 Mérida,
23 de junio. Son las 7 en punto, y es un día de estos largos, húmedos,
como los días iniciales del verano, con la playa llamándonos y la
ciudad cada vez más tediosa. Bajo esta tarde, en la terraza de La 68,
un grupo de personas se reúne para escuchar a Mayra Santos-Febres. A
las 7:20, aproximadamente, Mayra llega, trae un vestido blanco y negro
y un rebozo ligero, muchas palabras bajo el brazo y bromas en los
labios.
Antes de este encuentro con la escritora, la googlié
para conocerla un poco mejor. Encontré su blog, llamado Lugarmanigua.
Lo leí, y ahora que la veo por primera vez, siento que me entrometí
demasiado en su vida, ¿será?
Y
es que su blog es muy personal. Habla de su segundo matrimonio, de sus
hijos. De su participación en un maratón, de cómo cruzó la meta a pesar
de todo. También sobre eventos literarios. Leí entradas sobre Jorge
Volpi y sobre Iván Thays. Leí convocatorias para concursos, máximas
hiperrealistas, muchas cosas, realmente.
Esta es una mujer apasionada, nos dice su blog. Lo mismo que transmite su sola presencia, siemrpe con una sonrisa en la boca.
Enseguida de una presentación breve a cargo de Margarita Shrirmpton,
Mayra habla de su recién descubierto amor por Mérida (no llevaba ni una
semana de estancia en la ciudad), por sus alumnos del curso que
impartió en la Facultad de Ciencias Antropológicas y por toda la gente
que ha conocido aquí. Dice entonces algo muy cierto: “Compañeros,
Yucatán es Caribe”. Risas de la audiencia. Porque sabemos, Yucatán no
quiere nunca parecerse a nada, pero esto es Caribe. Y aquí, en La 68,
con cervezas o jamaicas bien frías, en una terraza llena de plantas,
amigos y de mosquitos, de verdad siento, por un instante, la brisa
caribeña.
Mayra se levanta de su silla porque, aclara, no puede leer poesía sentada. Mientras pasa las páginaa de su libro Boat People (2005), queda claro por qué. Mayra baila sus poemas convertidos en canciones. Sus manos marcan el ritmo de cada verso. Antes de comenzar un poema, sonríe deleitándose en las palabras a punto de ser liberadas. Habla del mar, de los indocumentados, de la sal. Gente que surca el mar en busca de otra vida. Boat People. Diviso a Elena Poniatowska; sigue la lectura con su libro abierto.
Mayra cierra el poemario y se sienta. Le toca el turno a su novela Fe en disfraz, que será publicada en octubre por Alfaguara.
Mayra dice que conocer a sus lectores en un regalo. Nos cuenta que ésta es su primera novela corta y que en ella trata de explorar la esclavitud desde el presente, con una historia de amor entre una museógrafa venezolana de raza negra y un historiador; ambos trabajan en un museo de Chicago. Ella es la jefa, y cuando se encuentra con él (siempre entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre), lo hace vestida de esclava.
Anochece y termina de leer. Se seca el sudor de la frente y alguien le acerca un par de cervezas.
Mayra Santos-Febres comparte con sus lectores mucho de sí misma. Tal vez por eso después de la lectura no sigue el tradicional bloque de preguntas y respuestas, ella prefiere pasearse, cerveza en mano, entre los asistentes y platicar. Hay que ahondar en los temas que la escritora aborda en su obra: sabiduría antigua, rituales eróticos y creencias caribeñas.
A Mayra Santos-Febres la sigue con la cámara fotográfica su esposo, el periodista Mario Santana, y ahora la retrata con Elena Poniatowska, su amiga. La luz del sol se ha escapado casi por completo, así que buscan una fuente artificial para tomar la foto sin flash. Yo también las retrato.
Todos quieren un poco de atención de quien este día trajo el Caribe puertorriqueño a Yucatán, éste que antes sólo era caluroso y húmedo, y ahora es de letras y fiesta.
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