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Nuevo ensayo sobre el movimiento narrativo más importante del siglo XX
Lo bueno y lo malo del boom
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/415.aaaa.JPG

Mérida, Yucatán, 6 de mayo de 2007. Por tratarse de la aparición de un original ensayo sobre el boom hispanoamericano, fenómeno narrativo más importante del siglo XX en lengua española, no extraña la cuantiosa asistencia al evento el viernes en la noche en la Unidad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UNAM, en Mérida. Además, por tratarse de un libro del querido investigador y profesor Adrián Curiel Rivera, presentado por Hernán Lara Zavala y Jorge Volpi, era de esperarse una noche literariamente rica.

Por supuesto, Jorge Volpi elogió muchísimo la obra de su compañero de generación, Adrián Curiel Rivera, y se refirió a ella como la crónica minuciosa del enfrentamiento entre la novela del mundo hispano y su recepción, crecimiento y éxito internacional a partir de España, pues a partir de una irrupción tremenda obligó a los españoles tomar conciencia de su condición literaria.

“A partir del segundo lustro de los sesenta, la recepción crítica española (periodística y/o académica, sincrónica o diacrónica) difícilmente puede indagar en la evolución de la novela contemporánea nacional sin hacer alguna referencia a la narrativa hispanoamericana. La irrupción en el panorama literario hispánico de determinados novelistas extranjeros, procedentes todos ellos de países que habían sido colonias peninsulares, constituye un episodio singular en la valoración crítica de la transformación novelística posterior a Luis Martín-Santos”.

Con este párrafo inicia el capítulo dos del libro Novela española y boom hispanoamericano de Adrián Curiel Rivera (UNAM, 2006, 434 pp.), texto inaugural de la colección Ensayos de la Unidad Académica de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México con sede en Mérida, Yucatán. El párrafo citado, precisamente, contiene la sustancia de una obra que los americanistas pueden ver como la crónica de la conquista revertida.

Curiel Rivera, investigador de esta Unidad Académica de la UNAM, sostiene que, sin duda, la irrupción de los bárbaros, como empezaron a llamar los españoles a los escritores latinoamericanos, en el panorama literario español y universal a partir de la década de los 60, permitió romper la parcelación o el aislamiento que existía entre los propios escritores, y, en ese sentido, el boom aportó muchos ingredientes clave al oficio de escritor y a la concepción que se tenía de la narrativa.

—¿Cómo se manifiesta esta unidad en el estilo literario?

—En cuanto a sus textos, muy disímiles por otra parte, los escritores del boom consiguieron apropiarse de las técnicas de las vanguardias poéticas hispanoamericanas y las vanguardias narrativas norteamericana y europea, les dieron una vuelta de tuerca, y crearon universos narrativos autónomos que, se decía entonces, eran totalizadores porque revelaban los múltiples planos de la realidad a través del lenguaje.

Adrián Curiel Rivera, autor de las novelas El señor amarillo (2004) y Bogavante (200) expone en su obra que la recepción crítica del “desembarco”, con Mario Vargas Llosa a la cabeza, tomó dos directrices: De un lado se agruparon los que lo tradujeron como benéfico, y del otro, los que vieron en el boom hispanoamericano, sobre todo, la usurpación sistemática de editoriales y lectores, el acaparamiento impecable de premios y la seducción de una crítica veleidosa que se deja llevar por el influjo de las modas.

“La historia de estas posiciones encontradas –explica– comienza en un año verdaderamente agitado para la novelística española. 1962 marca la fecha no sólo de la publicación de Tiempo de silencio sino también de la concesión del Premio Biblioteca Breve por La ciudad y los perros, a un novelista foráneo: Mario Vargas Llosa”.

“Es una visión personal, pero muy documentada”, recapacita el escritor.  

—La valoración positiva del boom que propone puede llenarnos de orgullo en este continente, pero no así a aquellos que están del otro lado del Océano, ¿cierto? ¿Cuáles serían los aspectos positivos de esta invasión intelectual?

Entre los aspectos positivos del boom destacaría que Vargas Llosa, Fuentes, Cortazar, y Gabriel García Márquez a raíz de la publicación de Cien años de soledad (1967), permiten que se conozca a nivel internacional la literatura que se estaba haciendo en Hispanoamérica por lo menos desde los años 40, y que era muy importante, si consideramos a Borges, Carpentier y Juan Carlos Onetti. También a partir de ellos aparece la figura del escritor profesional para Hispanoamérica, entendido como una persona que se dedica de tiempo completo al ejercicio de las letras e influir como personaje público en los asuntos políticos locales e internacionales.

—¿En qué momento empieza a utilizarse el término boom?

—A finales de los años 60, y es connotativo porque refiere, por supuesto, la expansión de una narrativa brillante en muy pocos años tal como si hubiera estado encapsulada. Ocurrió lo que Ángel Rama describió como el aplanamiento sincrónico de la literatura hispanoamericana ya que autores como Onetti y Borges fueron conocidos internacionalmente a remolque de Vargas Llosa, Carlos Fuentes o García Márquez. Igualmente refiere, en sentido peyorativo, una situación en que la literatura se concibe como un objeto más dentro de la cadena de producción, es decir, capaz de generar algo similar a lo que pasó con el boom de los electrodomésticos en España, también durante los años 60.

No hay que olvidar, precisa Curiel Rivera, que el término “boom” o “nueva narrativa hispanoamericana” acabaron sirviendo como etiquetas para comercializar e identificar a estos valores extranjeros que, paradójicamente, escribían en la misma lengua, y que tenían en común -entre otras cosas- ser originarios de colonias españolas.

Por su puesto, Adrián Curiel Rivera mencionó también el carácter onomatopéyico del término trasladado al español.

—¿Cuáles son los elementos del boom rescatables por la generación actual de escritores?

—Yo diría que en todo lo que se refiere a la apuesta por la literatura, a la exploración activa del lenguaje, a los riesgos formales que se pueden tomar para la creación de una obra original, siguen siendo fundamentales los escritores del boom. También como la apuesta de un artista decidido a consagrar su vida y todos sus recursos a la realización de su obra.

—No todo, sin embargo, es cuestión de dedicar la vida entera a madurar una obra, el medio editorial es hostil y ahora España, quizá en venganza, tiene todas las de ganar…

—Pues sí, una de las cuestiones negativas como consecuencia de la época de esplendor del Boom es la dictadura estética de las agentes literarias, pues normalmente son mujeres, algunas de gran experiencia y conocimiento del medio y otras, en cambio, neoempresarias de no más de 24 años y dudoso bagaje literario y cultural obsesionadas por la rentabilidad de los productos, capaces de exigir a los escritores amputar sus textos, modificar su contenido, etcétera, a cambio de poder publicar en una casa editorial grande, perspectiva que obnubila a muchos escritores.