 Hay que visitar la Feria Internacional del Libro en Guadalajara si uno desea enterarse de lo que está sucediendo en el universo de los libros. Si usted tenía pensado visitar la capital tapatía próximamente, aproveche la coyuntura y dese una vuelta a la Expo entre el 26 de noviembre y el 4 de diciembre.
A menos que ya haya visitado la Feria de Francfort, en Alemania —que ha de ser por lo menos 10 veces más grande que la nuestra en Jalisco—, se va a sorprender por la cantidad y variedad de libros que se publican en México. Va a pensar, con toda seguridad, que el mundo editorial va viento en popa y que este país en que vivimos se llama Jauja.
Verá pabellones enormes, impresionantemente decorados, donde se venderán los libros de Planeta (la que se comió a nuestra Joaquín Mortiz), Bertelsmann-Random House-Mondadori-Plaza & Janés (la que se comió, a últimas fechas, a nuestra Grijalbo), Alfaguara (la mascota literaria del poderosísimo grupo Santillana), etcétera. Incluso apreciará un pabellón más que decoroso de nuestro Fondo de Cultura Económica (FCE), que sigue siendo un orgullo continental. Pero no se engañe: fuera del FCE, de todo lo que verá, muy poco será mexicano o de origen nacional. Habrá muchas traducciones de best sellers, toneladas de libros importados, aun más toneladas de libros españoles impresos aquí, megatoneladas de títulos de autoayuda y superación personal. Mas, en estos locales, descubrirá poco de lo que en años recientes han estado escribiendo los poetas, ensayistas y narradores mexicanos. A lo mucho, hallará los títulos de aquellos escritores —suertudos, amén de talentosos— que han sido acogidos por las multinacionales. Pero nadie garantiza su permanencia allí, pues con dinero baila el perro editorial.
Ahora: si busca usted un poco más, hallará el pabellón de la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes (AEMI), el cual estará en la FIL por segunda ocasión consecutiva. Esto representa toda una hazaña de supervivencia para las 14 editoriales que la componen. Son estos sellos los que arriesgan todo —o lo poco que tienen— para que el mundo pueda conocer lo que realmente está sucediendo en las letras mexicanas: voces nuevas, propuestas alternativas, literatura difícil (entiéndase no explícitamente comercial)… En el local de la AEMI podrá localizar los catálogos completos de Aldus, El Ermitaño, Colibrí, El Umbral, El Tucán de Virginia, Corunda, El Milagro, Ficticia, Ácrono, Literalia, Ediciones Sin Nombre, Arlequín, Mantis y Trilce. Es aquí donde realmente usted se va a sorprender, no con un pabellón lujosamente adornado sino con la enorme riqueza de la literatura y pensamiento mexicanos. No sea tímido. Vaya a la FIL. Allá nos vemos.
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