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La memoria, único espacio habitable (I)
Ahmel Echevarría Peré, escritor cubano
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/527.ahm.JPG

La Habana, Cuba, 15 de noviembre de 2007. A punto de aplicar para la Beca Fronesis de creación novelística, Ahmel Echevarría llega a esta entrevista con el proyecto que presentará recién terminado. Si gana la beca obtendrá 400 pesos mensuales durante un año. 400 pesos cubanos, el equivalente a 16 CUC, poco menos de 15 dólares al mes.

Yo, que sé que una cerveza en un restaurante cuesta 1 CUC, calculo que esta “ayuda monetaria” no da para mucho, y comparto mi primera impresión con Ahmel para dar paso a la entrevista.

Lo que pasa, dice, es que  hay diferentes maneras de generarse un apoyo económico, y el escritor debe agenciarse esas diferentes maneras para llevar adelante ese proyecto en el que está inmerso, ya sea colaboraciones en revistas, dando charlas, impartiendo conferencias, siendo jurado de concursos… Todo eso implica diferentes vías de ingreso pero que a la larga, igual, como que no satisface, y no implica cierta tranquilidad en el acto de creación.

Continúa. A mí me llegó la noticia esperanzadora de que se está valorando el tema del pago de derechos de autor para los escritores para aumentar la cantidad a pagar porque hasta ahora el límite máximo son 10 mil pesos cubanos, y se piensa duplicar la cifra.

Conocí a Ahmel Echevarría (La Habana, 1974) en un evento literario al que me colé con mi amiga María Elena Llana, escritora que, casualmente, fue jurado del concurso en el que Ahmel resultó premiado con la publicación de su libro Esquirlas (Pinos Nuevos, 2005), el cual, por suerte, me regaló y pusimos como pretexto para nuestro encuentro la tarde siguiente, frente al malecón de La Habana. 
 

A ver, tratando de aclarar un poco las cosas, ¿por Esquirlas recibiste algún pago?
 

Hay dos vías para recibir un pago por la obra terminada, y las dos redundan en un pago por derechos de autor.  Por lo general, la mayoría de los autores, sobre todo los jóvenes, deciden enviar el manuscrito a un concurso, y toda vez que el escritor gana, recibe un premio en metálico, pero al mismo tiempo los concursos más importantes del país que convocan en los diferentes géneros, cuyo requisito sea enviar un libro, además del premio asumen el compromiso de la publicación y este compromiso implica un pago de derechos de autor  que, como te dije,  es de 10 mil pesos, si no me equivoco.
 

¿Cantidad estipulada independientemente de que se vendan o no los libros?
 

El pago de derechos de autor se paga previo contrato una vez que ya está listo el libro y se paga una sola vez; o sea, no hay ganancias por concepto de ventas. Puede ser un best seller o no serlo, pero lo que recibes es una cifra inamovible.
 

¿Y se quedan con los derechos para reimprimir el libro indefinidamente si así lo consideran?
 

Si a la editorial le interese reeditar tu libro se hace otro contrato, con lo cual se te vuelven a pagar otros derechos de autor pero, te repito, no hay concepto de ganancia por número de ejemplares vendidos.
 

¿Qué particularidades tiene el concurso de Pinos Nuevos?
 

Este concurso tiene la particularidad de que se convoca para escritores que tengan como máximo un libro publicado o sean escritores inéditos porque el concurso se creó en un momento del periodo especial donde era bien complicado acceder a las publicaciones, y se generó este espacio en el que se limitaba la cantidad de escritores a concursar, y así se le daba ventaja a escritores jóvenes. Siguió transcurriendo el tiempo y el concurso se mantiene. Antes, la cantidad de libros que se premiaban y se publicaban era mayor; ahora se premia uno o dos títulos en dependencia de la calidad y el género.
 

Esquirlas es el segundo libro de Ahmel Echevarría. El primero se llama Inventario, y obtuvo el premio David en el año 2004. La convocatoria del David está dirigida expresamente a escritores inéditos.
 

Una periodista cubana a la que le comenté que te entrevistaría me dijo que el concepto que manejas en Esquirlas es el de los incilios, ¿es así?
 

Me atrevo a decir que sí, que es una mirada y un análisis muy acertado a lo que hasta ahora me ha interesado como tema de escritura en el sentido de que lo principal para mí fue desarrollar un individuo frente a un espacio, y ese espacio es la memoria y la necesidad de ese individuo de llegar a un espacio en el que se sienta a plenitud de condiciones, y hay una tesis que maneja uno de los personajes del libro que dice que el único espacio posible para habitar es la memoria, su patria es la memoria.

¿Por qué? 

Este personaje hizo todo lo posible para sentirse en plenitud y poder interactuar tanto con el espacio económico, político como social, pero toda esa realidad en la que estaba inmerso era demasiado adversa, demasiado cruel, y ante la necesidad de refugiarse en un espacio o escapar, decide refugiarse y escapar en su propio cuerpo. En este caso, en su propia memoria. 

No es exactamente la memoria. Finalmente es una fatalidad. Lo que me dices suena sumamente subjetivo, no hablas de la esencia de los cuentos, que son duros y atroces.  

A pesar de que el personaje principal tenga mi nombre eso no implica que sea un libro autobiográfico. Mi realidad es otra. Lo que pasa es que la realidad de este personaje puede ser común a muchos individuos que habitan Cuba. Podría decir, sin temor a equivocarme, que hay muchos perdedores, mucha gente que en el transcurso de su vida no ha tenido más que una sumatoria de fatalidades y que más que decidir cortarse las venas o rociarse un carburante e incendiarse, deciden refugiarse en un espacio, ya sea la escritura de un libro de memorias, quedarse encerrados en su propio cuarto o simplemente ir día a día a la cinemateca o sentarse en el muro del malecón y pescar o coger una botella de alcohol y sentarse en su barrio.

De alguna manera, esa suma de realidades, salvando las distancias, puede ser la realidad de este libro que, te repito, no es mi realidad.

Por eso te digo que beber alcohol, ir a la cinemateca, ir al (Cine) Chaplin o sentarse en el muro del malecón sin otra opción que ver cómo transcurre la vida, son maneras de incilio o exilio si se quiere; es viajar a un espacio físico que está fuera de ti por la imposibilidad física de comprarse un boleto de avión, ir al aeropuerto José Martí y caer en Yucatán, New York o en Ontario. Esos seres no pueden hacerlo y sólo les quedan esos espacios.

Continuará...