La Habana, 21 de noviembre de 2007. El escritor Ahmel Echevarría en entrevista con unasletras da la pauta para que entendamos mejor su obra. Sus libros, por desgracia, no circulan fuera de La Habana, donde igual es difícil conseguirlos, pero con todo lo que cuenta abre un camino lleno de luz hacia el panorama literario cubano actual. Veamos.
—En uno de los cuentos de tu libro Esquirlas, una mujer deja La Habana para irse a Madrid. Con esta partida das a entender la carga emocional que tienen para los cubanos las múltiples e infinitas despedidas. ¿El exilio, como tal, es un tema constante en los escritores de tu generación? ¿Cómo te afecta a ti el fenómeno de la gente que se va?
—En mi caso, como tantos jóvenes de mi generación, hemos sufrido y padecido las despedidas. Bien conoces los cubanos forman una diáspora en diferentes lugares del mundo, y en el caso de nuestra generación, tal como dijo Leonardo Padura en una entrevista hace poco, los hijos de una generación cansada, agotada, se están yendo en masa, y una buena parte de estas personas que se van son los más preparados, los de mayor nivel cultural y educacional. En este sentido, yo la viví, la padecí, y en buena medida me sirvió de material para la escritura de algunos cuentos del libro Inventario.
En el caso de los demás autores, no me atrevo a decir que esto sea fuente para sus escritos, pero desde el punto de vista vivencial como individuos también han padecido esas despedidas, esas partidas, tanto de amigos cercanos como de nuevos amigos que tuvieron que hacer o de personas que forman parte de su familia o sus novias y que, me atrevo a decir, seguirá siendo un evento que formará parte de nosotros toda vez que se siga extendiendo lo que pasa en Cuba a nivel económico, social y a nivel político porque no todas las partidas tienen las mismas características. Cada quien tiene un motivo diferente por el cual irse, aunque en la mayoría de los casos los mueve una urgencia de tipo económica.
—¿Cómo crees que puede ser tu vida en un lapso de 5 años?
—Estoy convencido de que en los próximos dos años estaré en Cuba. No tengo ningún contrato de trabajo cercano y ningún proyecto de vida asociado con un viaje inminente. Mientras esté aquí trataré de ser un ciudadano del mundo agenciándome los elementos que tenga a mano: los amigos que viven tanto dentro como fuera de Cuba, eso implica que en ciertos momentos esté en Berlín, Barcelona, Madrid, Estocolmo, en fin, en diferentes lugares del mundo, pero sin salir de aquí.
Por otra parte, está Internet, las publicaciones periódicas extranjeras, los blogs, la literatura de los escritores cubanos que viven fuera de Cuba, la literatura de los no cubanos, los seriales que transmite la televisión... Todo eso es material para oxigenarse, para estar y no estar en Cuba.
Además, a ratos vienen músicos de diferentes países y, a la vez, la música cubana se alimenta no sólo de una tradición nacional. También están los ciclos de cine y el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Esos son los diferentes espacios que voy a estar habitando en esos dos años. ¿Qué estaré haciendo en el lapso de cinco años? No sabría decirte.
—Una escritora premiada y reconocida me dijo en entrevista reciente: “En América no nos conoce nadie”, ¿qué piensas tú de eso?
—Es cierto. Digamos que es conocido todo aquel escritor que está con las grandes editoriales porque éstas son los centros de poder; poder económico e incluso poder político para establecer circuitos de legitimación y de lectores.
Los escritores cubanos somos doblemente marginales, primero por las características del sistema editorial cubano y otra porque físicamente estamos en un país del tercer mundo. En este sentido, nos costaría no sólo el doble, sino el triple llegar a gigantes y te pido que entiendas esto no en términos de calidad literaria sino en la posibilidad de entrar en el mercado internacional. De entrada tendríamos que rebasar el espacio nacional para poder acceder a las grandes editoriales, algo casi imposible desde el mercado cubano, si bien existe la Agencia Literaria Latinoamericana que representa a algunos escritores cubanos ante editores de América y Europa.
Coincido con lo que dice esa escritora, realmente son muy pocos los escritores cubanos que por diversas razones se conocen a nivel internacional. De los escritores vivos casi en broma te diría que no pasan de 10. Podría mencionar el caso de Leonardo Padura, Daniel Chavarría, Pedro Juan Gutiérrez, otros escritores que son cubanos pero que viven fuera, y algunos ya fallecidos: Virgilio Piñera, Lezama, pero de esos escritores muy pocos son los que están con Anagrama u otras grandes editoriales.
Por eso me atrevería a decir que teóricamente no existimos. Hay buenosescritores cubanos escribiendo fuera de Cuba pero que no forman parte de los escritores que están legitimados por las grandes editoriales, y aquí estoy obviando el tema tan traído y llevado como si son los best seller la verdadera literatura o no. Poniéndolos a todos en un mismo saco, técnicamente los escritores cubanos no existimos.
