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Publicar poesía para niños, ¿suicidio literario?
Anécdotas alrededor de la obra de Manuel Iris
Raúl Diego Rivera Hernández (Fotos: unasletras)
http://www.unasletras.com/v2/../data/229.niño.JPG

Manuel Iris imaginó hace año y medio que publicar la primera edición de un libro de poesía infantil era un suicidio literario. Yo también compartía el mismo punto de vista. No recuerdo cuáles fueron las palabras del poeta para convencerme de vender su libro. Existen varias versiones que jamás coinciden y creo finalmente que nunca accederemos a la verdad. Sin embargo, acepté. Hice promesas de campaña como cualquier hombre que ha bebido tres cervezas y se siente capaz de cumplir al pie de la letra cada una de sus palabras. Me levanté de la silla, tomé el libro que me había regalado Manuel y me decidí a probar suerte.


—¿Usted tiene hijos? –, le pregunté al señor que estaba sentado en la barra.
—Dos—, me contestó.

En ese efímero instante donde los extraños rompen el hielo comenzamos a platicar sobre nuestras historias personales. Él era maestro de educación física, beisbolista retirado y excelente padre de familia (según sus palabras).

En cuestión de minutos charlamos sobre béisbol, la educación en México y la importancia de que los niños desde pequeños tuvieran motivaciones para acercarse a la lectura. En el precioso momento en que nuestras ideas alcanzaban un plano de trascender la historia para transformar el presente, apareció el libro de Manuel Iris.

Después de varios minutos convencí al maestro, ex beisbolista y excelente padre de familia de que comprara el libro porque resultaba una excelente oportunidad para motivar a sus pequeños en la lectura. Regresé a la mesa con Manuel Iris.

—Dice el señor que si le puedes regalar un autógrafo.

A partir de nuestra primera experiencia de ventas comprendimos que habíamos superado la idea del suicidio literario.

Manuel Iris empezó a regalar libros como bicicletas en época de campaña, mientras que yo buscaba presentaciones de Versos robados en escuelas primarias. Nuestro primer cheque fue motivo de celebración, así que decidimos hacer una fiesta en casa. Esa noche, cuando los desconocidos se despiden y sólo quedan las amistades de toda la vida, platicando las mismas anécdotas de siempre, Darío Cruz y Denis Pech sacaron la guitarra y el bongó. El ritmo de las primeras notas confundió a todos los presentes y la letra de la canción hizo que Manuel Iris sometiera su estado de ánimo a una profunda melancolía. Esa noche escuchamos por primera vez “la canción del gato”.

Darío y Denis fueron nuestra tabla de salvación, ahora podíamos combinar la música y la poesía en las presentaciones de libros. Poco a poco fueron adaptando algunos poemas a ritmos de cumbia, rock, corridos y salsas. Ahora sí, estábamos listos para enfrentarnos al público más sabio: los niños. En nuestra primera presentación tuvimos algunos problemas producto de la inexperiencia: Manuel habló sobre poesía durante 30 minutos, Denis y Darío estaban muy desafinados, y por momentos olvidaban la canción; yo quise abrir la presentación con un cuento terriblemente aburrido que concluyó con un grito de —¡Ya cállate narizón!

El verdadero éxito de Versos robados y otros juegos, apareció en la escuela Mateo Reyes de Calkiní, Campeche. Teníamos cuatro presentaciones con grupos de cincuenta niños. Obviamente tuve que cambiar de cuento; Manuel redujo su discurso considerablemente, y Denis y Darío afinaron las notas musicales. Al final de nuestra actuación, (porque a partir de ese instante descubrimos que era necesario disfrazarnos de personajes) los niños aplaudieron incansablemente. Aquí llegaba el momento triste, muchos de los estudiantes de primaria no tenían dinero para comprar el libro y creímos que lo más justo era dejar como regalo tres ejemplares en la biblioteca junto con los que habíamos regalado en la presentación. Los niños se levantaron de sus sillas pidiéndonos que les autografiáramos su cuaderno, sus camisas, calcetines, loncheras y tenis. El día finalizó con más de cien autógrafos repartidos por los cuatro, 15 libros regalados, tres vendidos y un ejemplar robado.

En el Cuyo, Yucatán, la escuela Nicolás Bravo, tuvo una respuesta similar pero un poco más efusiva. Resulta que cuando estábamos saliendo de la población, aparecimos en una zona que no se parecía al camino por donde habíamos llegado. Estábamos perdidos. Un grupo de niños que jugaban a la pelota estaba en medio del camino que conducía a la playa. Nos bajamos del carro a pedir información para salir a la carretera, y los informantes se negaron rotundamente a darnos la dirección correcta hasta que volviéramos a cantar "la canción del gato". A las cinco de la tarde tuvimos que afinar voces y guitarras para poder pagar nuestra cuota de partida del Cuyo. "La canción del gato" comenzaba a convertirse en himno.

Son muchas las anécdotas que hemos vivido en la promoción de Versos robados, con público que mide menos de un metro y medio, así como preparatorianos y universitarios. Algunas maestras han llorado con la voz de Denis; las mamás han bailado al ritmo del bongó de Darío. Las psicólogas se han enternecido con las palabras de Manuel Iris hasta el grado de preguntar si tiene novia. Los diseñadores y pintores se han emocionado con las ilustraciones del texto, hechas por Edilberto Barrero, creador de la mariposa y excelente amigo.

Son muchas las historias colectivas que rodean este pequeño libro. Desde la creación misma del texto en un espacio cerrado donde el poeta busca reconocer la tradición popular de los juegos, canciones y trabalenguas para hablarles a los niños en su idioma, hasta las horas que somete Edilberto para crear el dibujo exacto que no agote el poema en su significado, sino que le permita acceder al niño a la imaginación para justificar la imagen. Denis y Darío al mismo tiempo le han dado vida a los poemas convirtiéndolos en música. Nuestros viajes a Cancún, Playa del Carmen, Campeche, las escuelas primarias y comunidades del estado, Ciudad Juárez y Aguascalientes nos han hecho concientes de la importancia de nuestra labor social.

Para finalizar, quiero agradecer a la Universidad Autónoma de Yucatán por subsidiar la publicación de la segunda edición de Versos robados y otros juegos, en especial al rector, Doctor Raúl Godoy Montañez y, al mismo tiempo, al director de la Facultad de Ciencias Antropológicas, Dr. José Humberto Fuentes Gómez. Se unen a la lista de agradecimientos nuestros maestros de la licenciatura en Literatura Latinoamericana, quienes han sido una influencia decisiva para abrir nuevos senderos en el campo de las letras. Gracias al licenciado Enrique Poot y a la licenciada Gloria por pasar largos ratos en la cabina de radio, grabando las canciones del libro.

Para esta segunda edición resultó indispensable la aparición de Alejandrina Garza de León, diseñadora editorial, quien sin cobro de por medio, trabajó con Edilberto sobre algunas modificaciones a la edición anterior.

Este breve anecdotario es un tributo para quien en algún momento contempló la idea del suicidio literario. Para los creadores de la música que hacen que los niños bailen y se diviertan, pero sobre todo, aprendan a gozar del fenómeno estético; también para el inventor de la mariposa. Para nuestros padres y hermanos, que han tenido que cargar con la responsabilidad infinita de traernos hasta aquí. Muchas gracias.