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Casa Catherwood vende creaciones artesanales mayas
Diseños exclusivos provenientes de Quintana Rooo
Texto y fotos: María José Evia
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Mérida, 20 de octubre de 2008. Casa Catherwood se encuentra en el barrio de Santiago, en el Centro Histórico, y es una casona remozada con especial cuidado; el espacio combina el esplendor del pasado con comodidades actuales. Ahí también conviven tradición y modernidad en otro sentido, pues entre las piezas que están a la venta se encuentran las creaciones de la cooperativa PRODEMAYA, un proyecto conjunto del gobierno japonés y el quintanarroense.

El objetivo de PRODEMAYA es lograr que las mujeres de origen maya usen sus conocimientos para urdir hamacas, bordar y hacer artesanías, pero de una forma rentable, moderna y autosustentable.


El resultado habla por sí mismo, y lo pudimos observar hace unos días, en una exposición temporal con los promotores de PRODEMAYA presentes. Al entrar a la sala se escuchaban exclamaciones como “Wonderfull”, “This is just perfect”,  ya que quienes admiraban las creaciones eran, sobre todo, norteamericanas residentes en la ciudad. Yo también hago exclamaciones de asombro, sólo que las mías son en español.


Me llama la atención, en especial, una bolsa bordada con hermosas flores coloridas sobre fondo negro. Me la imagino en una pasarela de  París, en un desfile de modas en Londres, pero también en mi mano. Los detalles son exquisitos, y el acabado muy profesional. Hasta el cierre se adorna con pequeños cristales Swarovski. Cuesta alrededor de 300 dólares.


Cristino Ku May, artesano y diseñador, me explica que estas bolsas llevan alrededor de 9 días y 7 horas de trabajo. Las carteras, 3 días, y cuestan 180 dólares. Cristino no tiene estudios formales de diseño. Empezó trabajando con su madre haciendo hipiles y camisas. Ahora tiene contemplada una línea de alta costura para mujeres. Y también quiere ayudar a capacitar a las mujeres de su comunidad. “Es importante que las mujeres mayas puedan realizar su trabajo en su pueblo, ya que el ir y venir a las grandes ciudades acaba por costarles más de lo que ganan”, afirma.


Además de las bolsas de Cristino, me llaman la atención otras muy coloridas hechas con la técnica del urdido de hamaca, y veo, igualmente, chales con el mismo estilo.  Algunas bolsas están adornadas con pequeños caracoles marinos colgando. No puedo dejar de mirarlas.


Las artesanas muestran orgullosas sus creaciones, y no dejan de observar a la gente que permanece extasiada ante la calidad, originalidad y belleza de sus productos. Cada artesana llevan un gafete con su nombre y lugar de procedencia. Responden con un poco de asombro, pero mucha seguridad, las preguntas que se les hacen.


Megumi Toda, de Japón, recibe a los visitantes, y los invita a pasar por un poco de horchata, pepino o jícama picada. Candis Krummen, diseñadora americana, explica en inglés los posibles usos de unas pequeñas sillas de madera, también a la venta. Dice que ella tiene la suya en su cocina, con un libro encima. A todos los encanta la idea.


Las artesanías de madera nacieron de un curso impartido por un diseñador de muebles estadounidense. Además de las sillas, encontramos miniaturas de  instrumentos mayas, que también pueden servir para decorar cualquier cocina.


Todas estas creaciones se encuentran ya a la venta en la tienda de Casa Catherwood (Calle 59 casi esquina con Calle 72).