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Made in China
Tres palabras famosas
Andrés Bacigalupo / especial para unasletras.com
http://www.unasletras.com/v2/../data/480.ven.JPG
Buenos Aires, 21 de agosto de 2007. Made in China quizás sea la leyenda comercial más repetida en el mundo entero. Tan omnipresente como ignorada, los juguetes de Mattel le dieron estos días una incómoda fama.   

Encendedores o neumáticos. Juguetes o lapiceras. Teléfonos o cortinas para el baño. Sartenes o zapatos. Cubetas o lámparas. Si un día X, una persona occidental cualquiera deambula por su casa y se propone investigar dónde se fabrican la mayoría de los objetos cotidianos que usa habitualmente, la leyenda Made in China —más grande o más diminuta— no tardará en aparecer. Alguien incluso ha dicho que esas deben ser hoy las tres palabras más leídas del planeta, impresas sobre una variedad inconmensurable de soportes, materiales y productos.


Por supuesto que nadie juega al detective de aduanas en su propia casa ni recorre los escaparates comprando o dejando de comprar según parámetros geográficos o culturales. El bolsillo, las preferencias y el marketing están primero, y China lo sabe bien. De ahí que la suya sea una omnipresencia comercial silenciosa que habita en miles objetos; caros y baratos, funcionales o de lujo, de marcas famosas o ignotas.


Una pinturita
 
Ese bajo perfil de la fábrica del mundo se ha evaporado en estos días, a raíz del caso de los juguetes elaborados en China por Mattel (el mismo que fabrica las archifamosas Barbie), juguetes que tenían pintura con plomo nociva para la salud infantil. Magnificada por los medios de comunicación, una histeria con fundamentos ha invadido a progenitores de los cinco continentes quienes (ahora sí) están tentados a recorrer sus hogares en busca de las tres palabras famosas, automáticamente convertidas en tres palabras malditas si están escritas sobre el envoltorio de Barney o de Dora, la exploradora.

Hay mucha tela para cortar sobre este asunto. De un lado, se acusa al boom económico chino, el que, afiebrado por la rentabilidad, se habría olvidado de otras tres palabras muy importantes: control de calidad. Del otro lado, se sugiere que hay muchos interesados en cubrir con un manto de sospecha todo lo fabricado en tierras de Mao.


Del Tío Sam a Santa Clauss

Sea como fuere, los chinos no descansan y siguen siendo el taller del mundo. El abanico de lo que producen no reconoce ni siquiera pruritos ideológicos o religiosos. Tres ejemplos insólitos lo demuestran con claridad: China exporta banderas norteamericanas a Estados Unidos, vírgenes de Guadalupe a México y accesorios de Navidad al mundo entero. Dime en qué crees y lo fabricaré. 

En el primer caso, según supe por la nota de un diario español de hace unos años, China fue la encargada material de responder al fervor patriótico gringo desatado tras el 11-S. Sólo la fábrica Mei Li Hua de Shangai había elaborado 1 millón de banderas estadounidenses para el primer aniversario del ataque a las Torres Gemelas. En ese entonces, la delicadeza oriental del negocio consistió en borrar lo de Made in China, frase no muy oportuna tratándose de una insignia ajena.


A su vez, lo de las vírgenes de Guadalupe manufacturadas en Oriente es una realidad cada vez más frecuente en todo México. Junto a la sagrada imagen, conviven además banderas tricolor y hasta moños patrióticos. Todo chino.

         
Y chinos son también la gran mayoría de los productos navideños que todos los diciembres utiliza el mundo cristiano, de Argentina a Canadá y de España a Filipinas, para celebrar a Santa Clauss y demás. Los datos de Pekín indican que su país se ha convertido en el primer exportador mundial de motivos navideños.


Motivos y motivados 

Ahora bien, ¿qué pasa si, como (supuestamente) ocurrió con los juguetes, los (des)controles de calidad se repiten y se extienden a toda la vasta industria china de las manufacturas? Para los ejemplos que he mencionado, no habría de qué asustarse. Como mucho, las banderas yanquis no podrán izarse y quedarán a media asta, las vírgenes se moverán o romperán al menor contacto (y no será obra del milagro sino de la negligencia aunque se sabe, la fe es más atractiva) y los pinos plásticos de Navidad se desplomarán sobre los regalos mucho antes de que los niños puedan abrirlos.

El problema es que los chinos también fabrican electrodomésticos, neumáticos, estufas, automóviles y un largo etcétera. Huelga aclarar que ahí los riesgos son otros; una rueda de carro mal confeccionada es menos graciosa que una bandera con costuras mal hechas.


Y hablando justamente de banderas, ¿no podríamos sospechar que en el medio de tanto dentífrico contaminado y tanto juguete tóxico hay una cuestión sino-norteamericana de pura y llana rivalidad comercial? Dicho en otros términos: ¿China va camino a convertirse en el primer exportador mundial de motivos para preocuparse o los que se preocupan son otros y el motivo de inquietud es justamente el irrefrenable surgimiento chino? Difícil decirlo. Por ahora los juguetes no mataron a nadie.