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El símbolo del arco iris
La homofobia corroe el cuerpo social, impide que la diferencia nos enriquezca
José Ramón Enríquez
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Mérida, 11 de junio de 2007. Me escribe, sabia y cariñosa, Maya Ramos para darme el dato de quien fue traductora de Bajo el bosque blanco, la puesta inolvidable de Gurrola. Fue Pixie Hopkins. Gracias, Maya.

Y aun con el sabor amargo de una pérdida, debo referirme a lo endeble que resultan los espacios ganados en estos tiempos de restauración tan similar al de hace un siglo, cuando nacieron los totalitarismos. Recuerdo El huevo de la serpiente de Bergman y su metáfora terrible: ante nuestros propios ojos las derechas se vuelven cada vez más cerradas, las izquierdas olvidan sus orígenes libertarios para seguir modelos que ya se creían superados, los liberales guardan silencio ante el engrosamiento de sus cuentas bancarias y las socialdemocracias apenas balbucean soluciones posibles.

Proponer en estos momentos un día que conmemore la lucha contra la homofobia resulta una feliz idea. Y entre ese día y la marcha por el orgullo gay (en la Ciudad de México, se celebrará el 30 de junio y, en la ciudad blanca, una semana antes, el 23) en Mérida, el Festival de Danza Avant Garde, organizado por el incansable y talentoso Cristóbal Ocaña, invitó a clausurarlo al grupo de danza gay La Cebra.

También yo fui invitado a dirigir la palabra contra la homofobia y hablé de que un espacio en el que dance La Cebra es un espacio ganado a la homofobia.

La magia de sus cuerpos, su fuerza y su talento se unen a una voluntad moral, política y cultural: reventar el clóset. Increpar con su arte. Le guste a quien le guste, pero también invitar a gozarlo a quien sea capaz, sin importar su propia opción erótica.

Debemos aplaudir a una danza gay capaz de ser magnífica y de ganar espacios que parecían muy lejanos, pero también recordar que es apenas una victoria en un sitio y un tiempo limitados.

Muy limitados, desgraciadamente, porque la homofobia continúa existiendo y continúa cobrando víctimas de humillación y de sangre. Tan sólo hace unos días se hizo justicia y fue condenado a 147 años de cárcel, por el asesinato en serie de homosexuales, Raúl Osiel Marroquín, llamado por la prensa El Sádico. Levantaba a sus víctimas de bares, los ataba, pedía rescate a las familias y luego los colgaba de un gancho para dejarlos ahogarse muy lentamente. Hasta siete horas duraba su agonía.

“Le hice un bien a la sociedad”, dijo fríamente al ser presentado ante los medios. “Me deshice de homosexuales”. Aceptó que lo volvería a hacer, aunque cuidaría las formas para no ser aprehendido.

El extraordinario y aterrador libro de Fernando del Collado, Homofobia, editado por Tusquets, narra las muertes de muchos otros tan sólo de 1995 a 2005, así como la morosidad de las autoridades que se vuelve cómplice y el silencio de las familias que con su vergüenza avalan el linchamiento.

Pero son tan sólo algunos. Podríamos hablar de cientos de miles. Yo suelo llevar siempre conmigo una triángulo rosa que recuerda la que llevaban los homosexuales en Auschwitz y en otros campos de concentración nazis. Y, por cierto, los homosexuales somos la única minoría masacrada entonces a la cual nadie ha pedido perdón ni ha recordado oficialmente al hablar del holocausto.

¿Por qué? Por odio. Por miedo a la diferencia. Por lo mismo que se odia a quien es de otra etnia, otra religión, otro país, otra cultura. Peor, porque esa fobia a nosotros llega a considerarse inclusive un valor.

Pero, a diferencia de la homosexualidad, la homofobia sí es una enfermedad, corroe el cuerpo social, impide que la diferencia nos enriquezca a los unos y a los otros. La sociedad es la enferma, no danzantes como La Cebra que defienden su espacio, que abren caminos nuevos, que celebran sus cuerpos, que defienden un amor y que gritan su nombre.

Han dado enormes pasos si pensamos en el triángulo rosa, pero hay mucho camino por recorrer para ganar todos, sin importar opción erótica, eso que es el nuevo símbolo de la liberación gay: un arco iris que ocupa el cielo después de las tormentas.

panicoes@hotmail.com