 Mérida,
31 de mayo de 2008. Hoy se le rinde homenaje al maestro Raúl Cáceres
Carenzo, poeta de origen yucateco que este mes cumple 70 años, solo que
este mayo llegó con el alumbramiento de un libro: Luz de Fondo, publicado en Toluca por la editorial de Norte/Sur. Cáceres Carenzo reunió en Luz de Fondo,
poemas escritos en el transcurso del 2002 al 2007, y en el prólogo,
escrito por Javier España, comprendemos el significado de este libro: “Para
Cáceres Carenzo se realiza la poesía como un presagio que viene desde
su infancia, reconocida en la imagen circular del hijo que ve en los
ojos de su padre la mirada de Dios, así como la sentencia que lo salva
o lo condena para transitar la vida con un destino inundado de
palabras: Todos venimos de la luz. Es verdad, pero no todos pueden
reconocerla para nombrarla desde los ojos también. Sólo el poeta en su
esencia verdadera enciende con asombro las páginas humanas de la
indiferencia. La luz inventa el fuego, dice el poeta, y en la luz se
fecunda la vida, la misma que Raúl Cáceres Carenzo encontró desde hace
varias décadas y a la que nunca más ha renunciado". –¿A qué se debe que le escriba poemas a Dios?, le preguntamos en entrevista. –Bueno,
Dios es una imagen, es una palabra, tiene nombres distintos en
diferentes tiempos y lugares, pero la poesía de lo sagrado, de lo
luminoso, de lo ontológico, no es común, menos ahora. Las referencias
de poesía mística más señalables pudieran ser Enriqueta Ochoa, que está
entre el erotismo y la búsqueda de Dios, Concha Urquiza y Ponce, un
sacerdote que hace una poesía religiosa muy valiosa y que
recientemente publicó un libro prologado por Gabriel Zaid. Ah, hay uno más
joven, Javier Sicilia; ellos son las únicas referencias que tengo de la
actualidad poética sobre este tema. En mí no es exactamente nueva esta
temática, pero lo destacable es que este libro la desarrolla más
profundamente.
Dice esto Cáceres Carenzo y, sin hacer pausa, abre su libro y lee:
La luz es voz. El fuego es aire. El corazón redobla las voces de la luz. El alma, la llama es sed de luz.
Enseguida el poeta me indica que al final de la primera sección del libro aparece un poema dedicado a Dios, y que en éste explora una frase de Camus citada como epígrafe: “En nuestro tiempo Dios se manifiesta por su ausencia”.
El poema referido se titula Dios de presencias lívidas y está precedido por un par de versos de San Juan de la Cruz y una cita bíblica del Eclesiastés. Es un poema largo dividido en ocho partes, y empieza con los siguientes versos:
1
Dios es sólo Mirada: Un ojo Dios.
Cáceres Carenzo toma café desde siempre y seguramente nunca se ha planteado dejar de fumar. Ahora mismo estamos en la Cafetería del Hotel Colonial, donde el Instituto de Cultura de Yucatán lo hospeda.
"La época actual está presidida, digamos, por la sombra del mal, el libre comercio, las oligarquías, la fuerza invasora de los Estados Unidos, todo eso hace pensar que Dios no acompaña al hombre en el siglo XX y esa duda se vuelve muy grave al comenzar el siglo XXI, y estos son los subtemas del libro".
Se trata, dice el maestro, de una búsqueda de lo sagrado.
"Lo sagrado no puede ser relegado ni postergado. Zambrano ya estudió bastante la relación entre el hombre y lo sagrado. Otras voces buscan la presencia de lo sagrado y lo divino en la experiencia humana, a esta temática responde este libro que no es usual en México. La última voz religiosa que recordamos es la de Pellicer, pero como te digo, para mí es una continuidad de las mismas preocupaciones de mi vida a lo largo de los años".
A continuación, siguiendo su discurso, Cáceres Carenzo se refiere a otro de sus poemas de Luz de fondo, el Canto breve a Nezahualcóyotl (página 53).
Dice la primera estrofa:
Príncipe Nezahualcóyotl con tu voz –pájaro de 400 voces– escribo este poema. El corazón esparce cantos irradia flores en la mitad de la noche.
El autor me indica que esta poesía subterránea, como los cenotes de Yucatán, está presente en Nezahualcóyotl y en el Popol Vuh y el Chilam Balam.
"Los sagrados pueblos, como dice Bonifaz, son la mayor parte de lo que somos... Sin embargo, no podemos hablar sin Góngora, sin Quevedo, sin la gran tradición española, pero lo que más somos está en nuestra voz y nuestro origen prehispánico. Todo eso está en mi libro. Es un recordar cosas que desde siempre le han preocupado a uno".
–¿Después de este libro ha logrado una interpretación concluyente de Dios?
–Ni la ciencia ni la religión, y menos la poesía son concluyentes. Hay un fragmento del poema más celebrado: El poeta no sabe lo que dice... todo habla y el poeta escucha y lo transforma, pero el poeta no sabe lo que dice, no crea una filosofía.
–¿Ni para el propio autor?
–Menos para el autor. Lo que quiero es hablar con mucha sencillez de temas trascendentes, sin adornos retóricos. No escribo como católico. En mi libro se habla de los dioses prehispánicos... el Señor del cerca y del junto, el dador de la vida... el Dios que no tiene imagen ni representación, el que habita en todas las hormigas de la casa, como dice el Popol Vuh.
Por último, Cáceres Carenzo, quien reside en Toluca desde 1970, dijo que vino a Mérida gracias a una invitación amistosa debida a la celebración de su cumpleaños (nació el día 8) y por la amistad con Roldán Peniche y del director del Instituto de Cultura de Yucatán, Renán Guillermo, con quien había coincidido alguna vez en la época que vivió aquí, entre el año 84 y 89, cuando fundó talleres de verso en el Centro Estatal de Bellas Artes y puso obras suyas en el Peón Contreras.
Cáceres Carenzo vino a Mérida acompañado por su editor Pedro Salvador Ale, y expresó –por último– que ambos estaban muy contentos. Desde su llegada, todo había sido muy cordial.
|