 Dicho y hecho. Rebosa la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. No obstante, aun sin haber tenido la oportunidad de realizar un censo estadístico, puedo afirmar que entre el 80 y el 90 por ciento de los libros exhibidos provienen de empresas trasnacionales. La buena noticia es la presencia notable de editoriales mexicanas independientes, pertenezcan a la Alianza (AEMI) o no. Varias pronto se unirán a los 14 aliados actuales para fortalecer la presencia auténticamente mexicana no sólo en el extranjero sino en nuestro propio país, donde nos cuesta mucho trabajo que nos tomen en cuenta en las librerías comerciales dominadas por intereses ajenos.
Del domingo al martes se llevó a cabo el coloquio Los editores independientes del mundo latino y la bibliodiversidad, al cual asistieron 68 editores de 22 países de habla románica, de toda América —desde Québec hasta el Cono Sur— hasta África, pasando por Italia, Francia, España, Portugal, Suiza y Rumanía.
Fue impresionante confirmar hasta qué grado los editores independientes comparten una misma problemática: asfixia económica frente a las empresas multinacionales que aprovechan la ausencia de aranceles para avasallar el mercado de países donde la industria editorial es más débil. Con esta situación, España, Alemania y Estados Unidos están llevando a cabo una campaña de franca colonización o recolonización de los países americanos. Pero también sucede lo mismo en África, cuya problemática editorial está infinitamente más complicada que la nuestra debido al predominio de gobiernos antidemocráticos que ejercen censura y represión contra el libre flujo de ideas.
Para no ir más lejos, en algunos países africanos francófonos el impuesto del papel para imprimir libros rebasa el 48 por ciento. En otras palabras, resulta mucho más económico importar libros de Francia que hacerlos localmente. Y los que sí se imprimen en África son punto menos que inaccesibles para el 99 por ciento de la población. Esto sin contar los efectos de la censura política directa.
En vista de éstos y muchos otros problemas, la tendencia actual de los editores independientes es crear alianzas, no sólo entre sí sino también con los libreros independientes para fortalecerse mutuamente a fin de que los lectores de cada ciudad, región y país puedan conocer lo que ahí mismo se hace. También se ha buscado —y encontrado— la colaboración solidaria de instancias como Educal y el Fondo de Cultura Económica, que distribuyen los libros independientes en sus redes de librerías. Enhorabuena.
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