyecto, se realizó en Belize City, y tuvo la
peculiaridad de ser un foro y no una exposición de obras visuales. La
razón: una de ellas es que consideré que en landings 8,
en Taipei, fue el cénit. Después de esa exposición no se podía hacer
otra, porque habíamos llegado a un punto máximo en cuanto a trabajo,
organización y obras (individuales y colectivas), y en cuanto a la
relación con instituciones. Ninguna institución en Belize o en el mundo
pudo llegar a ese nivel de respeto a nuestro trabajo. Las segundas
partes no son buenas. Plantearse hacer una exposición después de landings 8 era imposible.
Después de barajar varias opciones, el grupo decidió hacer una exposición de ideas, invitando a diez artistas, muchos de ellos nuevos en el proyecto, y también diez personas que, sin ser artistas visuales, han estado involucradas en el proyecto: En el landings nine se invitaron artistas que eran caras nuevas, pero a quienes ya había invitado a formar parte del landings diez. Y, este foro fue una manera de suavizarles la entrada al equipo, para que el shock no fuera tan profundo.
Durante el foro de ideas landings nine, se grabó todo. Desde el primer momento se dio a entender que no podía haber autocensura. Se debía hablar con total libertad y sin miedo al ridículo. Y yo comencé dando el ejemplo con mis declaraciones.
Sin embargo, para Joan, los involucrados en landings 9 no llegaron a cumplir con sus expectativas: Hay mucha gente que, frente a un micrófono, no sabe qué hacer. Ahí yo me di cuenta de la simpleza y debilidad del artista en sí mismo. Sin quererlo, comprobé la imponente y aplastante verdad de lo que pienso: que es la suma de todos los talentos lo que hace que seamos buenos. Los artistas de landings en solitario no son necesariamente ni personas o artistas de cinco estrellas. Pero todos, estando juntos los cabrones –el equipo– sí es de cinco estrellas.
Yo casi nunca interrumpía. Si me hubiera dejado llevar por mi iniciativa, los hubiera interrumpido cada tres minutos porque decían –a veces– algunas barbaridades. Para mí, el tiro salió por la culata. El artista –en su mayoría– no supo manejar el momento histórico de desnudarse frente a la cámara y hablar con el corazón y el estómago, no con el intelecto.
El espíritu de equipo, de landings como una unidad, se perdió en esta edición ya que toda la organización –empezando por el libro a publicar– se estructuró en torno a lo que diría cada artista como individuo: a la hora de hacer un balance final, me di cuenta de que de esta reunión no salió lo que se esperaba: visiones a futuro. De momento, el área de influencia de landings –por ejemplo, aquí en Mérida– es limitada. Veo a los estudiantes enajenados, totalmente sumisos del sistema educativo –que es nefasto–, y un sistema operativo que me parece inimaginativo.
Si yo miro fríamente todo esto, me doy cuenta de que una gran mayoría de los artistas de landings han ido haciendo maravillosas obras, pero las metas no se han alcanzado, esto tomará años, décadas… generaciones.
Y es que las metas no son sencillas: siempre dije que el mundo del arte y la forma en que funciona son arcaicos, cavernícolas y serviles a una especie de aristocracia capitalista –de paso universalmente desprestigiada y agotada–. Frente a eso, empezamos landings a largo plazo. Yo nunca podré ver una sociedad en la que el artista juegue el papel que yo creo debe de tener: un inspirador para los demás. Un artista no es un mercader ni un entertainer. Un artista debe ser un exquisito chef para alimentar el cerebro.
Por eso, muchos de los artistas invitados a formar parte del proyecto no necesariamente provienen de las tradicionales escuelas de arte, o de haber pasado por ellas; no pretenden seguir por el camino establecido. Para Joan Duran, un verdadero artista debe producir obras de acuerdo a su tiempo y espacio y estar completamente empapado del acontecer político, social, científico…
Yo trato de encontrar jóvenes que, como personas, sean ricas en experiencias y conocimientos, pero aún más en su deseo de aprender y aprender... y que, además, hagan arte. Lo importante es la vida, el arte es para mejorarla.
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