 Mérida,
5 de junio de 2008. La vida literaria en Mérida, desde mi punto de
vista, siempre se ha regido por los compadrazgos, los arreglos ilícitos
y una infinidad de artimañas para conseguir una publicación, o, cuando
menos, la inserción de algún poema en las revistas que el Centro
Yucateco de Escritores tiene a su cargo, ya sea Navegaciones Zur o Camino Blanco. Afortunadamente, hay escritores que han adoptado una postura más abierta, de freelance,
aunque de ningún modo eso significa que puedan ser aglutinados bajo un
mismo estandarte. Porque, como ya es sabido, la única bandera de un
escritor es su ego. En Mérida eso es indiscutible. Otra variante:
cuando el escritor no produce una obra de calidad, su única posibilidad
de trascendencia es él mismo, una invención literaria de su propia
persona, que bien puede ser un poema que combine folklorismos con
palabras cultas, una narración cargada de lugares comunes ad infinitum, tanto de forma como de fondo, o un trabajo seudo vanguardista sin pies ni cabeza. Amputado. Así
las cosas en estas fechas, cuando las lluvias amenazan con enlodar las
gestiones de los nuevos funcionarios del Instituto de Cultura, Renán
Guillermo González, director general, y Jorge Cortés Ancona, director
de literatura y fomento editorial, quienes este lunes 2 de junio en la
noche hicieron un llamado a la comunidad artística, a los medios de
comunicación y al público en general para dar información acerca de las
convocatorias de los principales premios literarios que se otorgan
anualmente en Yucatán.
En
la mesa, presidida por los gestores antes mencionados, estaba Enrique
Martín Briceño, director de Patrimonio Cultural del mismo instituto,
quien reportó los avances en materia de rescate y difusión
bibliográfica que dicha institución ha emprendido. Asimismo, hizo acto
de presencia el director de cultura del Ayuntamiento de Mérida, Roger
Metri Duarte, debido a los nexos que existen en la organización del
Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo por parte del Ayuntamiento y
el ICY.
Enrique Martín Briceño se refirió a las 62 obras de José Peón Contreras que actualmente se encuentran en la página web www.bibliotecavirtualdeyucatán.com.mx; el sitio alberga las obras casi completas del célebre literato yucateco. Asimismo, refirió algunas de las bases del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC) 2008, que incluye la publicación de libros relacionados con la cultura popular con un premio de hasta $50,000, y del Premio Nezahualcóyotl de Literatura, que ofrece $100,000 como premio único a obras escritas en lenguas indígenas, y que deben ser presentadas al concurso en formato bilingüe. Por último, señaló la tarea de rescate que actualmente realizan en el archivo fotográfico del Diario del Sureste, con cerca de 500,000 negativos y el doble en cantidad de fotos.
Enseguida, vino el plato fuerte de la sesión, a cargo de Jorge Cortés Ancona, quien dio detalles sobre las convocatorias de la Bienal de Literatura. El quid de la polémica fue una de las cláusulas contenidas en las bases generales del folleto, mismo que, cabe aclarar, está en una versión preliminar. La frase decía: “Las obras deberán ser inéditas en su conjunto, aunque es válido que todas o algunas de sus partes se hayan publicado antes, siempre y cuando haya sido por separado” y, tras pronunciarla, llegó la interrupción de Jorge Lara Rivera, del Centro Yucateco, quien puso en tela de juicio el carácter secreto del concurso, si parte de la obra se había dabo a conocer. Cortés Ancona lo invitó a manifestar sus opiniones posteriormente, pero ante la insistencia de Lara, se vio obligado a leer unas cuantas anotaciones al respecto firmadas por Sandro Cohen, donde explica que es imposible negar el hecho de que muchos escritores han publicado previamente parte de su trabajo en algún medio, ya sea impreso o electrónico, y los concursos literarios deben contemplar esa problemática, sin escandalizarse por ello.
Hay mayores motivos de escándalo, ciertamente, y la razón no puede tenerla un escritor cuyo grupo ha frenado por muchos años el avance de la literatura en Yucatán.
Yo, sentado en la tercera fila con algunos compañeros (Joaquín Peón Iñiguez, Ricardo E. Tatto, Juan Esteban Chávez) me daba cuenta que las intromisiones de Lara eran producidas por el temor, no sólo de él, sino de todos los escritores de su grupo, de perder presencia y, por consiguiente, posibilidades de echarse a la bolsa el dinero y el supuesto prestigio de algún premio local. Y, más aún, el pánico al rezago ante las nuevas reglas del juego se manifestaba en el tono burlón, ofensivo y chocante sostenido a la largo de la disputa.
