Mérida, Yucatán, 12 de julio de 2007. El Por Esto! publicó el lunes pasado en primera plana que la civilización maya es más antigua de lo que se cree. Tiene más de dos mil años. La declaración del arqueólogo William Saturno, de la Universidad de New Hampshire, replantea toda la historiografía sobre esta cultura, pues de su revelación se deduce que el Preclásico no fue el período formativo que han venido postulando los mayistas. Saturno se basa en el descubrimiento de los Murales de San Bartolo en la Selva del Petén guatemalteco con los que, según él, se topó por casualidad.
Investigadores de todas las disciplinas científicas están al tanto de esta tesis. El epigrafista Alfonso Lacadena, de la Universidad Complutense de Madrid, en concreto, constata la existencia de ejemplos de escritura jeroglífica en esos murales, textos arqueológicamente fechados en el 300 a.C., dato que plantea una nueva proyección de la escritura maya desde dos mil años atrás.
Tanto Saturno como Lacadena participaron en el Séptimo Congreso Internacional de mayistas que se celebró en Mérida esta semana para debatir diversos temas enfocados a los Orígenes, memoria y alteridades de los pueblos mayas.
Saturno volvió a Estados Unidos de inmediato, mientras aquí, en la capital yucateca, 382 ponentes de 19 diferentes países se actualizaban respecto a temas tan variados como el nacimiento del urbanismo, los procesos educativos contemporáneos y el impacto de la globalización en el mundo maya.
Alfonso Lacadena, entrevistado a la sombra de un toldo plástico en la Unidad Académica de Ciencias Sociales y Humanitarias de la UNAM, sede del evento, de inmediato hizo notar su preocupación porque los temas que él maneja sean comprensibles para los lectores no especializados y, por su propia iniciativa, se abocó a definir aspectos de la escritura maya muy puntuales, síntesis de lo que fue su intervención aquí.
Su ponencia se tituló “Istmeñogramas en la escritura maya”, y en ella documenta el origen y la evolución de la escritura maya en el contexto mesoamericano con una insistencia: Los datos que van surgiendo determinan que la escritura maya procede o fue tomada de escrituras anteriores, esencialmente de la olmeca istmeña ubicada en el golfo de México y Chiapas.
Los mayas —explicó, adoptaron la escritura olmeca istmeña con todas sus particularidades, solamente adaptándola en función de sus requerimientos fonológicos. Esta escritura trascendió en el tiempo, como es sabido, y se materializa en todo tipo de soportes, si bien el más común es el códice, que consiste en papel de corteza estucado y alisado.
Las condiciones climáticas de la Península de Yucatán, sin embargo, hacen casi imposible la conservación de los códices. Los documentos clásicos que se conservan legibles están en Europa: Códice Madrid, Códice París y Códice Dresde (Alemania).
Según Lacadena, se calcula que hay un corpus de 15 mil textos jeroglíficos disponibles que permiten a los epigrafistas acceder a lo que el maya escribió sobre sí mismo. Enfatizando que en pleno siglo XXI la perspectiva de aproximación es totalmente científica, y no política, definiendo así la hazaña destructiva de códices que llevaron a cabo los conquistadores.
Otros soportes importantes fueron piedras de jade, concha, estelas y murales en templos y palacios, además de estructuras monumentales que, sobre todo, exaltaron a gobernantes o eventos de máxima relevancia.
Volviendo a los códices, Lacadena señala que es de interés de los epigrafistas leerlos y traducirlos para generar un compendio amplio de textos que, en el futuro, pueden presentarse de acuerdo a las diferentes regiones del mapa prehispánico maya; trabajo que se vislumbra como una verdadera odisea y, sin embargo, se hace indispensable en cierta medida, pues la escritura maya como tal es hoy tema sustancial en el debate antropológico.
En este Congreso Internacional de Mayistas, por ejemplo, el tema lo aborda Barbara Blaha Pfeiler desde la perspectiva de la educación indígena como estrategia para el mantenimiento del maya yucateco o su hispanización.
Para María del Carmen Valverde Valdés (UNAM), coordinadora de este Séptimo Congreso de Mayistas, los tres grandes temas en el que éste se subdivide son: desciframiento de la escritura maya, urbanismo, y los mayas de hoy.
Siguiendo esta lógica, después de hablar con el epigrafista, entrevistamos a Norman Hammond, proveniente del departamento de arqueología de la Boston University.
Su exposición se tituló “Ciudades mayas preclásicas” evolución y explicación”, y resultó especialmente novedosa porque, tal como nos comentó en entrevista, en ella fundamenta que Cuello, una comunidad al norte de Belice, es la aldea maya más antigua en el área del Petén, Belice y Yucatán, y que data del 1200 a.C.
Precisa que hay asentamientos más antiguos en la costa de Chiapas, pero no en las tierras bajas. Su evidencia natural es la tierra quemada en el proceso de cultivo del maíz.
—En la aldea de Cuello, dice, habitaron alrededor de 500 personas en el año 1000 a.C. y, a la fecha, observamos que persisten características de las estructuras urbanas de aquella época. De estas construcciones, comenta, emergen los primeros templos y palacios, construidos alrededor del 800 a.C., identificables por su extensión: 12 metros de largo, aproximadamente.
Norman Hammond maneja la teoría de que en esa comunidad maya la evolución genética del maíz, que se aprecia en el tamaño de los granos y la mazorca en sí, además de la extensión de las milpas, propició el crecimiento de los asentamientos humanos; es decir, de las ciudades mayas después del 400 a.C., fenómeno que, para el caso de la Península de Yucatán, se aprecia en Calakmul.
Tales aseveraciones expresadas en corto ante esta reportera fueron igualmente expuestas ante los investigadores de la cultura maya reunidos en Mérida para dar testimonio de sus avances académicos.
Por otra parte, en cuanto a los mayas de hoy, las ponencias tanto documentaron la literatura contemporánea como las prácticas médicas tradicionales y la oralidad. Sobre este último tema, la antropóloga Hilaria Máas Collí, de la Universidad Autónoma de Yucatán, disertó sobre La transmisión de valores a través de la tradición. “Bix u tuus xch’úupalo’ob yo’olal u púuts’ulo’ob yéetel u jyaakunaj” (“Cómo mientren las muchachas para escaparse con el amado”), exposición inscrita en la mesa: U juum t’aan ko’olelo’ob. “Clamor de voces mayas femeninas”, donde verdaderamente se hizo realidad el postulado que Alejandra García Quintanilla, otra investigadora de la Universidad Autónoma de Yucatán, que propone descolonizar los estudios mayas.
El maya muerto, sostiene, es muy taquillero (ya vimos el caso de Apocalypto de Mel Gibson, y ahora las ruinas de Chichén Itzá, convertidas en Maravilla del mundo). La pregunta es ¿qué pasa con los mayas vivos?
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