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La sorpresa de la escritura
Cantos para ser contados de Addy Góngora Basterra
Daniel Torres (Ohio University)
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El escritor e investigador literario Daniel Torres (Ohio University) envió a unasletras el texto que leyó en el marco de la segunda edición del Congreso Internacional de Comida y Literatura: “Bebida y Literatura. Aguas Santas de la Creación” (coordinado por la Dra. Sara Poot Herrera)  para presentar el libro
Cantos para ser contados  (Ayuntamiento de Mérida, 2009) de Addy Góngora Basterra.



Mérida, 26 de enero de 2009. Desde la primera página, Cantos para ser contados nos atrapa en sus redes musicales y narrativas como contrapunto de una misma idea: la posible historia que gravita en toda canción. “Sola tan sola” de Angélica Balado abre la serie: “Hoy amaneció otra vez/con el mismo rumor en la ventana y sensación de nada” (15). El vacío de la soledad ante la pérdida del amor (fórmula de todo buen bolero que se respete como tal), donde la voz es meramente “una pieza de inventario”, se transforma en la breve historia titulada “Réquiem de otoño”, en la que un árbol solitario sirve de escenario para la llegada de “el muchacho enamorado con su chica y a [su] sombra se engalanan” (17). 

Addy Góngora Basterra tiene la rara capacidad de recontextualizar las palabras musicalizadas en otro registro muy distinto al de la intención del texto original.  Y en este sentido, Cantos para ser contados es un divertimento lúdico, en el cual la narradora se divierte inventando breves cuentos que correspondan a una contradicción o quiebre lógico de lo que nos cuenta un canto. De ahí el título. La brevedad de las letras y de las historias confeccionan un libro ameno y directo que sirve a l@s lectores/as para reflexionar sobre la sorpresa de la escritura.  Es decir, se trata de un ejercicio narrativo, tallereado a conciencia, donde la narradora nos sorprende con elementos que desdicen el original, para enfocarlo así desde otra perspectiva.

El segundo ejemplo a considerar es el clásico bolero de Armando Manzanero “No sé tú” (“pero yo no dejo de pensar/ ni un minuto me logro despojar/ de tus besos/ tus abrazos”) (27). En el cuento que lo acompaña, “La derrota”, las palabras se transforman, por medio de la magia del tenis, en: “No sé tú pero yo no dejo de pensar en cómo se me fue el Grand Slam... Ahora ni un minuto me logro despojar de la cara de satisfacción que te dio el saque con el que cerraste el partido: as” (28). O “Contigo aprendí” también del maestro Manzanero, en el cual la frase inicial (“Contigo aprendí que existen nuevas y mejores emociones”) (37) amplía su significado, en el cuento “El guía de turistas”, a la manera de la galardonada novela de Sara Sefcovich, Demasiado amor, donde la protagonista recorre todo México por medio de viajes a lugares que hacen del relato una interesante y curiosa guía sentimental de un viaje amatorio por toda la república mexicana. En el caso que nos ocupa, en Cantos para ser contados, el guía de turistas del cuento, se sumerge en el amor imposible que recorre, a su vez, una “hembra isla” del amado o de la amada y que es motivo para reflexionar sobre su espacio y sus paisajes: “Queda para siempre en mi recuerdo el olor del malecón y su algarabía, la música ondulante de caderas mulatas” (39). ¿Será tal vez San Cristóbal de La Habana o Santo Domingo de Guzmán?  Dos capitales del Caribe hispánico que cuentan con un flamante malecón, porque a San Juan Bautista de Puerto Rico se le ha negado, entre otras cosas, el mar y no tiene siquiera ese mismo malecón como las otras antillas mayores. 

Son otros también los cuentos que se desarrollan con otras letras de canciones, boleros o música contemporánea que cubre desde los ya destacados Angélica Balado y Armando Manzanero a los geniales Fito Páez (“Un vestido y un amor”) o Joan Manuel Serrat (“Mediterráneo”) y al clásico Antonio Carlos Jobim (“Desafinado”) o a la joven Ely Guerra (“Peligro”), entre muchos y muchas otr@s compositores/as. Y en todos estos relatos sorprende la perspectiva novedosa que le busca Góngora Basterra a cada historia implícita en toda canción, inventando posibilidades inusitadas que desdicen el melodrama idóneo de todo buen bolero. Por ejemplo, la posibilidad del Don Juan o la Carmen esenciales de “Nostalgia de una noche de verano”, que acompaña la letra de “Mediterráneo”, donde los seductores por excelencia son, a su vez, seducidos y se enamoran perdidamente, muy a su pesar. Otra posibilidad es la metáfora de la desafinación en “A imagen y semejanza”, que acompaña “Desafinado”, y nos narra la historia de un amor que no se atreve a decir su nombre (como decía Óscar Wilde). Aquél que está a merced de declaraciones homofóbicas, como las que citara la edición del 17 de enero del Diario de Yucatán, refiriéndose al cierre del VI Encuentro Mundial de las Familias en el D.F.: “Legislar sobre la homosexualidad es un error antropológico” (
“La obligación del estado es progeter la familia”.  Diario de Yucatán 230 (17 de enero de 2009). Y la voz narrativa respondería con valentía a semejante desacierto:
      
Sé que usted es una persona tradicional que              
siempre ha seguido las convenciones sociales
tal y cual se indican.  Respeto su forma de
ser, sus preferencias, sus partituras, sus                
gustos, su música, sus costumbres ¿por
qué usted
no puede hacer lo mismo? (85)

No debemos olvidar que “el odio” no forma parte de nuestros valores morales y que la institución familiar se fortalece con la incorporación de las parejas del mismo sexo.  O como sigue ripostando el cuento a los desafinados que todavía se oponen a tal legislación:

        Nosotros no le tememos al amor. Creamos la vida,
        creemos en la vida, tenemos nuestras              
      convicciones, tenemos una música especial,                 poseemos un latir que no se cansa por más que             intenten detenerlo, en el peito dos desafinados             tambem bate um coraçao [en el pecho de los                 desafinados también late un corazón]. (85)

La nueva literatura yucateca cuenta, pues, con Cantos para ser contados, en este inicio del 2009, como un renacer de la sorpresa de la escritura que se nos brinda entera y sin ambages para hacernos reflexionar acerca de las nuevas tendencias del quehacer literario en la península, cerrando ya casi la primera década del siglo XXI. En este sentido, Addy Góngora Basterra es una digna representante de su generación (con todos los problemas que acarrea siempre en literatura este resbaloso concepto). Ya lo prefiguró, hace unos años, la gran Ángeles Mastretta, en una de sus múltiples visitas a esta ciudad, cuando lo dijo en el Teatro José Peón Contreras, al referirse brevemente a la literatura en Yucatán: que había que estar pendiente de esta nueva promesa.  Ahora nos toca esperar por sus textos futuros. ¡Enhorabuena por la puesta en circulación del libro!