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De la manera más simple, decir lo más complejo: Sebastián Castagna
Autor de la música de La mirada de Ulises a partir de Joyce y Homero
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/627.seba.jpg
Mérida, 30 de mayo de 2008. Este sábado en la noche se estrena en el Teatro “José Peón Contreras”, La mirada de Ulises, espectáculo multidisciplinario para música, danza contemporánea y video, creación de la bailarina y coreógrafa Tatiana Zugazagoitia y del músico Sebastián Castagna. En el video, el crédito es para Jorge Carlos Cortazar.

La obra retoma al Ulises de la Odisea para hablar de la soledad que conllevaestar lejos de la Patria entendida como el hogar, la familia, y tambiénuno mismo, e igualmente “habla del destino y cómo la vida se antepone anuestros deseos y anhelos sin que podamos hacer nada por impedirlo.Sólo aprender a aceptarlo”.

Tatiana Zugazagoitia representa en su coreografía a Ulises, el ser humano, noel héroe. Ella es la protagonista y comparte escenario con los bailarines Fátima Núñez, Ana Clara Flores, Nicolás Flores y un invitado especial en las funciones de estreno, el flautista Horacio Franco, para quien Sebastián Castagna compuso una pieza de aproximadamente 14 minutos. Lo extraordinario es que lo veremos en el papel de Eolo, tocando ybailando a dueto con Tatiana.

Enentrevista con Sebastián Castagna, sabemos que el Canto X de la Odisea, es la inspiración del proyecto. Él había presentado en Irlanda un proyecto con este tema como parte de un espectáculo también multidisciplinario de música, danza y cine.

En realidad, dice Sebastián, esa obra fue un encargo que me hicieron para celebrar el aniversario luctuoso de un marino irlandés, y yo decidí hacer el homenaje desde la óptica de Ulises y no de un marino militar. En el Canto X  de la Odisea, –explica– Ulises llega a la isla Eolia, donde el dios del viento, Eolo, lo recibe, y lo ayuda en sus intentos de regresar a Ítaca, y le regala el viento que necesita, y mete el resto de los vientos en una bolsa... Ulises se queda dormido y su tripulación cree que Eolo le regaló un tesoro, y abren la bolsa...  Entonces, cuando Ulises estaba justo por llegar a Ítaca, es decir  –a casa–, se aleja y vuelve a ver a Eolo, que se enoja mucho con él, y lo expulsa de la Isla”.

Tuve la fortuna de escuchar este pasaje y tres más antes de la entrevista, e igualmente estuve en un ensayo en el ático del Peón Contreras, ahí donde anidan las palomas...

En el argumento de La mirada de Ulises, hablan de la soledad, la fragilidad humana y el destino, ¿en qué medida están reflejadas estas emociones o sentimientos en la música de la obra?  

–Me parece que esos planteamientos existenciales nos tocan a todos, artistas o no artistas, y obviamente en el caso del arte esto sí es un motor para generar trabajo o ponerse en situación de enfrentar un reto creativo.

Una de las cosas importantes de la música electroacústica, –explica Sebastián– es que tiene un repertorio expresivo que abarca todos los sonidos perceptibles, y no solamente los provenientes de los instrumentos tradicionales. Desde este punto de vista, es muy interesante trabajar con ese lenguaje porque se puede no solamente estructurar material convencional, entre comillas, que sería el de la música tradicional instrumental, sino que también se puede trabajar con sonidos que se escapan de una estructuración cultural. Grabar la respiración y sonidos de otro tipo permite una exploración muy distinta de la que permite la música tradicional.

Y ya que hablas de exploración, ¿en qué consistió ésta para la obra que se estrena este sábado?

–Un aspecto interesante del proyecto es cómo el sonido a veces plantea paisajes sonoros y cómo a veces propone material referencial que, espero, en este caso, dispare imágenes en la audiencia precisamente por ese poder referencial que tiene el sonido a veces.

Mi intención fue estructurar el material sonoro desde todo su potencial, teniendo como referencia y como ejemplo el tratamiento del lenguaje que hizo Joyce en su Ulises, guardadas las distancias, por supuesto.

