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| La guitarra clásica, una revelación |
| Francisco Méndez, un pie en Boston y el otro en Mérida |
| Texto y fotos: María José Evia Herrero |
 Mérida, 3 de septiembre. Esta entrevista con Francisco Méndez, guitarrista yucateco, resultó un poco accidentada. La geografía (o mejor dicho, el hecho de que cada quien fuera a un lugar distinto para nuestro encuentro) y la posibilidad de lluvia amenazaron el éxito de nuestra plática, pero finalmente lo logramos. Primero en un café del centro y después en las escaleras del Teatro Mérida, donde el sábado ofreció un recital.
Francisco se preocupa por salir bien en las fotos, por la claridad de la grabación (hay un poco de ruido en el café) y también por mis habilidades con la grabadora misma (es nueva, y todavía no nos conocemos); aun así, contesta con seguridad, se extiende, explica, y yo lo escucho sin perder de vista que recientemente fue aceptado y becado por The Boston Conservatory of Music (Boston, Massachusetts), donde, de contar con un apoyo o beca especial por parte del gobierno del estado o un buen filántropo, podría continuar su carrera.Escuchándolo, pienso también en Bach, uno de los autores que conforman su repertorio, del que podría pedirle, ahora mismo, una pieza en exclusiva para mí, y, sin embargo, decido mejor hacerle la primera pregunta.—¿Cuándo se da tu primer acercamiento con la guitarra? —Escucho música desde que tengo uso de razón. Mi padre toca guitarra, y él fue mi primer maestro. Empecé a tocar a partir a los 9 ó 10 años totalmente influenciado por los gustos de mi padre: The Beatles, Creedence, Led Zeppelin… Esa música me fascinó desde niño. No se trata de que venga de una familia musical, porque no hay músicos profesionales, pero el hobbie de mi padre es tocar la guitarra. Después seguí tocando de manera autodidacta hasta los 17 años más o menos, y fue cuando empecé a conocer la guitarra clásica. Entonces, un día vino a Mérida un guitarrista australiano, Anthony Lamont García, a dar un recital en el teatro Felipe Carrillo Puerto, y te juro que ¡me cambió la vida! Simplemente me enamoré de la música que tocaba; era un mundo completamente nuevo para mí. No coincidía con lo que yo tenía en la mente, que era la guitarra popular o la guitarra eléctrica. El ver tocar música de 1600, cuando ni siquiera existían las guitarras, era demasiado, era lo máximo, fabuloso… Ahí decidí que eso era lo que quería hacer. Afortunadamente, la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) invitó a Anthony a dar clases, y se abrieron los primeros talleres de guitarra clásica en Mérida. Yo primero tomé clases con el maestro Diego Carrillo, y un poco después con el mismo Anthony Lamont. —¿Cómo fue que llegaste a ser el director de la Orquesta de guitarras de la UADY?
—Cuando se formó la Orquesta, la dirigía el maestro Lamont, pero después de un par de años tuvo que regresar a Australia, y me dejó a mí a cargo de la orquesta los siguientes dos años, del 2003 al 2005. —¿Qué significó para ti pasar de alumno a maestro? —Fue un poco desafiante, porque nunca había dado clases, y no me imaginé que fuera un arte tan diferente, pero igual. Se trata de compenetrarte mucho con tu propio estilo de tocar, pero también ponerte en el lugar del alumno, recordar por lo que tú pasaste. Fue una gran experiencia, te permite reafirmar, darte cuenta de cosas. Para mí fue muy gratificante, aprendí mucho. Todavía sigo dando clases, y todo lo que aprendo se lo enseño también a mis alumnos. Siempre hay maneras para llegarle a la gente, quiero mostrarles el mundo en el que yo vivo, que es el de la guitarra clásica. —¿Qué esperas del público cuando das un recital?—Me gustaría que cuando la gente asista a uno de mis recitales salga con un estado de ánimo mejor que con el que llegó. La idea que tengo de mi preparación ante un recital es transmitir a la gente lo que yo siento, que no sólo vayan a ver qué tan rápido se mueven los dedos o la iluminación, o lo mal o bien que me veo. Lo último que se tendría que ver es el físico del guitarrista, hay que estar enfocados por completo a la música. Siempre espero que el público disfrute el repertorio que elijo, pues tal vez nunca han escuchado las piezas que preparo. También me gustaría que la gente se sienta a gusto. Y, por último, uno de mis grandes anhelos sería que, como a mí me sucedió, yo pudiera inspirar a alguien a tocar este tipo de música. —¿Cómo te preparas para un recital? —Tratando de concentrarme lo más posible, sentir cada pieza, pensar en el compositor y recrear la época en la que fue escrita la música y lo que a mí me transmite. Normalmente cierro los ojos y me concentro en lo que me dice la música. Nunca es lo mismo, aunque sea la misma pieza.
