You need the Flash Player version 9.0.0.0 or higher and a JavaScript enabled browser to view this site
El Caribe, matriz del mundo
La hibridez es nuestra naturaleza hallada
Mayra Santos-Febres (Fotos: Eugenia Montalván Colón)
http://www.unasletras.com/v2/../data/663.cub.jpg

San Juan, Puerto Rico, 18 de agosto de 2008. Gracias a Dios que tenemos por donde empezar de nuevo. Pienso en Wilson Harris y sueño. Sueño de nuevo al Caribe desde su "Womb of Space". El Caribe es una de las matrices del mundo. Desde él se parió la industrialización de Europa y la primera fase de la globalización del mundo occidental. Durante los siglos 14-19, fuimos uno de los centros más importantes de la producción económica de Europa y Estados Unidos. Azúcar, tabaco, ron, esclavos… éramos puertos de compraventa y de exportación de materiales crudos que se refinaron e impulsaron a las máquinas y la banca en la Inglaterra y la Alemania pre-industrial. Luego, después de la primera y la segunda guerra mundial, pasamos a ser otra cosa. Una fuerza de trabajo desplazada a los centros mismos que convocaron la existencia actual del Caribe. Ahora vendemos sueños en forma de paquetes de turista. Nos hemos movido del centro a la periferia. Pero, precisamente por eso, hemos pasado por una experiencia que ahora al mundo se le hace nueva, la experiencia de la globalización. De lo que ahora el mundo llama lo "multicultural", lo "híbrido". El Caribe es la matriz de la hibridez. Esta es nuestra naturaleza hallada.


Yo quisiera que el Caribe protegiera más su hibridez, que la acentuara. Este elemento es crucial para abandonar la pesadilla del Caribe definido e imaginado desde su carencia. La multiplicidad de tradiciones discontinuas, truncas y reinventadas en el Caribe son la base de un crecimiento importante para la región. Ya lo único que nos queda por exportar es la cultura, la cultura de masas, y la letrada. Si nos fijamos bien, el Caribe vive mejor desde su música, arte, literatura; desde su baile y sus teatros que desde cualquier otro de sus productos manufacturados. La cultura, que es una manufactura que sólo se renueva desde los sueños de los caribeños, es la única bandera que sigue ondeando en la brisa. La música y la canción es la pancarta caribeña a nivel global. La literatura y el arte visual le siguen de parejo. Sólo falta levantar una industria del cine. No que venga Hollywood a filmar sus películas, sus anuncios aquí, sino filmar lo nuestro. Creo que es un reto muy grande y casi imposible de conseguir, pero sueño con ello.

Y sueño con un Caribe consciente de su multiplicidad como ganancia y no como pérdida. Imagínense conmigo, amigos, un Caribe consciente de su tradición y su ruptura con las culturas que lo configuraron (además de con las culturas europeas). Un Caribe chino, hindú, árabe, judío, bantú, congo, yoruba, arauaco, contento con la idea de que la pureza es estéril, de que las tradiciones son sueños de la razón que a veces producen monstruos. Un Caribe contento con su hibridez multicultural, que no pida excusas por su "trauma" sino que la celebre, como está empezando a hacer el resto del mundo globalizado. Es crucial que le saquemos ventaja a la experiencia que tenemos en la creación de tradiciones e identidades nuevas. Las tradiciones se pueden reinventar desde el Caribe y para el mundo sin mirarlas con pena, como a veces miramos a nuestros carnavales (una tradición "pagana", "vulgar", "peligrosa" ) o a nuestras telenovelas (banal, estúpido, ligero), o a nuestra música (sexual, amenazante, chabacana) o a cualquier expresión cultural que emerja de esta preciosa matriz que somos.

Sueño con un Caribe que desde su fragmentación, desde sus huidas, desde su ignorancia y desde su impureza produzca más cultura de masas y la exporte. No me interesa la unificación caribeña ni el sueño de Betances de la Confederación Antillana, ni un diálogo político concertado. No creo que a nosotros se nos de otro orden que el ritmo. Y el ritmo es repetición. Confío ciegamente en que el ritmo de las culturas caribeñas ya está establecido. La cosa es crear como unos locos para que cada cosa caiga en su lugar y establezca el patrón desde el cual saldrá la definición móvil y cambiante.

Nosotros no somos gente estática, ni lineal, ni pura. Qué bueno. El Caribe es móvil e inconstante, como la orilla de una playa, que cambia con cada marea. Bien. Pues soñemos con patrones y no con definiciones, con movimientos y no con categorías, con viajes en vez de con sedentarismos. El Caribe es y sueño con ello, con que se convenza de que es, que existe, que tiene poder para nombrar y decir y desdecirse con fuerza. Lo que somos y seremos ya está escrito sobre las mareas y rebasa toda definición. Todo el Caribe se parece a nosotros mismos, por encima y por debajo del mar, los idiomas y las desconfianzas. Así debe ser, supongo. Sueño con que el Caribe siga siendo consciente de sus carencias, pero con más fe. Con más texto, más música y más arte y mayor exposición global de sus productos culturales. Ese es mi sueño, eso simplemente. Ojalá se nos dé.