Joyce propone un compendio del uso del lenguaje, y yo, bajo  su influencia, traté de trabajar con el sonido de muchas maneras. En ese sentido, hay música que está estructura en la forma tradicional, desde el punto de vista instrumental, y hay secciones mucho más experimentales, pero mi punto de partida está en Homero y Joyce.

Las risas se perciben muy claramente, ¿qué función tienen en tu composición?

–En esta obra hay sonidos vocales muy variados. La risa es un color más dentro de esa paleta de sonidos vocales.

Sin embargo, en este caso, ¿las risas refuerzan la expresividad la coreografía o son independientes?

–La idea fue armar una obra que aunque lidia con lenguajes experimentales, sea accesible, que no pierda esa posibilidad de conectar con la gente. Yo encuentro que hay que descubrir. La obra, desde ese punto de vista, tiene un espíritu ligero. La idea, por lo menos, era esa. Que no sea hermética.

Así, las risas aparecen en una secuencia que tiene cierto humor, y de algún modo reflejan el sentido de esa sección en particular. De todas formas, cuando trabajo con cualquier sonido, sea abstracto o reconocible, lo articulo musicalmente de tal manera que pueda tener una justificación musical en el contexto. Es un poco lo que pasa con la pintura clásica, –explica– determinado objeto se puede leer como un símbolo o como lo que literalmente está expresando, pero como símbolo es parte de una composición. Tú puedes escuchar una risa o puedes escuchar un elemento que está articulado musicalmente con otros elementos.

Sebastián Castagna y Tatiana Zugazagoitia habían presentado trabajos en colaboración desde El Laboratorio de lo Efímero. El año pasado obtuvieron una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y así realizaron La mirada de Ulises, su proyecto más ambicioso como pareja de trabajo hasta ahora.

Independientemente, Sebastián había presentado composiciones suyas de música contemporánea de concierto, y en colaboración con la video realizadora Berena Grimm (mexicana actualmente residiendo en Berlín) hizo dos obras, una se presentó en el Museo Rufino Tamayo y otra en la Sala Siqueiros, en la Ciudad de México.

La verdad –dice Sebastián– todo esto ha sido bastante especial y muy positivo. Desde que llegué a México no he dejado de estar envuelto en proyectos con artistas interesantes.

Sebastián es de origen argentino, pero reside en Inglaterra desde 1990.  Ahí, en la Universidad de East Anglia, en Norrwich, obtiene su doctorado en Composición de Música Elecroacústica en 1999. Hace dos años, llegó a la península de Yucatán, y en Mérida aparte de componer, trabaja como profesor. Aquí ha grabado sonidos en la Riviera Maya, el Golfo de México y también cantantes y músicos...

¿Qué tanto te ha influenciado el medio ambiente para crear?

–Mérida es una ciudad muy ruidosa, y es cierto que por deformación profesional sí estoy muy atento a lo que escucho todo el tiempo, y eso es inevitable porque me dedico a escuchar los sonidos. Y lo que me parece una contaminación sonora espantosa, es el ruido que hace la camioneta que reparte gas, pero también me llama la atención la escuela primaria de aquí a lado, ¡todo el tiempo están tocando música!, desde que entran los niños hasta que salen. Así que sí hay una contaminación sonora seria en la ciudad, pero eso es bastante común en Latinoamérica, lo que pasa es que la percibo más al venir de Londres, ya que ahí la contaminación es un poco más leve.

¡El tren, por ejemplo, es increíble! A mí me despierta a las 4 de la mañana...

Ojalá en el “Peón Contreras” la música se imponga. Dime, por último qué tal está el equipo de sonido ahí.

–No está mal. Obviamente, si pudiera elegir la situación ideal, estaríamos trabajando con bocinas de más calidad y un sistema mucho más complejo, pero no es un requisito esencial para este tipo de proyectos. Si fuera un concierto de música electroacústica sería otra cosa, por supuesto...  pero a la hora de componer también tuve en mente eso, la acústica del teatro...