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La Habana,
Cuba, 15 de noviembre de 2007. A punto de aplicar para la Beca Fronesis de
creación novelística, Ahmel Echevarría llega a esta entrevista con el proyecto
que presentará recién terminado. Si gana la beca obtendrá 400 pesos mensuales
durante un año. 400 pesos cubanos, el equivalente a 16 CUC, poco menos de 15
dólares al mes.
Yo, que sé que una cerveza en un restaurante cuesta
1 CUC, calculo que esta “ayuda monetaria” no da para mucho, y comparto mi
primera impresión con Ahmel para dar paso a la entrevista.
Lo que pasa, dice, es
que hay diferentes maneras de generarse
un apoyo económico, y el escritor debe agenciarse esas diferentes maneras para
llevar adelante ese proyecto en el que está inmerso, ya sea colaboraciones en
revistas, dando charlas, impartiendo conferencias, siendo jurado de concursos…
Todo eso implica diferentes vías de ingreso pero que a la larga, igual, como
que no satisface, y no implica cierta tranquilidad en el acto de creación.
Continúa. A mí me llegó
la noticia esperanzadora de que se está valorando el tema del pago de derechos
de autor para los escritores para aumentar la cantidad a pagar porque hasta
ahora el límite máximo son 10 mil pesos cubanos, y se piensa duplicar la cifra.
Conocí a Ahmel Echevarría (La Habana, 1974) en un
evento literario al que me colé con mi amiga María Elena Llana, escritora que, casualmente, fue jurado del concurso en el que Ahmel
resultó premiado con la publicación de su libro Esquirlas (Pinos Nuevos, 2005),
el cual, por suerte, me regaló y pusimos como pretexto para nuestro encuentro
la tarde siguiente, frente al malecón de La Habana.
—A ver, tratando de aclarar un poco las cosas, ¿por
Esquirlas recibiste algún pago?
—Hay dos vías para
recibir un pago por la obra terminada, y las dos redundan en un pago por
derechos de autor. Por lo general, la
mayoría de los autores, sobre todo los jóvenes, deciden enviar el manuscrito a
un concurso, y toda vez que el escritor gana, recibe un premio en metálico,
pero al mismo tiempo los concursos más importantes del país que convocan en los
diferentes géneros, cuyo requisito sea enviar un libro, además del premio asumen
el compromiso de la publicación y este compromiso implica un pago de derechos
de autor que, como te dije, es de 10 mil pesos, si no me equivoco.
—¿Cantidad estipulada independientemente de que
se vendan o no los libros?
—El pago de derechos
de autor se paga previo contrato una vez que ya está listo el libro y se paga
una sola vez; o sea, no hay ganancias por concepto de ventas. Puede ser un best
seller o no serlo, pero lo que recibes es una cifra inamovible.
—¿Y se quedan con los derechos para reimprimir el libro
indefinidamente si así lo consideran?
—Si a la
editorial le interese reeditar tu libro se hace otro contrato, con lo cual se te
vuelven a pagar otros derechos de autor pero, te repito, no hay concepto de
ganancia por número de ejemplares vendidos.
—¿Qué particularidades tiene el concurso de Pinos
Nuevos?
—Este concurso tiene
la particularidad de que se convoca para escritores que tengan como máximo un
libro publicado o sean escritores inéditos porque el concurso se creó en un momento del periodo especial donde era
bien complicado acceder a las publicaciones, y se generó este espacio en el que
se limitaba la cantidad de escritores a concursar, y así se le daba ventaja a
escritores jóvenes. Siguió transcurriendo el tiempo y el
concurso se mantiene. Antes, la cantidad de libros que se premiaban y se
publicaban era mayor; ahora se
premia uno o dos títulos en dependencia de la calidad y el género.
Esquirlas es el
segundo libro de Ahmel Echevarría. El primero se llama Inventario, y obtuvo el
premio David en el año 2004. La convocatoria del David está dirigida
expresamente a escritores inéditos.
—Una periodista cubana a la que le comenté que te
entrevistaría me dijo que el concepto que manejas en Esquirlas es el de los
incilios, ¿es así?
—Me atrevo a decir que sí, que es una mirada y un análisis muy acertado a lo que hasta
ahora me ha interesado como tema de escritura en el sentido de que lo principal
para mí fue desarrollar un individuo frente a un espacio, y ese espacio es la
memoria y la necesidad de ese individuo de llegar a un espacio en el que se
sienta a plenitud de condiciones, y hay una tesis que maneja uno de los
personajes del libro que dice que el único espacio posible para habitar es la
memoria, su patria es la memoria.
—¿Por qué?
—Este personaje hizo todo lo
posible para sentirse en plenitud y poder interactuar tanto con el espacio
económico, político como social, pero toda
esa realidad en la que estaba inmerso era demasiado adversa, demasiado cruel, y
ante la necesidad de refugiarse en un espacio o escapar, decide refugiarse y
escapar en su propio cuerpo. En este caso, en su propia memoria.
—No es exactamente la memoria. Finalmente es una
fatalidad. Lo que me dices suena sumamente subjetivo, no hablas de la esencia
de los cuentos, que son duros y atroces.
—A pesar de que el
personaje principal tenga mi nombre eso no implica que sea un libro
autobiográfico. Mi realidad es otra. Lo que pasa es que la realidad de este
personaje puede ser común a muchos individuos que habitan Cuba. Podría decir, sin
temor a equivocarme, que hay muchos perdedores, mucha gente que en el
transcurso de su vida no ha tenido más que una sumatoria de fatalidades y que
más que decidir cortarse las venas o rociarse un carburante e incendiarse,
deciden refugiarse en un espacio, ya sea la escritura de un libro de memorias,
quedarse encerrados en su propio cuarto o simplemente ir día a día a la
cinemateca o sentarse en el muro del malecón y pescar o coger una botella de
alcohol y sentarse en su barrio.
De alguna manera, esa suma de realidades,
salvando las distancias, puede ser la realidad de este libro que, te repito, no
es mi realidad.
Por eso te
digo que beber alcohol, ir a la cinemateca, ir al (Cine) Chaplin o sentarse
en el muro del malecón sin otra opción que ver cómo transcurre la vida, son
maneras de incilio o exilio si se quiere; es viajar a un espacio físico
que está fuera de ti por la imposibilidad física de comprarse un boleto de
avión, ir al aeropuerto José Martí y caer en Yucatán, New York o en Ontario.
Esos seres no pueden hacerlo y sólo les quedan esos espacios.
Continuará...
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