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¿Prevalece la vanguardia?
La música electroacústica aún se asocia con sonidos salvajes
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/404.fotu.JPG

Mérida, 24 de marzo de 2007. Sería muy aventurado hablar con artistas dedicados a hacer música electroacústica sin tener, al menos, una definición conceptual de este género en la mente, y nada como Internet para dar con un significado global. Así, llego al término que propone el compositor Alfonso García de la Torre (www.euskonews.com), quien en pocas palabras refiere que el concepto surge en 1959 y se aplica a las composiciones hechas a partir de equipo electrónico, estableciéndose, por tanto, un compromiso con la tecnología. ¿Significa, entonces, que la música como tal pasa a segundo término? En cierto modo, sí. Por ejemplo, Günter Müller, Norbert Möslang y Jason Kahn privilegian el uso de iPods, sintetizadores y aparatos electrónicos descompuestos y con ellos interpretan su música.


Estos creadores conforman el trío Müller/Kahn/Möslang que el jueves se presentó en El Cervantino, aquí en Mérida (la foto de primera página es de Pepe Molina), para posteriormente actuar en el foro Radar, espacio para la exploración sonora, que se realiza desde el 2002 en el marco del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México. Este trío, ejecutante de una improvisación colectiva abstracta y minimalista, cuya mesa de trabajo parece más bien un laboratorio de ingeniería electrónica, vino gracias a las gestiones del promotor Gerardo Alejos. Él nos los presenta y traduce esta entrevista con unasletras, en la que también Sandra Thomson colaboró con la transcripción de la grabación.

¿Cómo pueden argumentar el hecho de haber reemplazado los instrumentos musicales por máquinas?

–El punto importante es que, en cierto modo –dice Norbert Möslang–, el saxofón es una máquina también. El problema es que no tiene un rango de sonidos muy amplio.

Por la precisión o lógica matemática es sabido que los músicos dan a los instrumentos un valor de precisión muy alto, pero nunca al grado de verlos como el equivalente a una máquina, ¿verdad?

Contesta Gunter Müller: Los músicos tradicionales también usan máquinas de vez en cuando. Yo toqué percusiones por muchos años, y aunque tenía un equipo electrónico muy simple, pude cambiarle los tonos y añadir sonidos acústicos. Una vez, antes de dar un tour, grabé con mi equipo análogo el sonido de los platillos alterando su sonoridad, y si bien reconozco que estaba tocando un estilo más electrónico que tradicional en ese momento, a partir de entonces decidí usar solamente equipo electrónico porque no quería cargar todos mis instrumentos conmigo en el viaje; era mucho más fácil viajar con un iPod que con todo mi equipo pesado. Además de ser mucho más práctico y ligero para llevar, el iPod me permite almacenar y transportar conmigo todo un archivo de sonidos. En resumen: para mí es igual tocar con batería o tocar el iPod.

¿El iPod simplifica o dificulta la comunicación visual con el oyente/o el público?

–Esa es una pregunta vieja. Si yo escucho un trompetista, toda la interpretación para mí es un milagro porque yo no sé tocar trompeta, no sé cómo funciona ese instrumento... Es lo mismo con el iPod. La gente no está acostumbrada a ver una caja pequeña y no comprenden la manera en que funciona.

Jason Kahn complementa diciendo: En la Grecia antigua escuchaban la música en la oscuridad, o quizá tocaban tras una cortina oscura, fenómeno llamado akustikon. Oír la música sin ver el instrumento es una tradición muy vieja… Yo pienso que no es necesario ver los instrumentos.

Al no haber partituras, no hay registro verdadero de la música para, por ejemplo, poderla estudiar; ¿cómo un músico puede aprender/asimilar este concepto? ¿Sólo a partir de la experiencia de escuchar?

Norbert responde: Lo más importante es crear algo tuyo, descubrir tus propios sonidos y darles un seguimiento personal; es decir, crear una música propia y no copiar a otros músicos.

Sabemos que Günter tiene un sello discográfico propio: For 4 ears (Para cuatro oídos), y Jason tiene un sello llamado Cut (Corte), ¿funcionan como negocio, realmente, o su finalidad es transmitir un legado?

