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Shhh es una tabla de salvación
"Siento una paz muy extraña después de haberlo publicado": Christian Núñez
Joaquín Peón Iñiguez (Fotos: unasletras)
http://www.unasletras.com/v2/../data/592.chr.jpg
Mérida, 20 de marzo de 2008. Para Christian Núñez, su recién libro publicado bajo el título de Shhh es un gran logro. Estuve en su presentación, el viernes pasado y, escuchándolo, me di cuenta del por qué. De todas maneras, para iniciar esta entrevista, le pregunto ¿qué hace tan significativo este poemario?

Shhh está compuesto con lo mejor de mi producción poética, pero también con lo más doloroso y visceral. Aviones y bocetos, el primer poemario fue un esbozo; todavía no había descendido a los infiernos. Con Shhh hay una inmersión. Llegué al límite. Fue un trabajo desgastante a nivel psíquico y emocional, puse en él mucha locura, mucha rabia, mucha violencia.  

¿Qué te empuja a escribir un libro tan visceral?

—La sociedad yucateca, la gente hipócrita, los amigos insinceros, los traumas personales. En un plano artístico, quería crear una estética desesperada, trágica y suicida. Quería transgredir. La negación es un punto clave para entender el poemario: negación de mí mismo, de la literatura (que puede llegar a ser muy cruel y malagradecida), del amor, de Dios y los hombres. Además, estaba harto de la poesía rancia que se produce a nivel local, que gira como un trompo sobre aspectos superficiales y se regodea en el adorno y la ostentación ridícula.

Pero más allá de la víscera, Shhh es una tabla de salvación, y siento una paz muy extraña después de haberlo publicado. Es como si me hubiera quitado un gran peso de encima, una bolsa de noventa kilos de basura y mierda. 
 
—En mi primera lectura del libro, de la cual surgió el prólogo (que disfruté escribir, por cierto), me di cuenta de que en tu libro hay un aire de venganza, de desquite, ¿es cierto?

—Sí. Me estoy dando la oportunidad de vengarme sádicamente, porque cuando recibí las agresiones de los aludidos no me podía defender. Porque los aludidos abusaron de mis buenos sentimientos, de cierta candidez que todavía no está del todo rota. Al poner el dedo en la llaga, hice un ajuste de cuentas. Y nadie lo hubiera hecho en mi lugar. Me vengué incluso de Christian Núñez, de ciertas falsas esperanzas, de su platonismo juvenil depositado en casi todo el mundo. Y si no hubiera pasado por este proceso vengativo, muy a lo Kill Bill, seguramente me hubiera podrido por dentro. Al menos, con la literatura no tuve que cometer asesinatos ni aprender artes marciales.
 
¿Cómo ves el ambiente cultural en el estado?

—Hace falta una renovación de los objetivos y criterios artísticos y, sobre todo, ejercer la crítica sin concesiones. El medio está lleno de burócratas farsantes, seudoartistas pretenciosos y vividores culturales. Se producen cosas medianamente buenas y demasiadas cosas de bajo nivel, muy folklóricas; no se comprende el arte conceptual y se hace arte conceptual, no se ha leído lo suficiente de un autor y empezamos a escribir como él o a imitarlo, hay mucho manoseo. Los jóvenes creen que con vestir ropa de marca, ponerse un piercing, meterse drogas y ver películas independientes el arte los iluminará. Pero no es así, hace falta dedicación y talento. Lo peor del caso es que las instancias oficiales, que andan muy desorientadas, promueven esa clase de actitudes al otorgar becas y facilitar espacios. Los propios funcionarios son los más despreciables de todos: sucios, mañosos, embusteros. El arte en Mérida tiende al embuste, a los fuegos de artificio. Propongo un auto de fe. Lo mejor de la mayoría de las exposiciones es el vino, tristemente.

¿Qué significado tiene para ti el silencio? ¿por qué Shhh?

—Por un lado, el silencio tiene un trasfondo nihilista en este libro. Con el silencio dentro del discurso, éste se ve amenazado. Es como un cáncer que se extiende lentamente. A través del mutismo la transgresión alcanza su desenlace lógico. ¿Vamos a transgredir en serio? Entonces neguemos la posibilidad de expresarnos, aboliendo el lenguaje. ¿Vamos a ser nihilistas? Entonces neguemos todo, empezando por las palabras. Pero también es otra cosa. Callar me da reposo. Tiene connotaciones místicas, budistas. Con el silencio existe la posibilidad de lograr un dulce equilibrio interior, un vaciamiento psíquico. Últimamente, leí un libro de entrevistas al filósofo André Comte-Sponville, y en ellas hablaba de las enseñanzas que le había dejado el budismo. Sin ser él budista, reconocía la necesidad de abandonar la balsa del conocimiento después de cruzar el río. Yo creo que el silencio plantea una salvación espiritual más efectiva que la culpa y el castigo cristianos. Con el silencio estás dándote perdón, pero un perdón metafísico. Quizá el perdón de haber nacido.

Cuando era pequeño, me enseñaron a resistir el dolor, a nunca quejarme. No era posible gritar, había que guardar silencio. Y en este libro, el silencio posee connotaciones negativas, es un silencio agresivo, una forma de decir: Bueno, ¿me querían callado? ¡Ahora verán!
 
¿Qué le aporta la gráfica al texto?

—Enriquece la experiencia estética y las asociaciones específicas. Los collages dialogan con los textos y se incluyeron para dramatizar el ambiente claustrofóbico. La idea era partir del molde ya clásico del libro con figuras, como los cuentos infantiles. De hecho, las referencias a la infancia son muy obvias, empezando por la portada. Y así le rindo homenaje a mi niñez perdida. Desde niño quería hacer algo así. Una vez me puse a escribir un pastiche sin pies ni cabeza, combinando argumentos de videojuegos con dibujos de superhéroes. El resultado fue lamentable, pero lo seguí intentando. Aprendí a dibujar, entré a Bellas Artes. Cuando llevé a editorial Dante el sobre con los poemas de Aviones y bocetos, incluí unos dibujos. Eran muy sencillos, no hacían aportaciones interesantes al poemario. Lo seguí intentando. Esta vez creo que salió mejor. El libro, si hacemos una metalectura, es un collage literario de casi 120 páginas. Y los collages son también poemas visuales. Existe una relación lúdica entre imágenes y texto.

El libro está dividido en varios poemarios, ¿tienes aprecio especial por alguno?

—Me gustan mucho Little child y el Libro del silencio.

¿Esperas alguna reacción de los lectores en el estado?

—Claro. Anoche en la presentación la reacción fue muy positiva, no lo esperaba. Y creo que Shhh será comprendido, al menos por los lectores sensibles. Con eso me doy por satisfecho.
 
¿Qué planes tienes a corto plazo como escritor?

Publicar un tercer poemario que antes había repartido fotocopiado en forma de cuadernillo. Se llama “Probablemente la lluvia”, eso y escribir otras historias, pasar a lo siguiente. Tal vez ya sea tiempo de superar el pesimismo, ¿no?