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Gloria Palma publica libro sobre los springbreakers
Perspectiva de una cancunense
Gloria Palma
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Cancún, Quintana Roo, 8 de febrero de 2008. Hoy a las 6 de la tarde en El mesón del vecindario, en Cancún, Gloria Palma, autora de Revelaciones del desastre. La negligencia y la corrupción que el huracán Wilma puso al desnudo presentará su nuevo libro: Springbreakers publicado en enero de este año bajo el mismo sello editorial, Grijalbo. A continuación unasletras presenta el texto en el que la autora explica el contenido y la finalidad de su investigación. Este libro, como su título indica, trata de un tema bastante atractivo. La portada atrae, y las fotos de interiores también. Sin embargo, el contenido nos muestra un panorama más amplio de lo que simplemente percibimos con la mirada.

El contenido tiene mucho que ver con la construcción de la ciudadanía. Por eso estoy muy contenta de presentar Springbreakers aquí en el Mesón del Vecindario, porque es un espacio de los cancunenses y su mismo nombre lo dice: vecindario es vecinos o ciudadanos.

Springbreakers está basado y está dirigido al ciudadano. Me gustaría que especialmente lo leyeran los jóvenes, pero es fundamental que también lo lean los papás de los jóvenes.

No hay aquí, en el contenido, ni morbo ni moralismo. El reto para mí fue abordar este tema sin caer en acusaciones o en actitudes moralistas. La mayoría de nosotros cuando escuchamos springbreakers  enseguida manifestamos rechazo. Y no sólo aquí en México, también en muchos otros países, incluso de Europa.

Y puedo decirles que esta apreciación, que también es personal, tuvo para mí su mejor antídoto en el conocimiento del fenómeno. Dicen que le tenemos miedo o rechazamos lo que desconocemos. Así es que, conforme fui investigando y comprendiendo más acerca del spring break, me di cuenta de que estos adolescentes son, igual que la población de Cancún, una víctima del mercado.

Atrás del fenómeno del spring break, vamos a ver en este libro toda una industria multimillonaria que no es sólo la industria turística, sino la de la moda y la televisión a través del canal MTV, la de la industria licorera y cervecera, la industria editorial a través de revistas juveniles y también el tráfico de drogas y el crimen organizado.

Vamos a ver cómo una película cándida de Barbie o una bolsa de Doritos encierran un fin no tan inocente. Aquí, el fin del marketing americano es captar a consumidores cada vez más jóvenes, es decir que la industria se ha enfilado ya hacia los niños y los adolescentes porque ahora, a los padres de esta generación, se nos dificulta mucho negarles algunas cosas a nuestros hijos.

Así, explotando muchas veces la culpa paterna, el niño es atraído por toda esta industria hacia un mundo cercano al spring break, aunque sea a través de dibujos animados. Es, podríamos decirlo, un juego perverso del mercado. Y no podemos hacer nada en contra porque nos rige el libre mercado, la libre empresa, pero sí podemos actuar para evitarnos daños desde el punto de vista ciudadano.

En las páginas de este libro hay testimonios, entrevistas, anécdotas de jóvenes y adultos que experimentaron, muy dentro, el fenómeno del spring break. Y hay también comentarios de personas que lo han estudiado de cerca, varios de ellos académicos de universidades. Entre estos está Celina Izquierdo, directora del Observatorio de la Violencia de la Universidad del Caribe, que dice algo muy preciso en torno a la defensa que podemos armar desde la ciudadanía. Ella dice: "Esperar algo de los políticos o los empresarios es un error de estrategia. La  mejor estrategia será siempre la participación y exigencia de la comunidad para que se respeten sus derechos humanos y ciudadanos".

¿Por qué con este libro puedo pensar que yo, como muchas otras personas en este país, estoy contribuyendo a construir ciudadanía? Creo que a través de esta investigación, de este gran reportaje convertido en libro, se cuenta una parte de la trayectoria histórica de esta ciudad. Se descubre por qué estamos como estamos. Se sigue la línea que nos ha conducido a ver muertos ejecutados en las esquinas. A tener terror de que nuestros hijos adolescentes sean enganchados por los traficantes de drogas. A que nuestras hijas sean atacadas porque, como dice aquí el procurador, en Cancún hace mucho calor.

Tal vez podemos vencer ese miedo volteando hacia otra parte, pero así no vamos a solucionar nada. En el último capítulo de este libro por eso planteo un cuestionamiento que se están haciendo ya miles de habitantes de la ciudad, pero de la ciudad no la del destino turístico —porque yo, como residente de Cancún desde hace 20 años, he sentido siempre lo mismo: que aquí no importamos como ciudadanos, que sólo existe la zona hotelera, que muchos empresarios y políticos todavía nos consideran pueblo de apoyo, y por eso sé que tenemos la obligación de acelerar esta construcción de ciudadanía porque allá, en el gobierno o en la industria, no creo que nos otorguen por mera correspondencia este derecho—. En general, planteo en este libro que Cancún ya está por reclamar su ciudadanía. Y, aparte de este libro, hay miles en la ciudad que ya están trabajando para eso.