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Entrevista con la escritora cubana Marilyn Bobes
A propósito de su novela Fiebre invernal
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
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La Habana, 10 de marzo de 2008. Frente a un policlínico, en El Vedado, hay una casa verde, amplia y llena de ventanas con un piano en la antesala; aquí vive Marilyn Bobes, autora de Fiebre invernal, Premio Casa de las Américas 2005, novela con una fuerte carga autobiográfica, si bien los hechos aparecen algo tergiversados, según la autora, lo cual no obsta para sentir en el ambiente de su casa el aura que se respira en la novela que acabo de leer.

Se trata, en pocas palabras, de una mujer pasada de los 40 años que debe renunciar a su matrimonio porque el esposo se enamora de una mujer mucho más joven y decide irse a vivir con ella.

—La novela, explica Marilyn, sí tiene cosas que corresponden a mi vida, sólo que están puestas de acuerdo con la trama principal.

En general, —dice—casi toda novela tiene algo de autobiográfico, mucho más si parte de una escritura realista y contemporánea como la mía; es inevitable que el autor no esté dentro, pero como decía Raymond Carver (escritor varias veces citado en Fiebre invernal): “Tú no eres tu personaje, pero tus personajes sí son tú”. Ese es el axioma de la novela.

—Aparte del premio de Casa de las Américas, ¿qué satisfacciones le dejó el proceso de escribir Fiebre invernal?

—Después de escribir poesía y cuento, mi gran ambición era escribir una novela, por eso me sentí feliz el día que la pude terminar. Durante los cuatro que me tomó, gran parte del tiempo pasé acortándola porque era muy larga y finalmente me quedé con esas ciento y pico de páginas ya que, me parece, traducen lo esencial. Con esto quiero decir que el proceso de escritura fue realmente arduo; las satisfacciones vinieron hasta el día en que la vi terminada, entonces sí me sentí muy orgullosa de mí misma.

Claro, —continúa— su aparición fue un verdadero momento de felicidad para mí porque obtuvo nueve críticas muy positivas, lo cual no es frecuente en Cuba, y, por otra parte, la aceptación popular a nivel del lector promedio ha sido muy grande. Todo el mundo viene y quiere saber más.

Fiebre invernal ha tenido relativamente rápida difusión; se publicó en Puerto Rico y está por ser editada en Italia y Venezuela, lo cual no deja de ser sorprendente, pues Marilyn no cuenta con agente literario o representantes.

—El tema, seguramente, atrae a mucho más lectoras que lectores, ¿no es cierto?

—Por supuesto que sí, mujeres, y sobre todo pasadas de los 40 años, se ven reflejadas, aunque también los lectores hombres, cosa que me asombró, pues yo desde siempre pensé que la novela sería sólo para mujeres, pero parece que los hombres sienten cierta curiosidad por saber qué piensa una mujer de esa edad acerca de los hombres y cuál es su evaluación de la realidad, pues la novela no se limita a una cuestión sentimental, sino que presenta el relato de algunas cosas que han ocurrido en el país en los últimos años.

—Sí, resulta evidente que quiso dejar constancia de ciertos pasajes históricos.

—Bueno, para mí lo principal es que la novela atrape, entretenga y que el lector disfrute leyéndola ya que hemos perdido un poco el sentido de disfrutar la lectura con tanta experimentación y complicación. Claro, sí me interesa provocar la reflexión, pero a través del disfrute.

—¿Fiebre invernal le abre las puertas para publicar fuera de Cuba?

—No, antes había publicado un libro de cuentos en Italia y Argentina, aparte de que aparezco antologada en diferentes partes del mundo. No perdamos de vista, sin embargo, que hay muchos factores extraliterarios que conspiran contra la difusión de un escritor cubano y latinoamericano, en general. Existe la dictadura del mercado que funciona como una especie de censura, pero yo no ambiciono que se abran más puertas, no estoy desesperada por publicar en el extranjero, ni mucho menos. Me conformo con tener reconocimiento en mi país, que es el que más me interesa, realmente.