–Jason Kahn: Siempre que publicas algo se convierte en un legado, pero esa no es mi intención, mi intención es compartir mi música y la música que yo admiro.

¿Qué distribución tienen sus discos?

–Japón, China, todo el mundo…

Y ahora, finalmente, llegan a Latinoamérica, ¿qué representa para ustedes venir a México y que su música se conozca en esta zona del mundo? (La presentación en Mérida, nos informa el promotor Gerardo Alejos, fue la primera fecha del trío en su gira por Latinoamérica —región que visitan por primera vez—. También se presentarán en Santiago de Chile, Bogotá y Buenos Aires).

–Jason Kahn: Para mí es un gran problema que la información no sea accesible para todo el mundo. Acabo de decir que mis discos se distribuyen a nivel mundial, pero realmente eso no es verdad. No tenemos distribución en África, India y Sudamérica porque la gente no tiene suficiente dinero para comprar CD’s.

Yo fui a Egipto y Líbano el año pasado –continúa– y pude ver la situación global. Este año estaré en México y Sudamérica y viajar me hace pensar en por qué estoy produciendo los discos de otras personas… Es un dilema, pues por un lado quiero difundir música para que todo el mundo la disfrute, pero tengo que tener dinero para editar los CD’s. Para mí es muy importante viajar y tocar, y quizá esa es ahora mi mayor aportación para que mi música llegue a la gente que no tiene posibilidades de comprar CD’s.

Partiendo de que en Europa la música electroactústica se hace desde mediados del siglo pasado, ¿es válido considerarla actualmente como un arte de vanguardia?

–Gunter Müller: No me importa si es vanguardia o no. En Japón o en Europa así lo consideran, pero yo no sé si se puede considerar vanguardia algo que toco desde hace 25 años. Yo solamente quiero seguir tocando mi propia música. Nosotros estamos aquí deseosos de oír la música tradicional mexicana porque nunca la hemos escuchado, y eso quizá para nosotros sea una gran vanguardia…

Norbert Möslang: Para mí era vanguardia hasta hace unos años, pero no más. Quizá esta pregunta es histórica y sea más apropiada para los críticos y estudiosos; para mí, como músico, no tiene relevancia.

¿Quiénes son sus fans, quiénes los escuchan?

–Esta música es para gente deseosa de saber más, para oyentes curiosos.

Jason Kahn, regresando al tema de la electroacústica como vanguardia, comenta que para la gente ser vanguardia implica rebasar los límites, y bajo esa perspectiva no le molesta ser considerado vanguardista.

Alta sensibilidad

Günter Müller, profesor de artes visuales, nacido en Suiza en 1954, cuenta que al pedirle permiso al director de su universidad para ausentarse unas semanas debido a una gira, éste le pidió que ofreciera un concierto a sus colegas para que conocieran su trabajo y, de alguna forma, justificar su ausencia.

Müller, que ejecuta música con iPods y aparatos electrónicos, aceptó y, sin embargo, no durmió toda la noche previa a la presentación temiendo la reacción de sus compañeros.

“Yo no podía negarme porque constantemente estoy pidiendo permiso para salir, pero no pude dormir la noche anterior porque temía lo que mi música les iba a provocar. Sentí miedo de que la gente se fuera a reír de mí.

“Antes de empezar les pedí que se liberaran de cualquier prejuicio y simplemente escucharan…  Toqué veinte minutos aproximadamente, y cuando llegó el momento de que opinaran dijeron que les había parecido escuchar sonidos animales… Se crearon sus propias imágenes y eso está bien. Alguien escuchó changos, inclusive, lo que me hizo pensar que quizás yo soy un chango”.

La música electroacústica, bajo ese cariz, se asocia tanto a sonidos muy primitivos, como el caso referido, o bien a efectos sumamente sofisticados, de alta tecnología… Para los improvisadores tales interpretaciones son irrelevantes. Ellos agradecen mover el inconsciente y generar en el escucha cualquier clase de asociación sonora/visual.