 Mérida, 4 de octubre de 2007. Ésta es la tercera parte de la entrevista con el escritor Heriberto Yépez y viene acompañada de la reseña de uno de sus libros recientes: 41 Clósets (Conaculta/Cecut, 2005) que puede leerse en la columna Homeless de Christian Núñez.
Yépez habla mucho de sí mismo porque esa fue la intención de la entrevista: saber de su vida.
“En mí hay un montón de yo(es) actuando, —dice. A veces siento que lo que escribo es todo lo que mi madre me ha contado y yo —simplemente— lo transcribo. Muchos cuentos son sueños míos, y por eso considero que quien escribe, aunque no lo sepa, está siendo un vehículo de los ancestros y de los lenguajes de su cultura.
“El elemento del yo es insignificante, pero cuidado, si no te pones trucha sólo una parte muy reducida de esas voces se filtra a tu escritura, pero si abres el umbral, las voces de tu cultura y de los ancestros se juntan… todo se vuelve una cosa horripilante y a la vez sublime”.
Mi silencio indagar el origen de esta teoría. El entrevistado se da cuenta y argumenta que la teoría de la inspiración —que viene desde Platón— establece que no eres tú el que está hablando, sino que son otras entidades.
“A mí a veces me preguntan ¿por qué escribo tanto? Más bien mi pregunta es cómo le hacen para no escribir. Yo no veo que haya ningún problema para el flujo del lenguaje”.
—El problema es atreverse a escribir y asumir que vas a comunicar algo.
—En los talleres con mis estudiantes y viendo a otros escritores, me doy cuenta de que muchos tienen miedo a ser juzgados o a equivocarse y por eso. aunque tengan una idea, siempre se preguntan cómo la van a decir.
—Existe un concepto predeterminado de escritor/escritora en el que muchos quieren encajar. Es como si existiera un paradigma del escritor perfecto al cual ajustarse…
—A veces dicen que publicar es cuestión de ego, pero yo creo que no porque si publicas te expones e incluso aburres. En mi caso, por ejemplo, escribí un libro sobre Tijuana, y luego otro y otro, entonces, ya tengo mucho sobre Tijuana en el mercado, pero a mí me sigue intrigando Tijuana y, bueno, como escritor puede que sí sea un problema, pero si estás haciendo a Tijuana lenguaje eso no te importa.
De cualquier manera, yo cambio mucho: ensayista, novelista, y si luego me da curiosidad por escribir poesía…
—Le entras a todo.
—Desde niño así fue. Cambié de identidades a cada rato, y lo transferí a la escritura sin darme cuenta. Tengo mucha conciencia de mi mortalidad, y no quiero tener 50, 60, 70, 80 años y decir nunca me aventé de un segundo piso, nunca escribí una novela, nunca…
—¿Y ahora mismo, qué piensas de lo que ya has logrado?
—Que ya invertí mucho tiempo escribiendo. ¡Estoy harto de escribir!
Heriberto Yépez trabaja actualmente en una nueva conceptualización del espacio urbano con dos colegas: Alejandro Zacarías y Abraham Cabrera. Con ellos hizo una especie de tribu para desarrollar un nuevo concepto de vivienda popular que consiste en modificar los espacios habitacionales típicos de la gente más pobre de Tijuana, y parte de que literatura, la crítica o traducir a un poeta norteamericano no son problemas urgentes.
“Los que estamos relacionados con el lenguaje tenemos que salir del mundito literario y ver cómo el lenguaje conecta con otra lógica urbana… Producir otra cultura, otra forma de habitar las ciudades, ver cómo reprensamos el espacio”.
Explica que la vivienda tijuanense popular es experimental, pero que hay que ver cómo transformarla en un espacio experimental que deje de ser autocastrante y deprimente.
La finalidad es trabajar con los vecinos de tal manera que construyan como construyen pero con elementos propios de la arquitectura, las artes visuales y otras disciplinas que él y sus compañeros y alumnos manejan por su educación estética, conceptual, sicológica…
Este proyecto se llama Transconstrucciones y parte del ensamblaje/reciclaje, técnica básica de la construcción popular tijuanense.
“Entre diciembre y enero vamos a tener una materia que se llama Teoría y técnica de la transconstrucción, pues tuvimos la desfachatez de abrirla en la Escuela de Artes de la UABC (Universidad Autónoma de Baja California). Entonces, lo que vamos a hacer es que los alumnos aterricen en esas viviendas en lugar de trabajar para galerías”.
—¿Te influyó la psicoterapia para tomar la decisión de intervenir viviendas ajenas?
—Muchísimo, porque en mi proceso psicoterapéutico me di cuenta de que no estaba viviendo. Esa es la fase que sigue para mí como actividad; no sé si para un año, dos o tres.
Sentí que me estaba perdiendo mucho de la vida, que no estaba disfrutando, que a veces no veía el mundo, y podía estar en un parque pero yo seguía dentro de un espacio mental. Me di cuenta que no tenía ojos, que no tenía tacto, olfato… Me di cuenta de que yo estaba dentro de mi mente.
—¿Aislado del mundo?
—Sí y no porque siempre he sido muy sociable, de fiestas… siempre he sido de muchos amigos, pero a la vez recluido en mí mismo; totalmente en mi cabeza, entonces, cuando me empecé a dar cuenta, cuando empecé a establecer contacto con el aquí y ahora, gracias a la ayuda de los psicoterapeutas, fue como que ¡órale!...
—El hecho de que hayas decidido estudiar psicoterapia y luego dar terapia, me hace pensar que eres una buena persona.
—No…
—Yo creo sí porque una vez superada esa crisis de la que hablas, pudiste haber hecho cualquier otra cosa, y en cambio te volviste terapeuta. A mí me parece que eso habla de tu bondad.
—Más bien si tú ya decidiste tener un proceso de aceptación de ti mismo, te acompaño en ese proceso. O sea, yo no tengo nada qué enseñarte; tú lo vas a hacer y cuando te quieras retirar, tú sabes; no es mi problema. Tú vas hacer lo que tú quieras. No vienes aquí a cambiarte… No vienes a ser otra porque eso sería evadir tu realidad; vienes a aceptarte, vienes a conocerte solamente. En este proceso yo también aprendo de los otros.
Yo me hice psicoterapeuta como parte del proceso de aprender quién soy, qué no acepto de mi mismo, y cuando yo sienta que ese proceso ya tiene un buen nivel, voy a soltar la psicoterapia porque no me quiero quedar con ninguna de mis identidades.
¿Escritor, novelista? Sí. Pero soltar esa parte cuando quiera. ¿Periodismo? Cuando necesite hacer una nota la puedo hacer, pero no soy periodista, no soy novelista, no soy ensayista, no soy profesor de filosofía, no soy profesor de historia del arte, no soy psicoterapeuta, no soy ensamblador de una maquila, no soy mesero…
Continúará... |