San José, Costa Rica, 10 de septiembre de 2007. En un país de la región mesoamericana que el escritor beliceño David Ruiz Puga no ha querido identificar se habla el idioma Ispamal (¿?), una mezcla de español, inglés, maya yucateco y alemán. De este país, su gente y su cultura multiétnica trata Got seif de Cuin, la novela (escrita en español) que ha venido a engrosar la geografía imposible de la Literatura Hispanoamericana contemporánea.
Es importante destacar que el autor ha puesto a circular un texto que viene con un aire de humor que impregna sus páginas desde la primera hasta la última. Esto porque los comentarios de prensa y la crítica especializada coinciden en que si Ruiz Puga se hubiera propuesto hacer respirable el tono asfixiante que ahoga al lector en la narrativa del siglo XX, lo ha logrado. Su resultado: airear la atmósfera cultural hispanoamericana con un toque de frescura por sus contenidos, sencillez en el trato del lenguaje y narratividad a prueba en el abordaje de los grandes asuntos de nuestra contemporaneidad.
Su geografía es, muy claramente, la que inauguró don Ramón del Valle Inclán cuando narró la historia de Tirano Banderas y sus andanzas en Santa Fe de Tierra Firme, heredera de lo que se había llamado la Punta de las Serpientes, o sea un sitio ficcionalizado del Nuevo Continente. Es así que el país de la novela de Ruiz Puga se difumina de la misma manera entre Fayabón y Río Viejo, lo que es igual a no decir casi nada, en forma deliberada.
Y el escritor toma la perspectiva de los hablantes del español en una zona mesoamericana que, por los idiomas utilizados en forma imaginativa –o eso es lo que podemos colegir–, sus lectores pensamos que se halla entre México, Guatemala, Belice y Honduras, o por ahí.
De tal manera que podemos entender lo que ha hecho Ruiz Puga repitiendo la decisión literaria de grandes predecesores de la narrativa hispanoamericana. Entre las ciudades de Macondo (de García Márquez) y Comala (de Juan Rulfo), con límites en las comarcas de Uqbar Orbis Tertius (de Borges) que llegan hasta San Luis de los Jaules (de Max Jiménez), el beliceño Ruiz Puga ha ubicado el país que él nunca identifica, en forma explícita.
Eso sí, nos hace saber que en estas regiones se encuentran algunos pocos sobrevivientes de la legendaria Tipú y, de ahí en adelante solamente se leen vagas referencias que nada añaden al nombre propio de Tipú.
Esta ciudad se menciona pero como realidad pretérita y perdida en el devenir del tiempo, donde en una Edad de Oro precolombina crecían mazorcas con granos de oro y donde Chaac bajaba a regar las siembras con gotas cristalinas de jade imperial.
Obviamente, estamos en algún territorio mesoamericano que en mucho recuerda a Belice y más específicamente a la conocida ciudad de Benque Viejo del Carmen, en el distrito Cayo San Ignacio, de donde es originario el novelista, que nació en 1966.
El título de la obrita, que tiene menos de cien páginas, transcribe con una mala dicción en español –con lo que desde ahí da inicio al tono sonriente de esta narrativa–, la parodia de la correcta pronunciación del saludo británico al soberano: God save the king, Dios salve al Rey. Pero es que hasta eso es un motivo de humor, pues cuando la Reina Victoria ya había muerto, era preciso saludar al sucesor, y como los lugareños solamente sabían la anterior manera de dirigirse a ella, pues Got seif de Cuin. Leamos este fragmento:
El anciano dio un suspiro de alivio y levantando su bastón al aire, saludó al oficial exclamando: “Got seif de Cuin!”.
El oficial… sonrió. Le devolvió el saludo al alcalde, que se parecía a uno de los duendes que rondaban los callejones del pueblo, y con voz autoritaria que sacudió las paredes de lodo del Cabildo, exclamó: “God save the King!”.
Publicada en Guatemala en 1995 por la Editorial Nueva Narrativa, la novela es parte de una breve lista de títulos que David Ruiz Puga inició con la colección de cuentos Old Benque (1990) que, según el escritor, es una antología de leyendas mestizas con raíces mayas. También ha dicho que con estas páginas intentaba documentar los cuentos orales de su pueblo.
