Cancún,Quintana Roo, 22 de mayo de 2009. El escritor Carlos Hurtado acepta quesu nueva novela puede ser mejor comprendida entre aquellos lectores querondan los 50 años de edad. Lo afirma al presentarla ante los mediosde comunicación, minutos después de que había dicho que para leerla nohace falta mucha experiencia en el terreno amoroso. Le damos la razón. Otra vez las margaritas(unas letras industria editorial, 2009) es la recapitulación de unahistoria de amor adolescente desde la perspectiva de la madurez. Faustoy Morgana, los protagonistas, interrumpen su romance por un embarazo nodeseado. En ese entonces, los padres y hermanos mayores deciden porellos y los separan. Treinta años después se encuentran en Internet yempiezan a escribirse a diario, cada vez de manera más constante, hastaque, finalmente, sobrecargados de deseo, deciden encontrarse.
Lahistoria está contada tal cual, con realismo y naturalidad.Prácticamente transcribe los diálogos del correo electrónico, pero conuna intensa dosis de emotividad que vuelve al lector un cómplice deesta aventura erótica “cocinada” a larga distancia. Morgana vive en laCiudad de México y Fausto en Cancún.
Otra vez las margaritasse presentó anoche en el Mesón del Vecindario, y aquí entrevistamos aCarlos Hurtado, el escritor que con más pasión se ha dedicado aescribir sobre Cancún, ciudad de la que presume ser fundador.
Empezamos por el tema sustancial: el amor. Habla el escritor:
—El planteamiento de esta novela en términos del enamoramiento es queéste se desgasta y, por lo tanto, se termina, pero como en este caso nohay tal desgaste, sino que se acabó por un rompimiento abrupto, mipregunta es qué pasó con la pareja… ¿Es posible rehacer esa historia deamor treinta años después? ¿Sobrevive el amor? Yo pienso que sí.
—Y por fortuna, los personajes cuentan con la herramienta perfecta para recapitular el pasado y, encima, fantasear…
—Yo creo que una de las conductas humanas en las que el Internet ha tenido una ingerencia verdaderamente importante es en el amor. No creo que antes haya habido algo que interviniera tan fuertemente en las relaciones de pareja. Es una forma de comunicarte en la que incluso las personas tímidas como yo nos atrevemos a ser abiertos. Y está demostrado que así, a través de Internet, te puedes enamorar. Es muy fácil avanzar en una relación por ahí, sin dar la cara.
—Un enamoramiento real, sí, y sin tocarse…
—Eso a mí me parece algo digno de observar, por lo menos, pues las relaciones humanas, en general, han evolucionado, pero al amor lo afectó de una manera considerable para bien o para mal. Sin querer te puedes enamorar de alguien de tu mismo sexo o de alguien de una edad que no te conviene y, sin embargo, te enamoras.
—El amor es riesgo, de cualquier manera, con o sin Internet.
—Para mí el mayor riesgo es que el amor se convierta en odio y termines aventándole el salero a tu pareja. Un final muy común, pero que yo no soportaría.
Carlos Hurtado (México, D.F., 1955) hace alusión a su propia vida porque como consecuencia de una crisis matrimonial, precisamente, empezó a investigar a fondo la conducta amorosa, y de ese análisis surgió Otra vez las margaritas.
Hace confesiones personales porque entre la realidad y el personaje masculino de su novela hay ciertas coincidencias. Aunque amaba a su mujer no podía evitar chocar con ella.
En este momento de la entrevista estamos rodeados por periodistas y gente curiosa que escucha. Carlos Hurtado dice: “Según los que saben —entre ellos un psiquiatra español muy controvertido que se llama Rafael Manrique—, el amor se desgasta, a diferencia de la amistad que puede ser cada vez más grande y profunda, pero como el amor es pasión, simplemente no puede durar toda la vida porque te consume.
En tu novela, —le digo para volver al tema— es evidente ese desgaste en la vida de ambos personajes. Hay, incluso, frustración.
—Un problema de esta sociedad es que confunde el amor con la institución matrimonial. Con tal de salvar su matrimonio, las personas hacen una serie de concesiones increíbles, pero resulta que no puede haber un matrimonio feliz si las personas no son felices.
—Entonces, entre otras cosas, sobreviene la infidelidad, un filón que sustenta —en gran medida— la historia contada en la novela.
—En una primera etapa del enamoramiento no hay manera de ser infiel. Sin embargo, con el paso de los años, sí, lógicamente. Pero realmente yo considero que una infidelidad —en el matrimonio— es un asunto menor comparado con una falta de respeto profunda en la convivencia diaria, por ejemplo, los golpes.
—Lo cierto es que tanto Fausto como Morgana son infieles. Los dos tienen amantes. Y por internet ambos se confiesan esa doble vida.
—La mayoría de las personas se asombrarían mucho de conocer la gran cantidad de personas que llevan una doble vida. Por eso el tema está en esta novela y en la literatura, el cine, etcétera...
—La novela, hay que decirlo, nos muestra al Cancún del siglo XXI. El desenlace del romance cibernético se da aquí en el Caribe, y pintas muy bien el contexto...
—Yo tengo la fijación de escribir sobre Cancún. Cancún para mí representa el privilegio de participar en la fundación de una ciudad, un privilegio que pocas personas pueden tener, y nunca dejaré de estarle agradecido. Aquí vivo.
—Otra cosa importante es el toque feminista de la novela. Para decirlo pronto: Morgana es valiente, consecuente con sus deseos, al menos.
—Uy, si tú supieras… En México, el 56% de las mujeres son infieles.
Por último, Carlos Hurtado reflexiona acerca que el amor de pareja, el amor erótico sobre el que escribe en Otra vez las margaritas está fuertemente influenciado por el romanticismo, y más allá de las escenas eróticas sobre las que escribe con lujo de detalle, se refiere a algunos poemas que Fausto, inspirado, le dedica a Morgana, y que, —acepta el autor— son de una cursilería profunda:
Después del tiempo/ tu espalda es el camino,/ el justo destino de mis besos empeñados, / la mar en calma que conduce a los sagrarios / la extraviada utopía de mis ansias destinadas…
Ante estos versos, Carlos Hurtado, el novelista que jamás ha publicado un solo poema, suelta una ruidosa carcajada… Y después nos confiesa que así, jugando a hacer poemas cursis, dio con el título de su novela.
Para la publicación de Otra vez las margaritas, unas letras industria editorial contó con el respaldo del Ayuntamiento de Mérida.
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