 La Habana, 19 de noviembre de 2008. Una conocida escena contada por Sergio Pitol al inicio de El arte de la fuga lo
muestra a su llegada a Venecia por primera vez. Es octubre de 1961 y
acaba de bajarse del tren en que viaja de Trieste. Al consignar la
maleta descubre que ha perdido los espejuelos en el hotel en que había
dormido la noche anterior o en el vagón recién abandonado. Así debe
recorrer la ciudad: “Se me escapaban los detalles”, escribe, “se
desvanecían los contornos”. Los edificios, las plazas, los cuadros,
todo lo que siempre soñó ver aparece difuminado, diluido por una miopía
que distorsiona las imágenes. Al final del día regresa al tren que lo
lleva de vuelta y, al abrir la maleta, descubre algo en un bolsillo de
la chaqueta. Son, naturalmente, los espejuelos.
Es posible percibir en esa pequeña historia los rasgos
de una poética. Esa visión difusa, esa inseguridad en el poder de los
sentidos, ayudan a explicar ciertas tendencias en la obra de Pitol: un
modo de escribir en que los géneros se contaminan y en que la realidad
y la ficción se cruzan, una propensión a elaborar historias que el
propio narrador no llega a entender con claridad. Escritor de difícil
clasificación, Pitol pertenece a una genealogía rara entre nosotros, a
una tradición excéntrica que su misma obra ha ayudado a consolidar.
Viajero impenitente, lector voraz y políglota insaciable, no es raro que nuestra lengua le deba no sólo esa obra, sino también la incorporación de traducciones de Henry James y Conrad, de Jane Austen y Ford Madox Ford, de Andrzejewski y Gombrowicz, de Tibor Déry y Lu Hsun.
Dueño de una escritura singular y deslumbrante en la que encontramos títulos como los que integran el denominado Tríptico del Carnaval (El desfile del amor, Domar a la divina garza, La vida conyugal) y el Tríptico de la Memoria (El arte de la fuga, El viaje, El mago de Viena), Pitol ha debido padecer el asedio de premios y homenajes, de los que el Cervantes y el Rulfo son apenas los más resonantes. Curiosa fascinación la que despierta, si se tiene en cuenta que Pitol se empeña en escribir a contracorriente y que más de una vez ha citado una regla básica aprendida de Gide: “no aprovecharse nunca del impulso adquirido”.
Esta Semana es otra forma de homenaje a Pitol y también una fiesta para sus lectores, la cual celebramos con sus libros y con la oportunidad de tenerlo entre nosotros.
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PROGRAMA DE LA SEMANA DE AUTOR (18 AL 21 DE NOVIEMBRE)
MARTES 18 Sala Manuel Galich 3:00 p.m. Palabras de bienvenida. Intervención de Sergio Pitol. Lectura de “Diario de La Pradera” 4:30 p.m. Presentación de Victorio Ferri, corto de ficción basado en “Victorio Ferri cuenta un cuento”, primer relato publicado por Sergio Pitol.
MIÉRCOLES 19 Sala Manuel Galich 3:00 p.m. Lecturas críticas 1 • Elizabeth Corral: “Los refinamientos de la imaginación” • Reina María Rodríguez: “Puesta en abismo” • Mario Bellatin: “Muñecos colocados frente al mar” 4:30 p.m. Exhibición de la entrevista realizada a Sergio Pitol por Cristina Pacheco para el Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional de México.
JUEVES 20 Sala Manuel Galich 3:00 p.m. Lecturas críticas 2 • Jorge Fornet: “Un escritor cubano llamado Pitol” • Tryno Maldonado: “Música concreta: los sonidos en la obra de Sergio Pitol” • Rosa Beltrán: “De la excentricidad y otros márgenes” 4:30 p.m. Voces cruzadas Lectura de los escritores Mario Bellatin, Tryno Maldonado, Rosa Beltrán y Sergio Pitol.
VIERNES 21 Sala de lectura 4:00 p.m. Presentación del volumen de cuentos Nocturno de Bujara (editado por el Fondo Editorial Casa de las Américas), a cargo de Antón Arrufat. Lectura de Sergio Pitol en la Sala de lectura de la Biblioteca, donde se exhibe una muestra bibliográfica de su obra.
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