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"El hombres es un ser malo" declara joven novelista
III y última parte de la entrevista con Alejando Aldana
Joaquín Peón Iñiguez
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Mérida, 28 de septiembre de 2007. La novela Nudo de serpientes tiene una virtud envidiable. Retrata un momento histórico determinado, sin embargo, sobrevive y sobrevivirá el paso de los años. Esta es la tercera parte de la entrevista con su autor, Alejandro Aldana.

¿Cómo le hiciste para que una novela con un enfoque particular resulte universal? ¿Qué captaste que trasciende el tiempo? ¿Cuál es el secreto?

No hay secretos, es la misma historia de la literatura. Después de leer a los grandes maestros, uno termina reconociendo algunas cosas. Una de ellas es que la mejor forma de encontrar la universalidad es escribiendo de lo que conoces, no necesariamente que lo hayas vivido, pero sí que domines el tema, y las herramientas estéticas son lo que puede darte ese rango de universalidad. Aun cuando eso ya no dependerá de ti.

Tu literatura es muy violenta, tanto en sus imágenes como la historia en sí. Imagino que hay una clara intención detrás de esto. ¿Cuál es?

Claro, soy de los que opinan que el escritor es conciente de muchas de las cosas que escribe. Madura, crea y recrea la novela en su cerebro por mucho tiempo; escribe uno y mil borradores hasta estar convencido de lo que ha maquinado en el cerebro. Creo poco, muy poco, en la inspiración. José Antonio Reyes Matamoros al referirse a mis libros ha hablado de una estética de la maldad. Estoy de acuerdo con él en varios de sus puntos de vista. Parto de establecer la premisa de que el hombre bajo ciertas circunstancias es un ser malo. Tendemos a la maldad, independientemente de clase, género, nivel educativo, etcétera. Vivimos en una sociedad enajenada, manipulada por intereses que tienen como base el poder, el cual no puede comprenderse sin el capital económico. Así las cosas, el hombre pierde gradualmente la conciencia de sí y del contexto. La consecuencia es una exacerbada individualización, y para reafirmar esa individualización el hombre trueca los lazos comunitarios, de ayuda mutua, la solidaridad, etcétera, y una forma para reafirmase individuo es la fuerza, ya sea física, económica, religiosa, etcétera, usando en la mayoría de las ocasiones la fuerza bruta. El hombre entiende la vida, su propia vida, como propiedad privada, sujeta a la enajenación. Tolstoi dijo: ”No existen protagonistas positivos o negativos, hay buenos y malos al mismo tiempo, nobles y detestables. Hasta el último momento de mi vida procuraré descubrir la verdad”. Creo que ese es el papel de la literatura, hurgar en el espíritu del ser humano. No creo en una literatura para entretener. No creo en una literatura Light entendida ésta como suave, ligera, de pasa tiempo. Creo que cada verso, cada cuento, cada novela nos debe obligar a reflexionar, a preguntarnos sobre nosotros mismos, sobre está humanidad en perpetua crisis. No creo que la literatura sea una cura o que resuelva las grandes preguntas. Por el contrario, el arte nos hace tener más preguntas. Así genera, por lo menos en potencia, una relación dialéctica, un choque que nos enfrenta, no con el mundo, sino con nosotros mismo, para después tener otra actitud frente a la sociedad. La literatura no genera hombres buenos ni malos; cuando mucho, seres concientes.        

Además de tu labor como literato te has desempeñado como maestro y promotor cultural. Cuéntame del “Proyecto Yajalón”.
 

Mira, yo comencé a impartir clases desde muy joven. Como a los 19 años entré a estudiar un diplomado en la escuela de escritores de la SOGEM-San Cristóbal de Las Casas, al año siguiente José Antonio Reyes Matamoros me dio la responsabilidad de impartir la materia de narrativa, materia que a la fecha sigo impartiendo; eso me colocó en una posición de sumo compromiso, así que mis horas de lectura y estudio se triplicaron, tenía que estar a la altura de la encomienda. En la universidad fundé un grupo de promoción cultural, y entre otras cosas teníamos una revista, después fui maestro de narrativa durante unos 10 años en el Centro de Arte y Literatura Indígena, lo que me permitió conocer la riqueza cultual de los pueblos indígenas. Con el tiempo fundamos la Editorial Ediciones de el Animal, hicimos mucho trabajo de promoción cultural, varios años de seminarios, ciclos de conferencias, presentaciones de libros, etc, etc. El Proyecto Yajalón es producto de esos años. Me encontré con un candidato que decía interesarse por la cultura; mi reacción inmediata fue no creerle nada, sin embargo, durante su campaña siempre tomó en cuenta las necesidades culturales del municipio. Le presenté un proyecto ambicioso, y que implicaba un presupuesto generoso, y él aceptó. Así es como el Proyecto ha dado los resultados que bien conoces. Hoy Yajalón es un referente cultual en Chiapas y su nombre se escucha más allá de lo que nosotros hubiéramos esperado. Sin dudas, sin la confluencia de todos estos factores hubiese sido imposible concretar este plan de promoción, formación y difusión de la cultura desde Yajalón.

    Otro viaje, esta vez el de él, vuelve a acortar mi charla con Alejandro Aldana antes de tiempo. Hay mucho más de qué hablar sobre Chiapas, Yajalón, su obra, Pink Floyd, sus contemporáneos... Sin embargo, tiene que empacar las maletas. Barcelona está lista para recibirlo. Les aseguro que después de leer un par de páginas de Nudo de serpientes, tampoco les alcanzarán dos semanas, cien ocasos, para hacerle todo ese naufragio de preguntas que se queda flotando en la cabeza después de leer su obra.