—¿Qué piensas del público de Mérida, ha cambiado con los años? —Definitivamente ahora se está viviendo una transición muy fuerte. Date cuenta de que hay mucho talento en Mérida; no sólo guitarristas sino pianistas, escritores, deportistas, y como de 6 años para acá, la guitarra clásica ha agarrado mucho poder, la gente ya conoce el repertorio, ha asistido a más eventos. Tuvimos uno de los festivales más importantes del mundo, el Guitar Foundation of America, que fue toda una semana de conciertos y clases magistrales con algunos de los guitarristas más famosos del mundo. Así la gente comenzó a acercarse a lo que se puede hacer con una guitarra. Yo pienso que es muy bueno que sigan fomentándose este tipo de ciclos y festivales, para que no se pierda el interés y las nuevas generaciones escuchen esta música. —¿Cuáles son tus planes a futuro? —Seguir enseñando y tomando clases magistrales. He tenido la fortuna de participar en eventos muy importantes, ir a tocar a lugares como La Habana, y hace dos semanas recibí una invitación para tocar en Israel en octubre, espero poder ir. Espero que alguien pueda patrocinarme, y dejar en alto en nombre de nuestra cuidad y nuestro país.
—Hablando de los viajes y festivales ¿crees que has recibido suficiente apoyo? ¿qué tan difícil ha sido el camino? —Es muy difícil. He perdido otras buenas oportunidades. El año pasado me aceptaron y becaron en dos escuelas en Estados Unidos, pero no me becaron por completo, y como las colegiaturas son muy altas, pedí apoyo del gobierno, pero no me fue posible conseguir nada, así que hay que buscar patrocinadores particulares. Hay que entender que con uno o más músicos formándose fuera, gana toda la entidad. En mi caso, la idea es que todo lo que yo aprenda lo comparta luego aquí, en mi ciudad. Por último, Francisco comentó que le gustaría llevar su repertorio al interior del estado, donde tal vez se piense que la música clásica no tendría muy buen aceptación, aunque él asegura que no es así, y menos ahora que ya la Orquesta Sinfónica de Yucatán se está encargando de que la gente la aprecie y disfrute.
Francisco Renán Méndez Diego comenzó sus estudios formales en los Talleres de Guitarra de la Universidad Autónoma de Yucatán con el maestro Diego Carrillo y continuó sus estudios con el guitarrista australiano Anthony Lamont García en dicha institución hasta el 2003.
Perteneció a la Orquesta de Guitarras de 2002-2005 dando múltiples recitales en el sureste mexicano, entre los que destacan el Festival Cultural de la Universidad de Ciudad del Carmen (Campeche) y el Foro Internacional de la ONU celebrado en Mérida, Yucatán (2003). Del 2003 al 2005 fue Director de la Orquesta de Guitarras de la Universidad Autónoma de Yucatán.
Ha participado en festivales nacionales e internacionales, tales como el Primer Festival de Guitarra 2002 (Mérida, Yucatán), Festival de Música Contemporánea 2002 (Mérida), Festival Internacional de Guitarra 2003 (Xalapa, Veracruz); Festival Guitar Foundation of America 2003 (Mérida), XII Festival de Guitarra Leo Brouwer 2004 (Habana, Cuba); Festival de Guitarra Paracho 2004 (Michoacán), entre otros.
Ha tomado clases con Manuel López Ramos (Argentina), Carlos Bonell (UK-España), Joaquin Clerch (Cuba), Pavel Steidl (República Checa), Masahiro Ojiri (Japón), Álvaro Pierri (Uruguay), John Williams (Australia), y Manuel Barrueco (Cuba-USA), entre otros.
Actualmente es alumno del guitarrista mexicano Manuel Rubio Cano.
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