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Suor Angelica a 90 años de su estreno mundial
María Eugenia Guerrero monta su versión de Puccini en Yucatán
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
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Mérida, 7 de julio de 2008. Impresionante la cantante de ópera María Eugenia Guerrero al llevar a escena una obra clásica: Suor Angelicade Giacomo Puccini (1858-1924). Su adaptación para el Taller de Óperade Yucatán del Centro de Música “José Jacinto Cuevas” muestra losalcances del ambicioso proyecto que se propuso desarrollar aquí hace yaocho años.

Suor Angelicanos remonta a finales del siglo XVII en un convento italiano; una monjaapartada de su hijo lamenta la desgracia de no estar con él. Lo peor esque, inesperadamente, una tía suya, la Zía Principessa, le anuncia queel niño ha muerto. Entonces deviene el trágico desenlace. Sour Angelicale pide a la Virgen que la lleve junto a su hijo y la salve.

Lasoprano Mía Monforte como Suor Angelica hace una interpretaciónfinísima y muy bella. A su vez, en el papel de la Principessa, María Eugenia Guerrero nos da su grandilocuencia completamente. El pálpito desu voz es profundo y estremecedor.

Juntocon ellas, la cantante Vania Pallares en su carácter de Suor Genovieffa, aun como alumna, hace un manejo de voz muy preciso ycautiva por la expresión de su rostro.

Realmentetodas las integrantes del Taller de Ópera (las voces masculinas noparticiparon por tratarse de una obra hecha especialmente para mujeres)se escuchan muy bien, y su actuación resulta aun más plausible dadaslas grandes dificultades técnicas que enfrentaron en la función delsábado pasado en la Ex Estación de Trenes, ahora ocupada por la Escuela Superior de Artes de Yucatán.

En primer lugar, falló la iluminación. Dado que este espacio fue solamente un escenario más (Suor Angelica se estrenó en la Casa de la Cultura del Mayab el lunes 30 de junio y el jueves 3 se presentó en la Casa de la Cultura del Puerto de Progreso), la producción se confió demasiado en hacer rendir al máximo los mínimos recursos técnicos disponibles, y esto le restó muchísimo lucimiento al espectáculo. 

Por otra parte, hubo constantes bajones eléctricos durante la representación y, por lo tanto, algunas escenas se pasaron a oscuras, y lamentablemente se apagó varias veces la tenue lamparita que iluminaba a la pianista Yuleidis Lima, quien con toda seguridad habrá sufrido muchísimo las condiciones adversas para interpretar ella sola toda la música de acompañamiento. Mas quizá por esa misma energía que se creó con los percances, en la última parte de la obra Yuleidis estuvo mucho más fuerte, más brillante.

Asimismo resultó demeritorio el hecho de que la obra no contara con subtítulos. ¿Acaso no tuvieron presupuesto para contar con este soporte indispensable? La gran pregunta es qué falta para que el Instituto de Cultura de Yucatán respalde al cien por ciento este Taller de Ópera.

Para la comprensión estética de la obra es vital entender la letra, comprender la carga poética de cada frase, pues claro está que la pura intuición no basta.

El preludio a Suor Angelica fue lluvioso. La negra noche se prestaba para admirar en su máximo esplendor el viejo edificio de la Ex estación del tren y luego adentrarse en la ópera, ¿quién nos iba a decir que nos recibirían con una copita de rompope y plegarias católicas? Menos nos hubiéramos imaginado ser parte de una procesión, pero así fue como accedimos al espacio escénico, ubicado en la planta alta de este viejo edificio restaurado ex profeso para las artes.


Dramática y musicalmente, Suor Angelica es una joya. El montaje en vivo me llevó a descubrir en Internet las interpretaciones de Montserrat Caballé, Éva Marton y María Calas, entre otras. Caí en el anzuelo. La aria “Senza Mamma” ahora recorre mi mente. Espero pronto comprar el CD o DVD que me lleve lo más cerca posible al estreno de Suor Angelica en Nueva York hace noventa años.

Mientras, confío que María Eugenia Guerrero en su querido Venezuela, donde pasará el verano, reciba docenas de rosas (por las que aquí no le di) y sonría a la distancia al saber que la esperamos, así nos haga cantar jaculatorias.