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Rascón Banda apadrina escuela en Mérida
El Ayuntamiento rinde homenaje al dramaturgo como primer paso
Joaquín Peón Iñiguez (Foto: Valencia Noh)
Mérida, 24 de enero de 2008. Como parte del Festival de la Ciudad, el viernes 18 se le rindió homenaje al dramaturgo Victor Hugo Rascón Banda, uno de los escritores más trascendentales de nuestro país en las últimas décadas. La Sala de Cabildo estaba a reventar; hubo gente en el fondo que se quedó parada, mientras que otros se sentaron junto a Emanuel Carballo, homenajeado unos minutos antes en el Teatro Mérida.

El evento me provocó sentimientos encontrados; espero transmitirlos en este texto. Todo arrancó mal. La sesión estaba programado para las 7:30 según la página oficial del Festival de la Ciudad aunque era evidente que estaba encimado con el tributo a uno de los críticos literarios más importantes de nuestra historia. No importa, no hay prisa, al menos no tanta.

Enclaustrado en la sala, rodeado de los  retratos de los conquistadores, Rascón Banda presenció la rutina protocolar de siempre. Una funcionaria presenta a los funcionarios: Roger Metri, Beatriz Zavala, Jorge Esma Bazán y Oscar Sauri; frente a ellos la “comunidad intelectual” silenciosa se prepara para una velada en la que arte y política conviven incómodamente.

El primero en tomar el micrófono fue Jorge Iván Rubio. El director de la revista Mérida Viva leyó una semblanza del dramaturgo. Victor Hugo nació en Chihuahua en 1948, estudió leyes, y gracias a una serie de coincidencias afortunadas terminó en el teatro. Desde entonces ha sido un autor prolífico. Primero publicó Voces en el umbral y, posteriormente, Tina Modotti o retrato en sepia, Máscara contra cabellera, Guerrero negro, Contrabando, La Malinche, Table Dance, etcétera. Muchos recordarán la versión cinematográfica de la aclamada Playa azul. Victor Hugo también ha jugado un papel fundamental como director de la SOGEM, asociación que esa misma noche realizó la presentación de su nueva escuela en Mérida, y que será dirigida por Jorge Lara, miembro del Centro Yucateco de Escritores, invariablemente ligado a las instancias burocráticas culturales.

La introducción de Iván concluyó con la lectura de un fragmento del discurso que el homenajeado leyó la noche que lo eligieron representante de los dramaturgos el día internacional del teatro.

Posteriormente se invitó a José Ramón Enríquez, elegantemente vestido, a dirigir unas palabras con dedicatoria para su colega y amigo. “Estoy aquí porque te quiero, te quiero porque te admiro, y te admiro porque he sido testigo de tu obra. (…) Te quiero y te admiro más porque nos cuidas”. El discurso fue breve, preciso, emotivo, con anécdotas de una amistad que ha pasado por las buenas y por las malas. Al final se dieron un abrazo que arrancó aplausos a los asistentes.

Llegó el momento esperado. Roger Metri hizo entrega del reconocimiento y Victor Hugo tomó la palabra. Se quiebra al minuto. Ha estado muy enfermo y, por lo que da a entender,  muy cerca de la muerte. Los pronósticos para su asistencia eran reservados, sin embargo, Beatriz Zavala lo convenció. Se recupera y retoma su discurso. “Estoy ligado en muchas formas a Yucatán”.  A partir de ese momento el dramaturgo se despilfarra con halagos desmedidos para sus amistades yucatecas. Platica sobre cómo conoció a Armando Manzanero y el cariño que le tiene. Constantemente se dirige a José Ramón, tal como si estuvieran en una conversació de café. Reconoce la importancia del trabajo de Conchi León y la trascendencia de Mestiza Power en la república. También menciona a Sara Poot, y asegura que habría que nombrarla Embajadora Cultural en Estados Unidos por trabajadora y porque se lo merece.

La situación se torna incómoda cuando comienza a apapachar a los políticos que tiene frente a él. Habla maravillas de Beatriz Zavala, la ex Secretaria de Desarrollo Social, e igualmente le hace cariñitos a Esma Bazán.

Me siento confundido, rompo con la formalidad y le escribo una nota de contrabando a mi acompañante. “Qué surreal”. Estoy convencido que Emmanuel Carballo intentó leerla, detalle que me cayó muy bien. En fin. ¿Es el verdadero Victor Hugo el que está frente al micrófono o se trata de un impostor? No entiendo qué sentido tiene elogiar a los políticos locales. Además, los comentarios que hace sobre Mérida no tienen nada que ver con la realidad.

La ceremonia concluye con una avalancha de aplausos. Espero unos minutos a que políticos y artistas le den su abrazo. Finalmente me aproximo a él, con admiración, cierto, pero también con cierto enojo y ganas de confrontarlo. Sólo hay tiempo para un par de preguntas, está enfermo, le urge regresar a su hotel. Me veo obligado a elegir entre los temas que tenía preparados. Después de todo lo sucedido, no lo pensé dos veces, hablamos sobre el presente de Yucatán y su situación política, económica y social.

“Veo a Yucatán como al resto del país, con muchos retos, pero también con fortalezas, más fortalezas que las de otros estados. Los retos son los mismos, la economía del país está colgando, es dependiente de la economía norteamericana y este año sucederán cosas graves con Estados Unidos, no sólo con las elecciones, sino por la crisis, similar a la del 29; los bancos van a quebrar. De las repercusiones no se salvan Chihuahua, Chiapas ni Yucatán.” 

“En Yucatán,  por fortuna, hay una identidad, una forma de ser, un sistema educativo que distinguen al estado. Yucatán no tiene nada que ver con la violencia de los estados del norte. Yucatán tiene gente buena, trabajadora. Yo admiro cómo salieron adelante tras los desastres naturales (…). Aquí hay muchas universidades, muchos educadores, y eso hace que la gente sea crítica, pensante. Además, recalca, tuvieron una alternancia política que no se dio en el resto del país. Todo esto se dio sin violencia, sin juicios electorales y demás. Yo creo que en el mundo todavía hay gente buena. Aquí todo mundo es sensible, por eso todos cantan, leen, sueñan...”

Después hablamos del conservadurismo provincial, pero aun así el dramaturgo se mantiene positivo. Siente que estamos avanzando. Habla del “estira y afloja” con los gobiernos panistas y asegura que estamos ganando una batalla contra la censura en el arte y que ya se permiten todo tipo de exposiciones y se publican libros diversos. Sin embargo, deja pendiente en la agenda la lucha por la despenalización del aborto y la eutanasia, terreno en el que los panistas no han querido ceder.

Inevitablemente, después de la charla política regresamos al arte. Me cuenta lo mismo que ha dicho en otras entrevistas, que él siempre quiso ser narrador. La conversación es amena. Habla de cuando le preguntaban qué quería ser de grande, y el respondía que académico.

Rascón Banda no tiene propósitos para el 2008. Dice que  la vida siempre lo ha llevado por caminos inesperados. Puede ser. Es tarde y no hay tiempo para filosofar al respecto. El dramaturgo es muy amable, pero necesita irse a descansar. Yo igual. La tensión angustiante entre el arte y la política me dejaron agotado.