—¿Estás asociado a algún grupo literario?
—No es un grupo literario como tal. Somos tres o cuatro amigos pensando, leyendo y escribiendo la literatura cubana no mejor ni peor, sino en una forma digamos diferente, tratando de hacer una suerte de guerrilla literaria para ubicar nuestras publicaciones. Intentamos crear resonancia, ruido, una vibración con esos libros; los reseñamos, hacemos entrevistas, e incluso tenemos un espacio digital: el e-zine de escritura irregular The Revolution Evening Post, y son estas las pequeñas acciones que hacemos para habitar o deshabitar el campo literario nacional. No tenemos una ideología de grupo, simplemente hacemos diferentes tipos de acciones a la par que escribimos e intercambiamos libros. Supongo que seguiremos nucleados así durante una buena cantidad de tiempo ya que es la manera más lógica de ir desandando un espacio en el que es bien sabido es difícil ubicarse.
—Me llama la atención lo fuertemente impregnada que está la literatura cubana de la historia real del país, y me refiero, claro, a la obra narrativa. En tu caso, eso es muy evidente, pero también es palpable un lenguaje poético... Explica más detalladamente cómo has construido tu obra.
—Mi primer libro, Inventario, está relacionado con una parte digamos fundacional: es la historia de una familia típica cubana frente a la Historia (con mayúsculas) de Cuba, y me interesaba apropiarme de algunos eventos ocurridos desde finales del 58 hasta una actualidad que está muy cercana a finales de los 90 y 2000. En este primer libro estaba más interesado en buscar respuestas.
La segunda parte de lo que me atrevo a llamarle Ciclo de la Memoria, es el libro Esquirlas, y con éste ya no me interesaba llegar a respuestas concretas, sino lanzar preguntas, fragmentos duros a manera de esquirlas que no sólo iban a encajarse en mí, sino también en los lectores.
Traté de que el libro funcionara como una trampa para lobos, es decir, quería que el lector intentara leerlo como una obra autobiográfica, en realidad no lo es, y encontrara puntos de contacto con mi supuesta vida. Como la mayoría de los lectores iban a ser cubanos y compartimos una realidad social y económica digamos bastante común y agreste potencialmente, leerían Esquirlas de ese modo y caerían en mi trampa.
La tercera parte del Ciclo es el libro que ya terminé. Se llama Bumerán. En él ya no lanzo preguntas sino intento moverme hacia el interior de cada uno de los lectores estableciendo conexiones, flujos de energía y estados de ánimo toda vez que hay diferentes zonas que encuentran anclaje en una Habana real y en otra Habana cuya característica se sitúa en lo irreal por algunos elementos que utilizo, por ejemplo, un oráculo que aparece en diferentes lugares de la ciudad y al que las personas acuden para conocer un supuesto futuro.
Esa Habana real y la Habana onírica son los diferentes momentos de la última parte del Ciclo de la Memoria. Para este libro tomé en cuenta la ironía, el humor, y personajes que van a encontrar puntos de contacto con personas más reconocibles a nivel social, a nivel económico, a nivel político.
—Los cuentos de Esquirlas parecen estar hilados entre sí, ¿se trata una historia novelada?
—Al escribir Esquirlas me parecía demasiado pretencioso intentar hacer una novela, y me pareció mucho más sensato y lógico construir un libro cuya estructura fuera flexible, y más que ser una novela o un libro de cuentos a la manera clásica, hice un cuaderno formado por pequeñas piezas narrativas. No me atrevo a llamarlas propiamente “capítulos” o “cuentos” porque los personajes aparecen de manera indistinta en cada una de esas piezas y no todas tienen una estructura cerrada que funcionen como entidades independientes o cuentos. La primera pieza que conforma el libro es una especie de opening. El resto de las piezas se enlazan a nivel temático y a nivel energético, o sea, hay algo supurando ese texto que contamina al otro, y así... De cierta manera se logra la sensación de haber asistido a la lectura de un relato de largo aliento o una novela breve.
—Para terminar, qué función tienen las fotografías repartidas a lo largo del libro.
—Mi intención era que las fotos funcionaran como pequeñas maquinitas narrativas y se integraran al libro. Luego vienen otras piezas que desembocan en un texto que supuestamente es el final: el número cero. Este libro comienza en el cero, se va abriendo, aparecen esas imágenes de las que te hablé, y termina en el cero. Es una suerte de estructura cíclica. La serpiente que se muerde la cola. Volviendo a la pregunta anterior, me pareció que ésta era la manera más lógica, más flexible de armar un relato de largo aliento cercano a la novela.
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