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¿Qué se le puede exigir a un escritor?
Entrevista por entregas al escritor chiapaneco Alejandro Aldana (II)
Joaquín Peón Iñiguez
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Mérida, 27 de septiembre de 2007. La generación de Alejando Aldana, nuestro entrevistado, retrata la realidad chiapaneca sin censura ni matices suavizantes. Le preguntamos si los escritores más jóvenes deben continuar  por este camino.

No puedo hablar por mi generación. Sin embargo, puedo opinar sobre mi generación. Creo que quienes nacimos en los 70´s recibimos muchísima información, aun quienes nacimos en pueblos pequeños de Chiapas. La radio, T.V. periódicos, los acontecimientos sociales de un México que se caía a pedazos, un PRI hegemónico y autoritario, la incursión del narco en la política, profesores que en secundaria nos hablaron del comunismo y la lucha de clases, las constantes masacres en nuestras propias regiones, el lamentable papel de la iglesia católica, las movilizaciones magisteriales, el bloqueo a Cuba, la lucha en Guatemala, Salvador y Nicaragua, el fraude electoral del 88, la movilización inteligente, honesta y valiente de la sociedad civil frente a la incapacidad del gobierno ante la tragedia del sismo del 85, la aparición de la Liga 26 de Julio. No olvidemos que nos tocó el clima de repudio generalizado al gobierno priísta del 68, y del 71, hijos de las utopías muertas, de consuetudinarias crisis económicas, el intervencionismo de los EE.UU. Creo que todo eso nos coloca en una posición diferente, ni mejor ni peor. Leo a Nadia Villafuerte y encuentro valentía en sus textos, no hay autocensura; en Tryno Maldonado vemos un amor por el conocimiento de técnicas narrativas, habla sin resquemores; Julian Herbert irrumpe en el tejido poético con bombas molotov desde el uso del lenguaje “anti-poético”; Eduardo Huchin Sosa desde su propio estilo ironiza descarnadamente sobre la sociedad mexicana; Antonio Ortuño tiene como personaje de su novela El buscador de Cabezas a un fascista radicado en México; Heriberto Yépez en su A.B.U.R.T.O. nos habla de ese México pobre, marginado, ignorante. En fin, creo que no se le puede exigir a un escritor que ideologice su obra.         

Hablemos ahora de ti. No cabe duda de que eres el representante máximo que tu estado ha producido en los últimos tiempos. Muchos (me incluyo) te pondrían en el top-10 de jóvenes escritores mexicanos. ¿A qué dificultades te enfrentaste en Yajalón, Chiapas, ese rinconcito aislado del resto del país?

Mis necesidades estéticas fueron apareciendo a muy temprana edad. Comencé a leer muy niño, creo que principalmente porque el pueblo ofrecía pocos distractores. Por lo menos para mí no había antena repetidora de T.V. Siempre he sido físicamente débil, así que nadar en los ríos, ir a los ranchos, eran actividades que hacía esporádicamente. Mi refugio casi natural fueron los libros, pues afortunadamente mi padre es un buen lector y, de alguna manera, me indujo al mundo de la literatura. Los libros sólo podía leerlos en casa, ya que en el pueblo no había biblioteca pública. Ya estando en secundaria llegó la T.V, y la biblioteca pública, y claro me gustó leer más. Vivir en un pueblo tan pequeño fue un problema, pero no impidió que siguiera el caminito de las letras. Creo que aquella carta de Sábato: “Querido y remoto muchacho”, fue y sigue siendo un incentivo para seguir escribiendo.     

El escritor de nuestros tiempos recibe muchas más influencias que el de hace algunos años, y ni hablar de siglos. Además de la cantidad impresa de libros, están los Cds, los Mp3, la tele, la radio, los nintendos, Internet, etc. ¿Qué es lo que más ha influenciado tu obra?

En primer lugar, la vida. El trabajo de un escritor tiene que estar sustentado en su vida, amar, llorar, trabajar, equivocarse una y otra vez; hacer amigos y, en un santiamén, perderlos todos, crearte tus utopías y, al paso de los años, destruirlas para comenzar otras. Escribir es un proceso dialéctico, incluso el Borges que muchos creíamos un monástico esteta, tuvo sus aventuras, disparates, berrinches, peleas estúpidas, dudas existenciales propias de un ignorante, lo podemos leer en el Borges de Bioy Caseres. Conocer gente es muy importante, tratar hasta donde se pueda irrumpir en la condición humana, mezclarse con los ricos y los pobres, con los eruditos e ignorantes, así descubriremos lo complejo que es el ser humano. Después viene la influencia libresca, no podría enumerarte a todos, debo tanto a tantos, que estoy segurísimo aún no les he hecho justicia. José Revueltas, Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Eraclio Zepeda, José Antonio Reyes Matamoros, la novela de la generación perdida de los Estados Unidos, los grandes maestros rusos, Cervantes, los poetas franceses, Borges, Calvino, Fernando del Paso, Allan Poe… En fin, son muchísimos. Después, la música. Escucho mucha música, y siempre me ha interesado la relación entre el lenguaje de la música y el de la literatura. Soy un convencido de que la literatura es música, y una de sus herramientas estéticas es sostener una buena prosa desde el sonido mismo de las palabras; pero estructuralmente hablando, también son muy parecidas, concebir una novela como una ópera no es una locura. Combinar estructuras de la música de Mozart para contar una historia es embellecer el tejido narrativo. Concebir una novela no lineal, con claroscuros dramáticos, diálogos discordantes o la incorporación del narrador en el mismo cuerpo del narrador extradiegético viene del cine, pero también de la música, y claro de Joyce, Faulkner, Dos Pasos, etc. De los videojuegos nunca fui muy aficionado, aunque confieso ser de la generación Atari 2600.