Nota a la muerte de Mario Benedetti
La Habana, Cuba, 18 de mayo de 2009. Acaba de morir el escritor Mario Benedetti. La noticia es triste para las
letras latinoamericanas. Desde mediados de la década del cuarenta Benedetti ha
ido tejiendo una obra vasta y diversa en la que han encontrado lugar no sólo esa
poesía y narrativa que han cautivado a millones de lectores, sino también
el ensayo, el teatro, la crítica y el periodismo. Cautivante, incisivo,
polemista, Benedetti tenía la capacidad de atraer a multitudes que se
agolpaban para escucharlo a donde quiera que llevaba sus versos, y al mismo
tiempo de generar encendidas discusiones intelectuales y políticas. Sus decenas
de libros integran una de las obras más leídas de la literatura
latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX.
Acaba de morir el amigo Mario Benedetti. La noticia es dolorosa para quienes
contaron siempre con su voz y su solidaridad. Desde su primera visita a Cuba en
1966, su entrega al proyecto de construcción de una nueva sociedad fue ejemplar.
Sus convicciones lo arrojaron al exilio -buena parte del cual transcurrió en La
Habana- y a defender sus ideas, que eran también nuestras, en cuanto foro estuvo
presente. Por su apoyo a Cuba fue acosado, sin que cejara un momento su
apoyo a una Revolución que consideraba propia.
Acaba de morir el entrañable Mario Benedetti. La noticia nos deja
consternados, para usar un término que el propio Mario cincelara en su poema al
Che. Mario no fue sólo un gran escritor y un amigo solidario; fue un
infatigable trabajador de la Casa -tarea en la que pronto vincularía a la
querida Luz- desde aquella primera visita en que participó como jurado del
Premio Literario. Luego repetiría la experiencia, integraría el
Comité de Colaboración de la revista Casa y fundaría, en 1967, el
Centro de Investigaciones Literarias. En la Casa -que ha publicado varios
títulos suyos y más de un disco con su voz, y que acogió sus multitudinarios
recitales poéticos- laboró durante años intensos en los que contribuyó a dar el
perfil que ella, en esencia, conserva. Por una triste coincidencia, Mario nos
deja cuando la Casa acaba de cumplir sus primeros 50 años. Sin embargo aquí
quedan, con nosotros, su voz, su recuerdo, sus libros y esa otra obra suya que
es la propia Casa.
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