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98% jazz + 2% de salsa
De Brooklyn a Mérida sin escalas
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/293.tirso.JPG

Mérida, 16 de julio. Los conciertos de jazz continúan en unas letras industria cultural. Gerardo Alejos los convoca con sorprendente éxito. El viernes pasado asistieron unas 60 personas. Cada una aportó en la puerta 30 pesos, colaboración simbólica para corresponder la excelente calidad del Cuarteto de Jazz del Sureste, integrado por  Armando Martín (guitarra eléctrica preparada), Carlos Rodríguez (guitarra eléctrica), Gilberto Pinzón (contrabajo eléctrico) y Tirso Buenfil (batería).

Tirso, por cierto, vino a Mérida fugazmente; las horas exactas para dar el concierto y volver de madrugada a Campeche, donde es coordinador académico de la escuela de música Najil’Pax.

Él y Gil Pinzón avivaron el escenario con sólo jazz… En eso consistió la noche, y no puedo definirla de otra manera porque Armando Martín la calificó así cuando quise interrogarlo sobre las variantes acústicas de su interpretación esa noche, mucho menos explosiva o estridente que en otras tocadas aquí mismo.  

Cuando por fin empezó la primera sesión, las voces del público cedieron al espectáculo, ante todo por la resuelta vibración de las percusiones y el estilo enérgico de Buenfil, ubicado sobre la alfombra china, único elemento escenográfico de este espacio (aparte de la iluminación, que intencionalmente no quedó dirigida hacia los músicos).

Se me olvidaban los ventiladores de techo, otro elemento de peso en la composición visual del principal salón de actos de unasletras; bajo uno de ellos se instaló Gil, precisamente, y ni así dejó de sudar toda la noche. Sólo que, igual, tocó estupendamente, tanto en sus solos como en el acompañamiento de la banda raspando las cuerdas del bajo con los dientes de la llave de su casa, una técnica quizá usual en él, sin embargo muy celebrada por el propio músico con una gran sonrisa prolongada hasta la segunda sesión.

Me fue imposible escuchar el concierto completo por atender la recepción, sobre todo, pues eso forma parte de mi función aquí, con la ventura de recibir a un señor de guayabera que caminaba casualmente por esta calle y animado por el esplendoroso ruido quiso ver de qué se trataba. Se sorprendió al ver al público sentado en el piso, pero con la actitud de quien ocupa una butaca en el teatro.

En ese instante Armando Martín creaba una armonía muy original a partir de sus sintetizadores, a lo que sobrevino una ejecución impecable para llegar a un cálido final de concierto.

¿Era el momento de partir? No. El DJ Igor Solís, jazzófilo y melómano meridano que vive en New York había instalado su equipo para un set electrónico. Era el momento de empezar a bailar salsa, hasta con bailarina de Brooklyn incluida.