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Fin de una era para la OSY
Domingo de orquesta
María José Evia Herrero
Mérida, 1 de julio de 2007. Para algunos es día de futbol, pero para otros es el domingo del “Cierre de temporada”, el equivalente a una fiesta  de despedida de “Nuestra solista, la Orquesta”, como titularon, precisamente, el concierto con el que la Orquesta Sinfónica de Yucatán se despide de su público, y también de su director artístico y titular, Juan Felipe Molano Muñoz, quien estuvo en el proyecto desde su creación, en febrero de 2004. El teatro Peón Contreras está prácticamente lleno. Tal vez no haya goles, pero sí música de excelente calidad y muchos aplausos.

Cuando casi todos los asistentes han tomado asiento, el director —tal como siempre—sale al escenario para explicar el programa: un compositor mexicano y dos rusos nos deleitarán esta tarde: Daniel Catán con la Suite No. 2 de su ópera Florencia en el Amazonas, una obra de realismo mágico que recrea la travesía de un barco que navega por el famoso río brasileño, desde Florencia llevando a una famosa soprano que regresa a América después de 20 años. Y, a propósito, hay que resaltar que se trata del estreno en México de esta obra. Después seguirá Rachmanioff, con Rapsodia sobre un tema de Paganini op. 43, obra en la que la orquesta se acompaña por Alfredo Arjona al piano. Por último vendrá la Sinfonía No. 5 en Mi menor op 64, del famoso Tchaikovsky.

Molano saludó al público con su  acento amable habitual y agradeció al público la asistencia a esta séptima temporada haciendo notar que con este concierto concluía también una administración gubernamental, a la cual también agradeció su respaldo, aunque destacó que  gracias a la aceptación y el apoyo del público el proyecto continuará.

El concierto inició con El amanecer, de Catán, que definitivamente nos remonta al amanecer de un día en medio de la selva con la incertidumbre que viven los personajes de la ópera, pero es más tarde, con la obra de Rachmanioff, cuando el concierto llega al punto clave con la presencia de Alfredo Arjona, pianista yucateco con una extraordinaria carrera, y quien llevó a la orquesta a exponer todas sus capacidades. El público se puso de pie, y Arjona regresó al escenario más de una vez para corresponder a estas sentidas muestra de admiración.

Después de un breve intermedio siguió Tchaikovski, cuya Sinfonía nos lleva por muchas emociones a través de los clarinetes. Comienza con el peso del incierto destino, de la nostalgia para, posteriormente transmitirnos un verdadero ánimo esperanzador. El público vuelve a levantarse. La ovasión a Juan Felipe Molano se siente con fuerza, y él regresa al escenario numerosas ocasiones. El final perfecto para una tarde de despedida con un programa muy bien llevado y, sin duda, gratificante para todos los músicos. El domingo de orquesta terminó como debía, con el equivalente musical a una goleada.