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Mujer, mujer divina o la peligrosidad de las mujeres
Reseña de un libro reciente de Joaquín Bestard Vázquez
Daniel Torres (Fotos: Lizette Abraham. Cortesía: Galería Tataya)
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                                                            A los integrantes del Taller de Género de la UADY-
                                                                                  Antropología, recordandotodas nuestras discusiones                     sobreel resbaloso concepto de género.

Mérida, 11 de junio de 2008. Estamos de acuerdo en que el concepto de género es socialmente construido o fabricado. El cuerpo que produce los espermatozoides se siente superior al que ovula y el imaginario nos ha impuesto irremediablemente la superioridad de lo masculino sobre lofemenino.  Sin embargo, existen instancias en la cultura que todavía nos permiten deconstruir y desautorizar tal asevereación. Porque el verdadero sexo fuerte es el que pare, y si no, ¿se imaginan ustedes aun hombre pariendo? En ese mismo instante se nos acaba la raza y es el fin de la especie humana. Y he ahí la peligrosidad de las mujeres.  El ser más cobarde que repta sobre la tierra es el hombre, sólo que como todos los buenos cobardes, hemos aprendido a disimular nuestro coraje y nuestro valor, escudados siempre en la verdadera y peligrosa fortaleza femenina que además es inherente a su sexo y los personajes de Mujer, mujer divina de Joaquín Bestard Vázquez así lo atestiguan.
   
Dividido en 16 cuentos, narraciones o relatos entrelazados, este libro (publicado por Maldonado Editores) se lee como una novela sobre Pilar, Manolo, Fredi, La Viquis, El Juez, Flavia y La Francis. La hiperfemineidad de personajes como La Viquis y La Francis nos hace pensar en el complicado mundo del travesti que imita y parodia, ironizando a ultranza, todos los atributos “típicamente” femeninos. Matizado con buenas letras de bolero y de rancheras populares, estas narrativas le toman el pulso al acontecer en la Ciudad de México y a las oficinas donde trabajan estos personajes,con algunos viajes esporádicos de fin de semana a Cuernavaca y a Mérida. La interacción de los romances, triángulos y decepciones de Manolo o de Fredi, Pilar y Flavia, así como también de La Viquis y La Francis, nos hace pensar en los enredos erótico-amorosos de oficina, típicos de nuestros países y que en la televisión norteamericana se haexplorado en series populares como Friends, Brothers and Sisters o la clásica a este respecto, The Office

Bestard Vázquez profundiza en esa mujer, mujer divina de la canción de Agustín Lara y la lírica tradicional, como centro del requiebroamoroso. Nos muestra el alma misma de estos personajes colgando del hilo de una frase de Manolo o a merced de las trifulcas propias de los triángulos amorosos. Como cuando la esposa engañada descubre al marido in fragantiy, perdiendo su lugar y compostura de señora del señor aquél, busca ala amante, la interroga y le advierte que “ese hombre que tú ves ahí” es ajeno.

Todo lo reseñado hasta aquí nos puede hacer pensar en un buen culebrón o telenovela digno de los que Televisa, Teve Azteca, Telemundo o Venevisión nos regalan en nuestras pantallas televisivas desde antes o a partir de las 7 de la noche. Pero Bestard Vázquez subtiende sus historias en un lenguaje sincopado que nos narra estos desgarres amorosos tomando una distancia muy distinta a la del melodrama, donde la cursilería nos avisa que todo esto está pasando porque es parte del gran destino humano.  En su literatura, el narrador yucateco nos tiende una mirada hacia la ciudad de México, la más populosa del planeta, y por medio de un lenguaje sobrio pero a la vez directo y al punto, nos va decubriendo las verdades de estas mujeres peligrosas y perdidamente rendidas ante los supuestos encantos del varón:

        La Francis habló de otra chamacona que trabajó aquí de eventual
        bautizada por los ñeros de la chamba como la Viquis y según parece
        fue algo de Manolo, me contó con vocecita quebradiza hasta terminar
        en el sollozo.  La Viquis iba a veces a saludar a la Francis, porque además
        la invitaban a las fiestas por el cartel dejado y un día de buenas a primeras
        me la presentó...  (7)

El encuentro de estos sujetos femeninos en combate constante por la atención de los machos, las hace enemigas acérrimas y las priva de la solidaridad femenina necesaria ante el patriarcado. Es el típico caso del odio entre mujeres que compiten por la atención de un hombre, como en Betty, la fea. Son estos, entes cautivos por el sistema que las corroe y las mina a un tiempo, al extremo de jugarse a un hombre a las cartas en las escenas finales de Mujer, mujer divina. El “empowerment” o mal traducido “empoderamiento” de lo femenino frente a lo masculino es aquí el de hacer objeto al varón que ha sido “ganado” por la hembra con un par de ases.  Reducirlo a moneda de cambio que como en la canción “Cheque en blanco” de la gran Paquita la del Barrio, es un cheque al portador y va firmado por mí, es decir, por la ganadora de la partida.  El amor tanto como el eros, pues, se convierte en un extraño juego o como le dice una a la otra en el momento final del triángulo de La Francis, Pilar y Manolo, todos compañeros de oficina: “se sabía que Manolo el Muñeco, termina con sus viejas y ninguna hasta hoy lo mandó por un tubo” (115).

Esta vejación del macho hecha a las mujeres, aparece vengada y resarcida en el cuento final, “Flavia (Que me toquen las golondrinas)” donde aparece el personaje masculino de Cuco, quien como Manolo es un gran macho mexicano mujeriego y parrandero que juega con todas.  Sin embargo, queda aquí reducido a despojo humano en una clínica del Seguro Social, de la cual se escapa, como nos dice la enfermera de turno: “el seño de la cama 2378, se recuperó, no se aflija, el temor al descubrirse aquí, lo hizo reaccionar más aprisa, búsquelo en otro lado, entre los vivos, entre el desbarajuste de millones de vivos de la ciudad” (131).  Pero como nos había anunciado el narrador mucho antes: “Cuco consiguió su ropa y se escapó de la clínica del Seguro, para mezclarse entre sus cuates de la pulquería, del cabaret y de los centros que frecuentaba” (129).  Es obvia aquí la alusión al rol masculino construido o fabricado a partir de la presión social que estipula que todo macho calado o no, sea también un gran bebedor y bohemio a la caza de las faldas.  Pero Cuco como Manolo queda expuesto a su destino masculino señalado tanto por Flavia como por Susana: “Cuco y yo éramos un par de los tantos millones de hombres y mujeres de nuestro tiempo, tratando de huir de la realidad cotidiana” (130).  Este breve pasaje resume Mujer, mujer divina de Joaquín Bestard Vázquez, como una crónica citadina y urbana de un yucateco en la ciudad de México que mira a través del prisma romántico de las relaciones entre hombres y mujeres enamorados, que juegan ese extraño juego del amor de los triángulos en el lugar de trabajo y pierden rendidos ante ese acto de “huir de la realidad cotidiana” a la que deben volver el próximo lunes, que como decía Pablo Neruda en su famoso poema “Walking Around”: “lunes que arde como el petróleo”.