 México,
D.F., 2 de septiembre de 2008. Septiembre inicia con un llamado a la
consciencia desde el punto de vista teórico/filosófico en combinación
con las artes visuales. Se trata de una conjugación de ideas y modos de
ver el mundo desde dos culturas: la europea y la latinoamericana: Luc
Delannoy (Bélgica) y Noeémÿ (México). Ambos inauguran hoy en el
Polyforum Siqueiros una exposición acerca de La consciencia, tema que bifurcan hacia la Re-presentación y la Re-flexión.
Mañana martes, Luc Delannoy ofrecerá una conferencia sobre La consciencia y dará a conocer su libro El Espejo (Centro
de Investigaciones en Neuroestética y Neuromusicología A.C., 2008).
Posteriormente, el día 7 de octubre, explicará a fondo el tema de la
consciencia musical, evento en el que se hará acompañar del músico Raúl
Gutiérrez y la artista Noeémÿ.
Con Luc Delannoy es la siguiente entrevista. —¿Qué pistas puede darnos para comprender el tema de la consciencia?
—Desde
mi perspectiva, la fenomenología es un excelente punto de partida para
acercarnos a la filosofia de la mente y así ayudarnos a entender la
percepción y nuestros estados mentales. Me refiero a los textos de
Brentano, Husserl, Heidegger, Sartre, Merleau-Ponty y Zahavi,
principalmente. Hoy en día es imprescindible asociar la ciencia o mejor
dicho las neurociencias al estudio filosófico de la consciencia. La
filosofía tiene mucho que aprender de las neurociencias pero ellas sin
la filosofía están incompletas. Pienso en varios cientificos como Jean
Pierre Changeux, Stan Dehaene, Gerald Edelman, Giulio Tononi entre
otros, quienes desde hace varios años buscan las bases biológicas de la
consciencia. Stan ha ido tan lejos que ha determinado y estudiado las
neuronas de la lectura; su trabajo hoy en día es de lo más fascinante.
Ahora bien, admito no estar en acuerdo con unas teorias
neurocientíficas sobre la consciencia pero se me hace muy enriquecedor
poder trabajar con personas así. Igual de fascinante es el acercamiento
de las neurociencias al budismo. En el Waisman Laboratory en Wisconsin
EE.UU mis colegas Richard Davidson y Antoine Lutz trabajan sobre la
consciencia desde la perspectiva de la meditación. Con el apoyo directo
del Dalai Lama estudian los cerebros de monjes budistas en estado de
meditación.
—En colaboración con la artista visual Noeémÿ está enfrentando al público a pensar sobre el tema de la consciencia desde dos vertientes, la Re-presentación y la Re-flexión. ¿En qué consiste esta acción mezcla de subjetividad y racionalidad?
—La reflexión también es subjetiva aun sin perder su racionalidad. El término de re-presentacion refleja el trabajo plástico de Noeémÿ, mientras el de re-flexión, el mío. Mis textos son extractos de un diario sobre la consciencia, escritos de manera coloquial, en base a reflexiones cotidianas de alguien que viaja, camina por las calles, escucha música, lee libros, visita museos, se pregunta sobre cosas comunes y corrientes de la vida diaria. Los filósofos siempre han mostrado un interés genuino por el arte y han tratando de generar diálogos entre su disciplina y las diferentes expresiones artísticas. También lo han hecho algunos artistas. Sin embargo, en esta ocasión, una artista plástica y un filósofo, de diferentes culturas y continentes, se unen para desarrollar un proyecto en común. Este proyecto es en realidad un doble proceso dinámico de auto-reflexión. Los textos no ilustran las obras, las obras no ilustran a los textos pero nuestros discursos respectivos se tocan y se separan para volver a encontrarse en un paisaje accidentado poblado de incertidumbres, de intuiciones y de reflexiones. Nuestra decisión de hacer algo juntos nació en 2007 durante un encuentro en el Centro Nacional de las Artes en la Ciudad de México. El trabajo de Noeémÿ es espectacular y muy original. Aprovecho para avisar que en febrero del próximo año la exposición viajará al Museo de la Ciudad de Querétaro.
—Hay un término que, pese a su complejidad, nos parece pan de todos los días, y es el de la consciencia social. Usted viene a decirnos, sin embargo, que existe la consciencia musical, ¿es algo que todos poseemos sin saber?
—Es precisamente el tema de mi nuevo libro El Espejo, una serie de ensayos sobre la consciencia musical que examinan la ontología de la música, la percepción, la escucha, la experiencia de la escucha, el papel de la alteridad y de la empatía en la música. Podemos considerar que la relación entre estos aspectos de la música constituye un aspecto de la consciencia musical. Todos tenemos una consciencia musical, efectivamente, así como una consciencia social.
—Su teoría acerca del cuerpo etéreo de la música que escuchamos en un concierto es particularmente poético y, a la vez, muy ilustrativo. Compara el agua que brota de una fuente y que se disipa en el aire y la tierra con el polvo de la música que desde el escenario se disipa hacia el público para enriquecer al Ser. ¿Podría ahondar en esta idea?
—Esta imagen me ayuda a proponer una representación ontológica y visual de la música que no sea la clásica partitura o una grabación. De hecho, en las tradiciones orales la partitura es la memoria individual y colectiva de una comunidad. Cuando observamos una fuente, el agua brota y cae elegantemente en el estanque. Con poco viento o una ligera brisa, se escapan gotitas de lo alto de la caída; maliciosas y traviesas a la vez se alejan llevándose el alma de la fuente. Rocían el aire y la tierra. Se colocan con la ligereza de un velo sobre el aire y la tierra. Hay un poco de esto en la música, polvo de agua, polvo de música. Este polvo vienen a enriquecer al Ser; mientras que el cuerpo musical se desvanece, el polvo flota, etéreo… y lo respiramos. La música se sitúa en una intersección: allá, en alguna parte, entre el escenario de la sala de conciertos y la consciencia del público. Igualmente, la sala de conciertos está en la intersección del exterior y el interior de la consciencia.
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