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Presentación de Succubus
Novela de Juan José Orosa (Sexto Piso, 2004)
Soña Králová
http://www.unasletras.com/v2/../data/64.sucubus2.jpg
Succubus viene definido en el diccionario como El Diablo vestido de mujer para tener sexo con el hombre. El polo opuesto es Incubus. El DIABLO, es el ángel que se rebeló contra Dios y es arrojado al abismo. En griego diabolos. Ambos tienen en nuestras mentes connotaciones negativas lo cual tiene sus razones tan antiguas como la humanidad. Los arquetipos que simbolizan este concepto han tenido a través del tiempo nombres diversos de criaturas y deidades de la noche. La más conocida es Lilith, la primera mujer de Adán, antes de Eva. Lilith es la que no quiso obedecer, entonces Eva fue creada de la costilla de Adán como su súbdita. Lilith fue expulsada y repudiada por la sociedad patriarcal. Pero Lilith llega al mundo bíblico procedente de Mesopotamia y Babilonia. La bella prostituta lilitú, encarnación de la lascivia. La encontramos en fuentes cabalísticas. Aparece en Luna nueva o como Luna Negra y es asociada con la serpiente primordial. O como las tres damas de la Obscuridad: Isis, Lilith, Gello. En Grecia tenemos criaturas equivalentes: Hecate, la Medusa o la Gorgona. En el mundo de los vampiros - ya que se supone que el súcubo succiona la fuerza vital de sus víctimas, tanto adultos como niños- encontramos entre el séquito de Hécate, a las Empusas y las Lamias, ambas demonios súcubos. Quizás llegan a Grecia desde Palestina, donde tales demonios eran llamados LILIM (hijas de Lilith).

Todos los que tienen algún acercamiento al mundo nocturno, acaban menos inocentes. La novela de Juan José Orosa nos introduce a este mundo nocturno de una forma sobria, sin hacernos temblar de miedo. Sin embargo perfila claramente las fuerzas depositadas en los obscuros rincones de la mente. En la práctica, los encuentros con estas fuerzas suelen señalar los puntos del desequilibrio que tenemos, como individuos o en lo colectivo, en nuestra actitud hacia lo femenino. Hablo de la actitud milenaria hacia la mujer, del poder de las emociones, de las energías naturales, incluyendo el cuerpo humano y del mundo de la materia en general. A mayor énfasis sobre los valores masculinos (el Logos, el raciocinio, el control sobre la naturaleza por medio de la ciencia, más violento es el encuentro con Lilith.

Somos por definición seres duales, no puede ser de otro modo ya que sólo dios es unidad. Nosotros percibimos la unidad sólo en los momentos fugaces de la trascendencia. Nuestra dualidad consiste en nuestra conciencia partida, lo cual se traduce en opuestos o polaridades. Es curioso que si no estamos peleados con la naturaleza, tomamos la dualidad del día y la noche y el Sol y la Luna sin ningún problema. Ciertas culturas, que no es la nuestra, otorgan la misma importancia a lo claro y a lo obscuro. Cosideran a ambos lados de igual fuerza y practican rituales con el fin de satisfacer a ambos. En Persia tenían un dios del mal y de la obscuridad llamado Arriman que es casi equivalente al Diablo del mito cristiano, pero Arriman tenía el mismo poder como el dios de la luz Ormuzd. Ambos luchaban por ser los maestros en una lucha de iguales, lo cual implica respeto entre ellos. Nosotros hemos perdido este respeto a lo oculto, a lo bajo, a lo obscuro, etc. Con la llegada de la era moderna y las tecnologías hemos hecho lo imposible para iluminar lo que no quiere ni debe ser iluminado porque hay fases en los procesos del metabolismo o del crecimiento que deben realizarse en la obscuridad. Cuando Lilit emerge de su exilio disfrazada del ángel vengador, golpea con mayor fuerza física y emocional. La venganza de lo femenino, tal y como lo podemos observar en la naturaleza cuando intervenimos con su fluir natural, es implacable. La vida muere. El héroe de la novela de Juan José es un científico que muerde el anzuelo que Lilith le lanza. Que, por cierto, de la raíz griega BOL se deriva el verbo LANZAR.
Sin embargo, la seducción no siempre tiene una forma sexual. Puede tratarse de cualquier placer corporal/material y así puede manifestarse como tentación de los sentidos y de la adquisición de bienes materiales: comida, perfumes, telas de texturas suaves, etc. Es decir nuestra idea del paraíso terrenal. Como cultura, los maestros en la satisfacción de estos placeres son actualmente y tradicionalmente los árabes. Quizás también por eso se han convertido en los enemigos públicos número uno para los herederos de la cultura cristiana que promueve el castigo corporal a favor del espíritu.

Lo oculto, o lo que ha sido oprimido, tarde o temprano clama por ser reconocido y rehabilitado. Lilith ha jugado un papel importante en el movimiento feminista del siglo XX para reivindicar el papel de la mujer en la sociedad.

Astronómicamente Lilith o también La Luna negra significa el punto de equilibrio entre la Luna y la Tierra. La Luna recorre una orbita elíptica alrededor de la Tierra. La Tierra se encuentra a un lado del centro de esta órbita y se supone que simétricamente colocada del otro lado está la “luna negra”. En cierto modo, Lilith nos hace un gran favor en recordarnos nuestra falta de respeto hacia ella, restableciendo así el equilibrio conducente a la armonía. Así tengamos que bajar junto con el héroe de la novela de Juan José Orosa, a los lugares obscuros como son los antros de mala fama, los bares y los prostíbulos para restablecer el contactos con las criaturas de la noche. Seguramente hay otros modos de activar el chacra base en el área de los genitales y los obscuros rincones del inconsciente, pero habría que aprender las vías orientales. Hasta entonces no nos queda más que un encuentro con el Diablo z sus diversas caras prohibidas. Aun así el nombre de Lucifer -el portador de la luz- es más apropiado considerando el gran potencial de concientización que contiene el “bajo mundo” además de que activa la fuente de nuestra energía vital. Pase lo que pase cuando nos encontramos con estas entidades, es un pase seguro hacia una transformación o cambio radical en nuestras vidas. Hemos aprendido a temerle a todas estas cosas ya que se escapan a nuestro control racional. Tal vez en esto consiste su magia y su poder de atracción. Déjense, pues, seducir, como lo ha hecho Juan José junto con el protagonista de su novela, por esta fuerza llamada Lilith que, en un momento de luz repentina en medio de la oscuridad, le ha salvado la vida, o al menos ahorrado una gran decepción.