Jorge Cortés Ancona siguió con su informe señalando que venía a dialogar, no a polemizar.
Cortés Ancona mencionó que, a partir de ahora, cualquier petición para publicar un libro se debe dirigir al Consejo Editorial de Literatura, cuyo director es Roldán Peniche Barrera. También, con ánimo de enmarcar la línea de trabajo de la nueva administración, enumeró objetivos concretos en los cuales se enfocarán: promover la literatura más allá de la región sureste, involucrar no sólo a los escritores en la labor de difusión sino también a los bibliotecarios, promotores culturales y, ante todo, a los lectores, promocionar los talleres de lectura y difundir la literatura universal, establecer vínculos con los escritores que viven fuera del estado o que publican en lengua maya, facilitar las discusiones de ideas, emplear las nuevas tecnologías para promoción de la literatura y apoyo a la lectura, facilitar espacios para la investigación, lograr la apertura de mayores espacios en regiones locales y nacionales, considerar a las escuelas universitarias de letras; y, por último, señaló que las actividades no deben someterse a gustos personales. “No estamos peleándonos con el pasado sino mirando hacia el futuro”, dijo. “No hay porqué cerrarle las puertas a nadie.”
La discusión sobre la cláusula incómoda de la bienal continuó y se alargó hasta lo indecible. Participaron en el debate, sobre todo, Jorge Lara, Francisco Lope Ávila, Verónica Rodríguez e Ivy May, quienes más apoyos han recibido en las pasadas administraciones y hasta hoy publican sus revistas, tienen acceso a los espacios culturales del ICY y del Ayuntamiento y han ganado premios no sólo en el interior del estado, sino también a nivel nacional. Algunos, incluso, han logrado publicar en editoriales de cierto renombre, como Carlos Martín con su libro Los mártires del freeway y otras historias.
No hay vergüenza, ninguno de estos escritores le ha permitido a los independientes participar de buena fe en sus actividades y procesos de difusión, premiación y reivindicación de la literatura local. A estas alturas, ya se han marcado distancias, ya no se necesita de ellos. Algunos hemos logrado trabajar por cuenta propia, sin ensuciarnos las manos. Sigue sorprendiendo que aún con todos esos privilegios las quejas persistan. Y después hablan de honestidad, cuando son quienes menos honestidad tienen para trabajar.
Ejemplo: el libro Expresiones Emergentes, publicado en la administración de Oscar Sauri, dio pie a un conflicto kafkiano. Patricia Garfias, del subgrupo La Catarsis Literaria que sigue siendo parte del Centro Yucateco, fue comisionada para hacer la selección del apartado literario que se incluiría en el libro. Después de haber elegido una determinada cantidad de textos, Maureen Ramson, directora de Patrimonio Cultural en la administración anterior del Instituto de Cultura de Yucatán, comisionó a Svetlana Larrocha, y el trabajo de Garfias se fue a la basura. ¿Motivos? Seguramente querían higienizar un poco el tono, puesto que el libro salía de una instancia oficial. O quizá –son conjeturas– de nuevo el gusto por el poder se manifestó entre los miembros de la logia. El caso es que al poco tiempo se convocó a quienes fueron incluidos en el libro a un almuerzo en La Quilla. Almuerzo a cambio del cual uno debía dar su firma para manifestar entera satisfacción por el libro, que ya estaba vendiéndose en las principales librerías de Mérida. Yo estuve ahí. La comida fue un manjar. Entre los organizadores, estaban Svetlana Larrocha, Lourdes Cabrera y Maureen.
Unas semanas antes, Expresiones Emergentes se había presentado en el teatro Daniel Ayala, con pésima organización. Me habían invitado a leer el fragmento de un poema –Lugar común– y me dieron un ejemplar de cortesía diez minutos antes de subir al escenario. Y nuevamente hubo polémica, en pleno escenario, promovida por Francisco Lope Ávila y Verónica Rodríguez. Un circo. Para esa función, preparé un texto titulado Soliloquio de la cucaracha.
Volviendo al tema de la reunión del lunes pasado, ya para finalizar, Renán Guillermo y Jorge Cortés, acordaron con los escritores desheredados hacer una segunda asamblea para especificar las cláusulas de los premios. Sin embargo, conociendo lo problemáticos que son Jorge Lara, Lope Ávila y Verónica Rodríguez, se decidió por consenso que únicamente irían tres representantes de cada asociación literaria y se acordó incluir a las universidades que contemplan estudios de literatura. El próximo sábado 7 de junio a las 11:30 a.m., en la Biblioteca Cepeda Peraza, será el gran día para decidir el futuro de las letras en Mérida. Los escritores tienen la última palabra. Ojalá no sea la misma de siempre: mediocridad.
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