—¿Qué representó para usted el reconocimiento que obtuvo Senel Paz con el guión de la película Fresa y chocolate? Se lo pregunto porque son autores contemporáneos, ¿verdad?

—Antes que el reconocimiento está el escritor, y cuando yo oí el relato de Senel, El lobo, el bosque y el hombre nuevo, me di cuenta que iba abrir a la literatura nuevas posibilidades de interpretación de la realidad, y me interesó muchísimo la manera en que Senel cuenta sus historias, aparte de que también tiene la divisa de entretener.

Yo siempre he dicho que uno de mis escritores modelo es Senel Paz. Todavía no se sabe el papel que él ha jugado dentro de la literatura cubana porque mucha gente ve ante todo la obra de los novísimos, pero yo pienso que si Senel no hubiera escrito ese relato, la literatura cubana no se hubiera abierto como se abrió a tantos temas y diversidad de estilos.

Marilyn Bobes y Senel Paz ganaron los premios David en 1979. Ella en poesía y él en cuento; el reconocimiento representó para ambos su entrada en el mundo literario.

—Llama la atención que en su novela sea tan explícita con dos temas fundamentales: el machismo y los balseros.

—Me limité a escribir una historia con mis experiencias. Traté de reflejar mi realidad, no conscientemente, sino que salió dentro de la historia. Si hay machismo es porque lo había o existe en la sociedad cubana, y si se habla del problema de las balsas es porque todavía estamos padeciéndolo. Sin embargo, me interesa más la vivencia cotidiana de la gente que las explicaciones sociológicas.

—En ese sentido, es notable cómo se están interrelacionando las generaciones de escritores. He leído también a autores jóvenes que abordan esa misma fatalidad.

—Tienes toda la razón. Es una observación para que tengan en cuenta los críticos cubanos. Nadie había planteado ese ángulo. Efectivamente, nos hemos encontrado los escritores de todas las generaciones en muchos temas comunes.

—La escritora María Elena Llana dice que en Cuba está surgiendo una escritura cargada de excesos, continuación de lo que se llamó en su momento realismo aucio, ¿está al tanto de esta corriente?

—Por supuesto. En uno de los espacios que promuevo en el Centro Dulce María Loinaz para narradores, siempre habíamos invitado a escritores consagrados porque esa era la línea, pero como ya se nos han agotado decidimos empezar a invitar a escritores jóvenes, y una muchacha provocó con su lectura que la mayoría del público saliera horrorizado.

El realismo sucio ha proliferado mucho, pero yo creo que de esta corriente (como de todas las corrientes) quedará lo que vale literariamente; lo demás pasará, yo misma he retomado algunos aspectos, y es que muchas veces se identifica al realismo sucio con pornografía solamente,  y no es así, el realismo sucio es una corriente mucho más amplia. Carver, por ejemplo, pertenece al realismo sucio por su minimalismo y su manera de ver los aspectos marginales de la sociedad, así que se ha mal entendido un poco el realismo sucio.

—Lo que para algunos resulta molesto es que se haya acentuado la tendencia hacia lo grotesco…

—Eso lo inició aquí Pedro Juan Gutiérrez, un autor muy conocido a quien yo respeto mucho. Él es el iniciador de algo que no había tocado la literatura en Cuba,  pero ya es inevitable que la gente repita fórmulas de éxito, que la gente trate de explorar todo eso a ver si logra el mismo éxito que Pedro Juan. Eso es inevitable.

 —Como si se tratara de una fórmula maestra…

—Lo es porque el mercado pide ese tipo de literatura también. El mercado español es muy dado a eso a partir del éxito de Pedro Juan.

—¿Qué futuro le ve a ese fenómeno literario en Cuba?

—Le veo futuro a lo que sirve literariamente; los valores estéticos son muy importantes independientemente de la corriente a la que se afilie. Le veo cierto futuro, pero le veo un peligro muy grande también, y es el agotamiento. Esos temas se agotan muy rápido. La sorpresa que causó Pedro Juan no se puede repetir. Al menos yo como autora, me cuido mucho de repetirme, y ten por aseguro que mi siguiente novela va a ser completamente diferente a ésta.