Mérida,23 de abril de 2008. Vayan sirviéndose un trago, la situación loamerita. Escójanlo bien, éste es para disfrutarlo. El domingo pasado mesenté frente a la computadora, suponiendo que la única novedad seríandiez nuevas formas de agrandar mi pene o de curar el cáncer que notengo. Cuando, de repente, en la cima de mi bandeja de entrada… ¡Ohsantísima, regordeta, colosal, arredobaya! ¡José Díaz obtuvo el primerlugar en el prestigioso premio de poesía Efraín Huerta! Por laexpresión de alegría en mi rostro, mis familiares debieron pensar queel premio lo había sacado yo.
Conocí a José como maestro en la universidad, sin embargo, el mayor acercamiento que he tenido hacía él es a través de su obra.
José Díaz Cervera nació en Valladolid, Yucatán, el 7 de octubre de 1958. Cuenta con los libros de poesía: Licantra (UNAM, Colección "El ala del tigre", 1992), Manual del Fingidor (Universidad Autónoma de Yucatán, Colección "La huella del viento", 1997), Para astillar la longitud del rayo (Dante, 2002), y el libro de ensayos Elocuencias del Delirio (Ayuntamientode Mérida, Colección "Capital Americana de la Cultura", 2001). En 1996ganó los Juegos Florales Nacionales de Ciudad del Carmen, Campeche.Hace un par de años obtuvo premios en las categorías de cuento y poesíaen el concurso nacional de la UADY. Ha publicado también en lasrevistas Cultura Sur, Siempre, Al Pie de la Letra, y Tierra Adentro, así como en los suplementos culturales Sábado del periódico uno más uno. Algunos ensayos y artículos se han divulgado en el Diario de Yucatán, Por Esto!,y en periódicos de Cuba y la República de Chile. Ha coordinado talleresde creación poética en México, D.F., donde trabajó al lado de lospoetas Carlos Illescas y Oscar Oliva, y estuvo al frente del Taller dePoesía de la Casa de la Cultura "José Reyes Heroles", de la DelegaciónCoyoacán.
El premio Efraín Huerta es uno de los más prestigiosos del país. Sus veinticinco años de existencia lo avalan. Para conmemorar su aniversario, se acaban de publicar dos antologías. En la lista de ganadores desfilan nombres como Jorge Mancilla, Luis Girarte, Gerardo Beltrán, Patricia Medina, Juan Jesús Aguilar, Sergio Witz y Jair Cortés. En esta ocasión, el poemario titulado La piel superó a 182 participantes. La premiación se llevará a cabo este viernes 25 de abril a las 20:00 horas en la Casa de la Cultura en Tampico. Sobre la obra del yucateco, los jueces comentaron: “fue ganador debido a su imaginería verbal, por presentar la posibilidad en la imposibilidad del deseo, y por su solvente discurso”.
Para intentar abarcar, inútilmente, desde las limitantes del texto y los lazos imaginarios de comunicación, las distintas facetas de José Díaz, es preciso comenzar con su poesía. Lo primero que llama la atención es la rigurosidad con la que trabaja el lenguaje. Es evidente que es un artesano de la palabra, que se sienta pacientemente frente al torno, moldea con cuidado el verso, y deja la obra descansar hasta que esté lista para ser exhibida. La estética de su obra, el tarro coagula y se sostiene porque existe una ética que le da solidez. Un conjuro de símbolos que se abren adornan la cerámica.
La poesía de Díaz Cervera es un collage de influencias, componentes que si se separan podrían parecer imposibles de juntar. Por un lado, recurre constantemente a sustantivos naturalistas, típicos de los poetas modernistas (sol, luna, viento, noche, etcétera) y a las preocupaciones esenciales de la poesía a lo largo de su historia (amor, memoria, olvido, soledad, etcétera). Hay constantes alusiones al universo de las ideas y el lenguaje. Destacan dos categorías de verbos en su obra, los de connotación “violenta” (tragar, arrancar, ahorcar, derrumbar, violar, odiar...) y los sensoriales (ver, observar, sentir, escuchar...).
Llama mi atención el constante retorno al acto contemplativo. Esta ambigüedad hace humanos sus versos, desnuda a un hombre en inmutable lucha con sí mismo. En muchas ocasiones, el verbo viene acompañado de alguna preposición que abre el símbolo como un cofre maldito del que se desprenden las ideas. En otras ocasiones, el frecuente uso de la preposición sirve para oponer las dos partes del enunciado, dándole materia al verso, dejando la sensación de un loco debatiendo con sí mismo. Por otro lado, existe un trasfondo existencial, un hombre agobiado y claustrofóbico dispuesto a naufragar en la imaginación con tal de hacer de las calles espacios un poquito más habitables. En ese sentido, recurre constantemente a elementos urbanos que cobran nuevos significados a través de una construcción lingüística bien elaborada. La congruencia con la que maneja todos estos elementos, su forma de unificarlos, hace de la poesía de Díaz un amasijo de originalidad: una vasija que no se puede repetir.
|