Prosiguió en este mismo género narrativo corto con La visita (2000), más bien cuentos de Ruiz Puga sobre la historia y el sincretismo beliceño en el área rural. Sus asuntos son la muerte, el respeto a los ancestros, la tercera edad, el diferendo territorial de Belice y Guatemala, y el fantasma de la guerra.
Finalmente ha incursionado en literatura infantil con Jonás Matapalo (2002), escrita en inglés y español.
El escritor considera que su tema es la conservación, con un nuevo despliegue del folclore beliceño.
La nutrida audiencia que se hizo presente a la conferencia sobre la narrativa contemporánea de Belice durante la semana literaria de San José a principios de agosto, sonrió primero discreta y muy respetuosa, aunque luego se escucharon las risillas apagadas, siempre discretas y más respetuosas porque algunos no podían sostener más la seriedad ni las caras largas y, al final, ya sólo se oía una sonora carcajada unánime en la que participaba hasta el mismo conferencista.
Esto fue lo que le sucedió a Jorge Mario Cabrera Valverde a medida que se desarrollaba su exposición sobre los contenidos de la novela Got Seif de Cuin, de Ruiz Puga.
La risa que solamente se había asomado, inundó el amplio salón que estaba abierto por tres costados cuando el expositor reseñaba que un Gobernador metropolitano, que tuvo el valor de visitar el poblado, dejaría constando en los anales de la Colonia los esfuerzos educativos emprendidos por parte de las misiones religiosas en la alfabetización rural:
“He oído a monjas alemanas tratando de enseñar a niños mayas de un libro escrito en inglés que tenían que explicar en español”.
Si le tomamos la palabra a Cabrera Valverde, se trata de Literatura centroamericana y caribeña de buen humor, y si atendemos a lo que dijo Ruiz Puga sobre esta novela a Jacinta Escudos –en una entrevista que se encuentra en la red, bajo el título: Más allá del exotismo–, sabremos que devela un recuento del movimiento independentista y nacionalista vivido por un pueblo que se veía impulsado por la libre autodeterminación de los pueblos.
Tenemos, entonces, los ingredientes del humor y los procesos políticos en un marco de relaciones internacionales. ¡Todo en un sabroso texto literario en lengua castellana!
La reacción colectiva de hilaridad y adhesión a Ruiz Puga que venimos narrando se produjo el pasado 13 de agosto en el Centro de México en Costa Rica durante el II Encuentro Mesoamericano Escritura-Cultura, y se fue haciendo insostenible a medida que el conferencista, con sus palabras, aludía a sus infaltables sátiras culturales.
El texto está plasmado en una perspectiva social que va de abajo para arriba, con lo que Ruiz Puga recoge la marginalidad de la gran mayoría ante los acontecimientos políticos durante siglo y medio de régimen colonial, empezando en un borroso y enigmático siglo XIX, tan difuminado como el mismo país al que se está dando origen.
El enredo de quién gobierna y en qué idioma, desde la lejana e ignota metrópoli, solamente se conoce por el cambio del retrato oficial, y un simple título basta para que estos súbditos tropicales se pongan a pensar que Su Majestad se halla en la India, a cientos de miles de kilómetros de Europa.
Escribe el novelista:
Un día sombrío y gris llegó al pueblo un cura de ojos azules y nariz respingada, quien dijo venía a establecer una escuela para enseñarles a todos el idioma en que Su Majestad deseaba que sus súbditos se comunicaran. Cuando don Enrique, el prioste de la Iglesia, le preguntó al cura a qué monarca se refería, éste respondió con enfado que hablaba nada menos que de la Reina Victoria, Soberana y Emperatriz de la India. Todos se quedaron boquiabiertos.
¡Ya nos llevó putas! ¡Ya nos vendieron a la India!, pensó el mayordomo rascándose la cabeza. Apretó las mandíbulas y se dirigió pensativamente hacia la Iglesia de guano para descolgar el retrato del Rey de España.
Como colofón de esta reseña iba a escribir sobre el lugar de Ruiz Puga en la literatura de Belice escrita en español, algo así como que, de aquí en adelante, la historia de Belice –o como se llame– surge detrás de cada línea a través de esos personajes que están al margen de la historia, pero tal vez es mejor decir que el autor ha logrado escribir muy bien desde Benque Viejo del Carmen sobre un pueblo con vocación de existir en el concierto de las naciones. ¡No es lo mismo!
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